Archivo mensual: marzo 2007

Discos Imprescindibles: Pyramid

Mucho he tardado en hablar del que considero el mejor disco de Alan Parsons Project, ese dúo formado por Alan Parsons (anteriormente productor e ingeniero de sonido de, entre otros, The Beatles y Al Stewart) y Eric Woolfson.

Alan Parsons Project tiene muchos discos notables, a citar Tales of Mystery and Imagination, Eye in the Sky, I Robot o Ammonia Avenue, todos ellos verdaderos referentes en la evolución de la música instrumental-sinfónica-electrónica, pop, rock británico de finales del siglo XX.

Pyramid es su disco más representativo por varias razones: la atmósfera constante que crea durante todo el disco, uniendo unas canciones con otras y dando una sensación épica difícilmente igualable (por momentos uno cree que está ante un disco de bandas sonoras). Para escuchar Pyramid hay que hacerlo creyéndose lo que se está escuchando. Su único problema es que quizás el paso de los años le ha pasado factura, pero teniendo en cuenta que es de 1978 no se puede sino aplaudir la evidente influencia que ha podido tener sobre el estilo de música que muestran.

El reciente declive de Alan Parsons al separarse de Eric Woolfson sólo refuerza la idea de que discos como éste son notorios en la historia de la música. Sin ser compositores de banda sonora, temas como In the Lap of Gods o The Voyager asombran por su evocación de Egipto, de la historia antigua, de nostalgía y lejanía e Hyper Gamma-Spaces recuerda el auge de la ciencia-ficción en el momento en que Pyramid fue publicado.

Grandioso disco, perfecto comienzo para descubrir la inimitable obra de Alan Parsons Project.

Escucha:

In the Lap of Gods

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No me importa / No te importa

Vas andando por la calle. Le ves, él/ella te ve. Te paras, él/ella también. Ya está. Hay que saludar. No hay marcha atrás.

A partir de aquí, yo sigo el principio de “No me importa / No te importa.” Lo noto rápidamente, la frialdad de la voz del otro/a, la frialdad de mi propia voz. Ya puedes preguntar por sus exámenes, su trabajo, su familia, su situación actual… el silencio incómodo que no tardará en llegar y que parecerá más largo de lo que en realidad será, las sonrisas cuyo nivel de hipocresía será variable, pero podría ser constante.

Diálogo típico que sigue el principio de “No me importa / No te importa”:

- ¡Ey! ¡Hola! ¿Qué haces aquí?

- ¡Ah! ¡Hola! Pues nada, que voy a salir con esta gente…

- ¡Oye! ¿Cómo te va? ¡Cuánto tiempo hacía que no nos veíamos!

- Pues bien, ¿qué estás haciendo tú?

- Estoy en cuarto de Medicina, ¿y tú?

- En tercero de Derecho. Oye, Medicina, qué difícil, ¿no?

- Sí, pero vamos, estoy contento, es lo que quiero hacer.

- Ah, pues entonces bien, ¿no?

- Sí, sí, la verdad es que… bien, sí. Oye, te dejo que tenía prisa y eso. Ya nos volveremos a encontrar, ¿no?

- Sí, ya nos veremos. A ver si un día quedamos todos, ¿no?

- Claro, venga, hasta luego, me alegro de verte.

- Sí, sí, yo también. Cuídate.

¿Con cuánta gente tenemos este tipo de diálogos? Y de estas personas, ¿con cuántas seguimos el principio de “No me importa / No te importa”? Com muchas más de las que queremos reconocer. Seguro.

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¿Cómo te sientes hoy?

Por recomendación del psicólogo, he comprado un cuaderno de tamaño medio folio, liso, al que he titulado ¿Cómo te sientes hoy?

Mi intención es escribir en él todos los días. Hoy lo que he escrito ha sido sencillo: solo y asustado.

Puede que mañana me sienta eufórico e importante, y pasado mañana infalible e incomprendido. Así son las cosas.

Podría tener un mínimo de pudor, y no contarlo aquí, pero es así como me siento hoy, y no tengo que por qué esconderlo si no quiero: solo y asustado. ¿Y tú, cómo te sientes hoy?

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4ª Sesión de Cine Cutre (Doble)

Bueno, tal y como los atletas se superan a sí mismos superando sus propias plusmarcas cuando no hay quien se le arrime, nosotros estamos haciendo lo propio con las sesiones de cine cutre.
¿Era tan mala Eragon? ¡Sí, pero nos pareció una maravilla comparado con El Extranjero, y a su vez El Sonido del Trueno! Y ahora… esas tres nos parecen obras maestras comparadas con las dos que vimos el pasado sábado: El Día de los Muertos Vivientes 2: Contagium y Zu Warriors, ya auténticos mitos del cine cutre.
En esta sesión estuvimos Kunti (como anfitrión), Artemis, Pedro Silva, Carmen creo que se llamaba, y yo. No estábamos preparados para lo que iba a venir. Aunque nos hubiéramos entrenado en la NASA psicológicamente, era imposible predecir lo que se nos venía encima.
Lamento especialmente la ausencia de Dani, que era el más entusiasmado con la idea de ver Zu Warriors, pero bueno, es difícil reunir a todo el mundo.
Vayamos por partes…

EL DíA DE LOS MUERTOS VIVIENTES 2: CONTAGIUM

¿El título lo dice todo? ¡No! Esta ¿secuela? de la famosa (antiquísima) película de George A. Romero es la cutrez llevada a su extremo. A los diez minutos ya estaba suplicando a Kunti que dejáramos de ver la película, que duraba nada menos que 95 minutos.
Esta ¿película? costó 9 millones de dólares. Y ahora es cuando me planteo lo que se pueden hacer con 9 millones de dólares. Puedo comprar acciones de Google, una planta entera del Corte Inglés, la antigua casa de Brad Pitt en Malibú, o incluso construir varios colegios en África. Porque, sí, al saber que esta película costó 9 millones, uno se plantea por qué hay niños en Sierra Leona que no tienen acceso a agua potable, mientras a esta ¿directora? llamada Ana Clavell le dan 9 millones para que los tire a la basura.
Que vale, que el Real Madrid se ha gastado 13 millones de euros en un tal Emerson, 25 en un tal Robinho, 24 en un tal Woodgate, y el Barça se gastó 20 millones en un tal Geovanni, 12 en Rochemback y 33 en Overmars cuando ya estaba más acabado que José Manuel Parada.
Pero hay que tener en cuenta que fueron 9 millones destinados al videoclub, ni siquiera pasó por el cine (menos mal…). Y yo creo que ni siquiera al videoclub, puesto que el  hombre que tuviera esto entre las existencias de su videoclub debería plantearse si no van a venir unos rumanos a partirle las piernas (esto es en clave de humor, que no se me malinterprete).
Ana Clavell no debería dormir tranquila jamás sabiendo que a ella le dan 9 millones para que los tire a la papelera, y en África se matan a tortas por un solo dólar.
Ahora expongo las impresiones sobre la película (en directo tomaba nota mientras la veía):

No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada.
Todo va de un termo que te convierte en zombie y acaba en un manicomio, sale como un prólogo en 1968 en el que se ¿intenta? ¿explicar? ¿todo?
En una escena absurda se ve un cámara reflejado en el cristal… en fin.
Los diálogos son absurdos e incoherentes todo el tiempo. No hay ninguna frase en toda la película por la cual se le aporte algo al espectador.
Algunas frases para morirse:
“Esto es como Florida”, dice un soldado al ver una masacre en una sala.
“Pero incluso al ciervo más veloz puede atropellarle un coche si cruza varias veces la carretera”, dice el típico doctor sabelotodo.
“Un error no borra otro error”.
“Una siestecita te lo curará todo”.
“Si os peleais, vamos a terminar todos negros y azules”.
Un día los locos se despiertan con piel de pegamento, y ¿empiezan? a ¿ocurrir? ¿cosas?… potan unos cuantos, otros cuantos empiezan a salirles costras, se comen su propia pota (¡dos veces!).
El prota, que parece el alto de los Morancos, también empieza a convertirse en zombie, pero claro, se supone que es el bueno, así que no haría daño a una mosca, no como los demás…
Hay un zombie en particular, con kilos de silicona, al que llamaremos “La Chistorra Asesina”, la gente parece no temerle, así que él mata a todo el mundo fácil.
La sangre (ketchup) sale siempre a borbotones, como si fuera una tubería rota.
No hay narrativa, no hay guión. Intentan hacer como si fuera una película seria, con sus flashbacks, sus soviéticos, su Guerra Fría, su filosofía darwiniana, su virus biológico, su narrador en off… su puñetera madre.
El final: los reporteros de España Directo sufren las consecuencias de querer entrevistar a zombies hambrientos.

¡Tranquilo, hermano, que sólo quiero un sigarro!

Lo que ocurre por no tomar Puleva Omega 3.

Hoy ligo fijo.

ZU WARRIORS

Dicen que China, dentro de no muchos años, dominará el mundo. Es el país de más angloparlantes, y son conscientes de que forman la cuarta parte del planeta.
Dicen que si todos los chinos saltasen a la vez, modificarían la inclinación del eje, y por tanto estaríamos a su merced. Mentira. Pero una cosa es cierta: si los chinos obligaran a ver Zu Warriors a todos los occidentales, nos idiotizarían y por tanto dominarían el mundo sin mayores complicaciones.
Y es que películas como Zu Warriors surgen después de (con perdón) una mala follá, de un ataque de almorranas y no tener el Hemoal a mano, de que tu jefe te despida porque le has pillado haciendo manitas con su secretaria… o una situación parecida.
Películas como Zu Warriors no deberían existir. Podría decir que su única virtud es que dura sólo 72 minutos, pero no es una virtud: es un defecto en sí mismo. Zu Warriors, si durase, 0 minutos sería mejor película de lo que es.
No es que no haya guión, es que el orden de las escenas parece tan… aleatorio… nos presentan unos personajes como si fueran los Power Rangers: Lobo Azul, Loba de las Nieves… en fin. Bueno, pues han de enfrentarse a Onix, una especie de calavera flotante, formada por cereales Nesquik, que es el malo malísimo de la película.
Insufrible. No pudimos terminar de verla.
Por cierto, que no hay escena en la que no salgan ventiladores, con los pelitos de los personajes moviéndose (¡uuu, qué guay!). Se ve que en Daikin estaban de oferta. El ordenador es tan omnipresente que me pregunto si los actores no están a su vez hechos con Visual 3D Studio.

¿Friki yo? Noooo. Esa es la imagen errónea que todo el mundo se hace de mí.

Niños, la Princesa Leia china tiene algo que contaros.

Mirad, hay que subir a esa montaña para pasar la siguiente prueba de Humor Amarillo.

EPÍLOGO 

La noche la terminamos viendo el España-Dinamarca, así que fue una tarde-noche cutre al 100%.

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Se cumplen 25 años de la muerte de Philip K. Dick

El 2 de marzo de 1982 murió uno de mis escritores preferidos, Philip K. Dick, cuya novela Ubik sirve de título a este blog. El diario Qué! le dedicó el pasado 20 de marzo una deliciosa página entera que al fin le hace justicia.

Reconoce, entre otras cosas, su influencia sobre las películas Blade Runner, Desafío Total, Paycheck, Matrix, Dark City, El Show de Truman… se comenta que es uno de los escritores más influyentes del siglo XX, por su literatura y su concepción de la realidad.

Aunque se les ha pasado mencionar las más que evidentes influencias sobre otras películas como Abre Los Ojos o eXistenZ, me derrito ante la idea de que Philip K. Dick es, y será recordado. Su obra me cambió la vida en mi (escasa) trayectoria como escritor.

Ver (en la página 24)

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Lost

En el escaso tiempo libre que me queda (de ahí mi reciente sequía de entradas), gracias a mi amigo Samu me estoy dedicando a ponerme al día en Prison Break y Lost, y en descubrir la serie Heroes.

Ciertamente, a la altura del capítulo 10 de la tercera temporada, es difícil expresar lo que pienso de Lost. Lo único que se hace evidente es que el guión se está enrevesando más y más. Por cada respuesta que se le da al espectador, aparecen tres o cuatro preguntas más. Los flashbacks cada vez son menos influyentes sobre el momento actual que viven los personajes (a excepción de los de Desmond), y algunos personajes, imprescindibles en temporadas anteriores, como Sayid o Locke, se hacen meramente adicionales en esta última temporada.

No puedo sentir otra cosa que escepticismo, aferrándome a una frase de Damon Lindelof (uno de los guionistas) que leí en Internet: “Aseguro que ya lo tenemos todo pensado. Todo se resolverá de forma más sencilla de lo que parece, y nada tendrá que ver con fenómenos paranormales.” Este es el momento en el que yo digo, ¿hasta qué punto las series tienen calidad argumental o quieren hacer un continuo vaivén que mantenga enganchado al espectador? Si nada se va a explicar con fenómenos paranormales, como dice Lindelof, ¿de qué forma se van a tragar millones de espectadores, un humo asesino, un oso polar, poderes de Walt, todo lo que rodea a Dharma y los Otros, un hombre estéril que deja embarazada a su mujer, un hombre que ve el futuro…? Veo Lost y empiezo a ver el mismo problema que en Prison Break o 24. Parece que el equipo de producción se ha dado cuenta de que la serie de moda está compuesta por tres componentes:

1. Entramado de personajes en una situación complicada o límite, profundizando en sus personalidades e intentando explicar su comportamiento actual o venidero mediante flashbacks.

2. Esconder a propósito elementos clave del argumento, y desvelarlos cuando convenga, unos seis o siete capítulos como mínimo después de que el espectador se haga las primeras preguntas sobre el tema. Por ejemplo, ¿a ningún espectador le da la sensación de que Jack, Sawyer y Kate podrían haber indagado muchísimo más sobre los Otros, al haber convivido con ellos?

3. Dar en cada capítulos sólo unas pinceladas de información, dando al espectador la falsa esperanza de que en el capítulo inmediatamente posterior se resolverán sus últimas preguntas.

Ante este panorama, sólo queda una convicción para no sentirse engañado. Confiar en Damon Lindelof, y pensar que realmente será un genio y terminará todo este embrollo de forma satisfactoria. Pero, ¿cuántos, de los 15 millones de espectadores sólo en USA, harán lo mismo que yo?

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El mejor relato más corto que he leído

“Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida

Antón Chejov (1860-1904)

Chejov tiene relatos muy buenos: léelos aquí

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Estar enfermo III: Huelo a enfermo

Las ganas de no hacer nada son constantes, las posibilidades de tener algún plan este fin de semana se desvanecen y todo lo que como se queda en mi garganta avisándome de que podría tener una salida de emergencia en cualquier momento. A veces me da por echarme siestas de cinco horas con sueños aún más delirantes que los que tengo por la noche, y me paso el día sin hacer nada relevante, sólo deambular por el salón, por la cocina, por mi cuarto, por el cuarto de baño. Mientras ando noto cada porción de aire que me falta, y tengo que parar e intentar respirar hondo para compensar el esfuerzo. Ayer me planteé algo muy serio: borrar del Messenger a todo aquel al que, si le dijera que estoy con bronquitis aguda y que he estado en el hospital, no le importara una mierda. Probad vosotros en vuestros contactos del Messenger. Seguro que sabríais perfectamente a quien le interesaría vuestra situación y a quién no.

Escucho música de Yann Tiersen, de Genesis, toco el piano cuando me veo con fuerzas, leo Juego de Tronos de George R. R. Martin, y los días pasan antes de que yo me dé cuenta. Me ducho todos los días, pero aún así sé que huelo a enfermo. El dolor de cabeza, los mocos taponando mi nariz y mi pecho, esa especie de agujetas en todo el cuerpo, los ardores de garganta, los sudores fríos… sin duda, huelo a enfermo.

Ayer tenía un motivo para saber que el día iba a tener su pedacito de trascendencia. El Sevilla jugaba contra el Shakhtar Donetsk de Ucrania el pase a cuartos de final de la UEFA. El Sevilla jugó bien, falló taytantas ocasiones en la primera parte, pero durante todo el partido estábamos eliminados, ya que iban 1-1 y necesitábamos ganar. En el minuto 81 marcó Elano (un gran jugador brasileño del equipo contrario), y apagué la tela. Así, de sopetón. Cuando ya estaba en mi cuarto asimilando que el Sevilla no iba a seguir en la UEFA, mis hermanos me avisaron corriendo de esto:

Un portero marcando un gol en un córner a la desesperada. La primera vez que lo veía en mi vida. No lo vi en directo, porque el Sevilla me dio una lección al no tener fe, pero por supuesto me enganché a la prórroga. El empate había llegado en el minuto 93 y daba al Sevilla créditos para seguir en la eliminatoria. Luego marcó Chevantón, ese delantero tan cuestionado por todos (incluido yo), y en cuartos. Grité “¡gol!” con todas mis fuerzas, y no debería haberlo hecho, porque me quedé literalmente sin aire, y tosí un montón de veces hasta que recuperé el aire. Gracias, Sevilla. Gracias, Maresca, porque ayer volviste a ser el de siempre. Gracias, Escudé, Poulsen, Chevantón, Alves por vuestro grandioso partido, y a todos los que jugásteis ayer. Y sobretodo, gracias a Palop, el mejor portero que ha estado en el Sevilla y (no exagero) el mejor portero que he visto en mi vida. No importa que no vayas a la selección, para mí y para muchos eres el mejor. No puedo sino ver una y otra vez tu maravilloso gol, que tanto ha significado para todo el sevillismo.

Hoy estoy mejor, pero dudo mucho que Kunti, Dani, Artemis y Pedro puedan contar con mi presencia en la próxima sesión de cine cutre si es que se celebra este sábado. Y si el lunes estoy recuperado, me espera muchísimo trabajo y estudio, ha sido una semana la que he perdido en cuanto a ir al día en la carrera, pero sin duda me está sirviendo para reflexionar y para cuestionar algunos de mis puntos de vista. Eso seguro.

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Estar enfermo II: En el hospital

Para los que leyeseis mi anterior entrada Estar enfermo, os muestro mi evolución:

Después de escribir la entrada, me encontré con Jaimixx (más bien él me encontró a mí), en plena resignación de no continuar con la dichosa memoria de Imaginática. Hablamos de cine, de la carrera, del concierto de Yann Tiersen (había que sacar el tema), de mujeres… En ese momento yo me iba encontrando peor. Era capaz de ir al banco, a unos 100 metros, y de mantener una conversación. Luego comí con mis compañeros asistentes a las sesiones de Cine Cutre (Artemis, Kunti y Pedro), y para entonces yo iba teniendo SERIAS dificultades para respirar. Cuando Artemis y yo nos fuimos a estudiar a la biblioteca, me di cuenta de que era imposible andar más de 20 metros sin que tuviera que descansar, y cuando se me antojaba harto complicado ir cada 5 minutos de la biblioteca al cuarto de baño para toser a gusto, llamé a mi padre para que me recogiera. Tenía el plan B por si mi padre fallase: coger un taxi. Así de desesperada estaba la cosa.

En mi casa estuve sólo tres cuartos de hora, hasta que mi madre se dio cuenta de que no podía respirar con mucha facilidad que digamos. Sin exagerar, yo en algunos momentos creía que me moría. Entre dolores de cabeza, espalda, vómitos, ardores en la garganta, respirar 1/4 de lo que se puede respirar normalmente, toses continuas… mi madre me dijo que me pusiera los zapatos que íbamos volando al hospital.

Y aquí es donde entra el indignante servicio de salud andaluz. 6 horas estuve allí. El proceso fue sencillo: esperar para entrar en la consulta (ni yo mismo me explicaba por qué seguía consciente con tan poco oxígeno), entrar en la consulta, salir de la consulta, ponerme dos mascarillas de oxígeno (una de ellas con Ventolín, bendito chute), sacarme sangre para una analítica, hacerme una radiografía, y volver a entrar en la consulta para que me digan los resultados de la analítica y la radiografía. 6 horas para eso. Desde las 18 hasta las 24. Hoy, unido a todas mis desavenencias, tengo un dolor de cuello terrible de estar tanto tiempo sentado en los incómodos asientos de la sala de espera.

Primera y última vez que voy a urgencias en el Hospital Universitario Virgen Macarena. El nombre “urgencias” es cuanto menos irónico. Si yo me hubiera puesto peor, no habría habido nadie para atenderme personal y ágilmente. De hecho, hubo un señor que estaba en una camilla, al que le salió sangre y cayó al suelo, y allí no había nadie para limpiarla. Mi madre, que estuvo conmigo aquellas 6 largas horas, y yo, vinimos absolutamente indignados. Yo ya estaba mucho mejor. Es lo que tiene estar respirando unas 2 horas con una mascarilla de oxígeno. Cuando nos recogió mi padre, a eso de las 00.15 horas, por mi mente sólo pasaba una cosa: cuando trabaje, hacerme socio de Adeslas, Sanitas, Caser Salud y no aguantar todo esto por si ocurriera alguna calamidad parecida.

Consecuencias directas sobre el día de hoy: tengo una coctelera dentro, una farmacia compuesta por unos 5 o 6 antibióticos, dolor de cuello insoportable (he tenido que ir escribiendo esta entrada poquito a poco), y esta noche ha sido una de las peores de mi vida. Aquí estoy, como yo temía, perdiendo descaradamente el día, donde lo más productivo que he hecho ha sido ver el programa “La aventura del Saber”, de la 2, en el que han explicado cosas que ya sabía.

Pero soy consciente de algo que es una verdad como un puño: estos parones siempre vienen bien. La semana que viene quizás tenga que justificar ausencias de prácticas, ponerme al día con asignaturas, y tal, y cual. Pero ahora me doy cuenta de que estos periodos tan molestos, fomentan el poner en orden muchas cosas y valorar cosas que obviamos. Hoy ya me han venido mensajes y llamadas del mundo exterior que me reclama (cómo deseaba decir eso), pero hoy por hoy estoy desconectado de todo, limitándome a convivir con mi bronquitis aguda y a estar con mi madre, que se la ve contenta de contar hoy con mi presencia en casa.

Por mi parte, poco más, muchas toses, muchos mocos y muchas arcadas.

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Estar enfermo

Todos los años lo mismo, de forma totalmente sincronizada:

Cuando creo que voy a pasar el invierno entero impune sin ningún periodo importante de enfermedad, llega mediados o finales de marzo y, en contra de mi voluntad, quedo deshabilitado para varios días. La razón es clara: 38 grados de fiebre, dolores de cabeza, continuas ganas de vomitar, toses constantes, pecho cargado, dolores de barriga y desgana general. Vamos, hecho una mierda.

Estar enfermo siempre es sorprendente, porque de repente no te imaginas jugando un partido de fútbol, o simplemente concentrándote en algo importante. Parece como si se te olvidara que de verdad eres capaz (o has sido capaz) de dar la talla físicamente, sin que el dolor de cabeza y el malestar te nublen cualquier intento de hacer algo provechoso durante el día.

Pasas una noche casi en vela, con sueños delirantes que en la mayoría de las ocasiones son un bodrio infumable, te levantas por la mañana y sabes que no estás pa ná. El abanico de posibilidades se reduce a dos: o te quedas en casa y te resignas a que vas a perder el día en todos los sentidos; o intentas hacer vida normal, poniendo en peligro tu dignidad y amor propio.

Hoy yo he optado por lo segundo. Estoy en el aula de ordenadores de mi facultad, intentando terminar la maldita memoria de Imaginática, de 5000 palabras, entre dolores en la sien, arcadas, se me cierran los ojos sin yo controlarlo, toses que desprenden un misterioso plasma de color amarillo, y totalmente consciente de que no voy a rendir lo que yo querría. De todas formas, se me antoja imposible una visión de mí cuando me da por hacer footing en mi barrio, o cuando me pongo a estudiar como un jabato y repaso un tema enterito en media tarde.

A las 15.30 tendré que ir a clase de una asignatura bastante atractiva llamada Geometría Computacional (para algo es optativa). En este momento, pensar en que aguantaré las dos horas ahí dentro, manteniendo el tipo, es una auténtica proeza. Podría estar en este momento en la cama, tumbado, sin hacer absolutamente nada excepto escuchar M80 Radio (una y otra vez las mismas canciones).

Y, por cierto, eso de que estar enfermo deprime es una de las mayores verdades que he conocido. Si ya de por sí me cuesta encontrarle sentido a las cosas, cuando andar 20 metros me parece una odisea, todo pierde su interés.

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3ª Sesión de Cine Cutre

Nuestro amigo Pedro Silva nos recomendó (¡por correo electrónico!) en esta sesión debíamos ver El Sonido del Trueno, de Peter Hyams. A esta sesión asistimos Pedro, Dani, Luis Onieva, Alejandro y yo.

Un reparto interesante (Edward Burns, Catherine McCormack y Ben Kingsley), una película basada en un relato de Ray Bradbury sobre viajes en el tiempo, y dirigida por el solvente director Peter Hyams. La pregunta es: ¿qué ha pasado aquí, para que esta película esté incluida entre las peores películas que un servidor haya visto?

Por lo visto, de los 52 millones de presupuesto con los que contaba esta película (sí, habeis leído bien, 52 millones), muchos de ellos se esfumaron en un incendio que destruyó gran parte de los decorados y tal y cual. ¿Justifica eso las horribles actuaciones, la cutrez por antonomasia, los diálogos de parvulario y las lagunas argumentales que tienden a infinito? La respuesta es: ¡NO!

Como he leído en muchos blogs, esta película debería haberse llamado El Sonido del Truño. Si os digo que en Imdb tiene un 3,9/10 y lo considero generoso, sabreis por dónde voy.

Vayamos al “argumento”: En el 2055, se inventó una tecnología capaz de cambiar el mundo… o destruirlo. Un hombre llamado Charles Hutton la utilizó para ganar dinero.

Todo esto, entendedme, en un cartelito inicial con letra Lucida Console del Microsoft Word de color azul. Horrible desde el primer momento.

Y de repente, wallpapers de Windows XP en los que sale una selva, por detrás decorados que parecen salidos de un teatro de fin de curso de colegio privado, unos tíos con casco con unas pistolas láser del bazar del moro de la esquina, y tatatacháaaan, aparece un dinosaurio hecho con un programita de ordenador de los que se pueden comprar en El Corte Inglés. Lo matan fácil, y luego nos damos cuenta de que era una grabación de unos cuantos viajando hasta hace 65 millones de años.

El creador de esta tecnología no es otro que el mencionado Charles Hatton, interpretado por Ben Kingsley, a todas luces insoportable, en un horrible a caballo entre Leslie Nielsen y Luis del Olmo. Vean, vean.

Su registro de muecas, movimientos con los brazos que parecen reveses de Roger Federer, y risas que dan auténtica vergüenza ajena me hacen perder todo respeto ante un actor que, no lo olvidemos, ganó un Oscar y ha estado nominado a otros tres.

Pero voy a seguir contando la película. Luego se ve al doctor Travis Ryer (Edward Burns) hablando con un ordenador (que habla como una operadora de Orange), y le visita un tío que aún no tengo ni idea de quién es. Travis Ryer le dice: “Se supone que deberías beber cuando trabajas. Eres inspector del gobierno.” Primera vez que me acuerdo de la familia del guionista, y no será ni mucho menos la última.

Acto seguido, Kingsley/Del Olmo dice, en una reunión de la empresa: “Es difícil encontrar buenos camareros”, lo que provoca la risa incontenida de los acompañantes, la risa floja, vaya. Yo miré por primera vez al reloj. Craso error. Aún no llevábamos ni veinte minutos de película.

A todo esto que no me voy enterando de nada. Luego sale la típica científica (McCormack) que no está de acuerdo con que la empresa haga viajes al pasado, conoce a Travis Ryer y NO PARA DE HABLAR la jodía, apenas respira cuando habla y mientras van paseando por una pantalla verde, de esas en las que se mueven los que dan el tiempo. Por supuesto, nos tenemos que creer que los coches hechos con Pentium son de verdad. Unos coches, por cierto, feísimos y sacados de los diseños más infantiles de Lego. Le dice lo típico, algo así como: “Tened cuidadito, que lo que hagais en el pasado puede repercutir en el futuro.” Qué sabiduría, oye. A ver si la llamo para que dé clases particulares de Arquitectura de Computadores.

Después de hablar un rato con la tía, que insisto, no para de hablar, llega a su casa y se tira a una compañera de trabajo que no vuelve a aparecer en toda la película. Para seducirla, le dice cosas como: “Siempre me cayó bien mi tía Marta”, como si fuera un chiste. A todo esto, que vuelven a aparecer los coches hechos por ordenador, que por cierto conducen sorteando a los peatones, salen los mismos cinco o seis siempre… en fin, para qué me voy a esmerar. Hay que verlo para comprenderlo.

Total, que en uno de estos viajes uno de los turistas mete la pata y sale del “camino”. El “camino” es una alfombrita dorada por la que van andando al viajar en el tiempo. ¿De dónde sale esa alfombrita? No, no, no. En esta película NO SE PUEDEN HACER PREGUNTAS, porque es peor. Igual que cuando viajan en el tiempo, están con barras de seguridad (tipo atracción de Port Aventura), y luego salen tan campantes andando por la selva. Es mejor NO HACERSE PREGUNTAS, ¿queda claro?

Por supuesto, la ciudad futurista está íntegramente hecha por ordenador, tanto que cuando Travis Ryer habla con otra compañera de trabajo (tiene un harén el tío), están literalmente andando por una cinta transportadora, moviéndose a los lados y punto. Tan increíble como cierto.

Seguidamente me entero de que las pistolitas láser se llaman rifles de Gauss (si Gauss levantara la cabeza…), y luego va el típico negro rapero y nombra el principio de incertidumbre de Heisenberg, mal aplicado por cierto. Este negro forma parte del equipo al que se une la científica loca más tarde, y llega a decir: “No soy tan capullo. Es que me gusta hablar.”

Dos pistolitas láser a precio de una. Me las quitan de las manos, payo.

En el viaje en el que la cagan, se supone que uno de los turistas, al salirse del “camino”, pisa una mariposa y eso repercute en el futuro, justo en el año en el que están los protagonistas, el 2055. Es decir, que en 65 millones de años, da la puñetera casualidad de que es en ese año cuando empieza a cambiar todo. ¿Por qué? He dicho que nada de preguntas. Y lo peor es que todo va cambiando a bocaos, por oleadas… primero se va la luz, luego hay grietas por todas partes, y el sistema de emergencia del gobierno de los USA no aparece por ninguna parte. ¿Y cómo cambia por oleadas? Con ondas temporales, como una especie de Hiroshima pero sin ser bomba atómica. Así de cutre, así de triste.

Mientras todo esto ocurre al puro estilo Jumanji (principal e indudable influencia de este engendro), se van sucediendo frases como las siguientes:

· Es como el veranillo de San Martín.

· La planta tenía ganas de salir.

· Viene una onda temporal. Sujétense.

· Claro, eso es por el Efecto Tirachinas.

· Yo me vuelvo a mi casa.

· ¿Sabes lo que dicen sobre caerse de un caballo? ¿Que cojas un taxi?

· La historia no es una lucha de clases, sino de visiones.

· Así aprenderás a no huir mientras te esté hablando.

· ¡Hágalo! ¿El qué? Restablecer el orden. Lo haremos.

Bueno, pues el mundo cambia progresivamente, y aparece este bicho:

Sí, mitad babuino mitad salamandra. Y además, ¡se comportan como velociraptores!

Luego aparecen también pterodáctilos, y los protagonistas, con la ciudad vacía y totalmente destruida, deambulan de aquí para allá. “Ahora vamos a nosedónde”. Y así todo el tiempo. Van muriendo secundarios a manos de los bichos de antes, y al final sólo quedan Travis Ryer y la científica loca. Por lo visto lo que Ryer quiere hacer es viajar al pasado, al viaje donde la cagan, y evitar que el turista pise la mariposa.

Me encanta particularmente un momento en el que uno de los secundarios rompe el cristal de un coche, lo puentea, y dice: “¿Cómo creeis que pagué la facultad de Medicina?” Ah, claro, rompiendo cristales de los coches a codazos. Y luego a sacar sobresalientes, chaval. Hay un momento en el que, cuando Travis Ryer viaja al pasado para arreglarlo todo, la científica loca se convierte en ¿¿qué?? ¿qué es eso? ¿Una especie de reptil inteligente? A estas alturas mi indignación era absolutamente completa.

Bueno, tras numerosísimos sinsentidos, diálogos horribles (llegan a nombrar al Mediamarkt en una conversación absurda), situaciones de vergüenza ajena, bichos hechos por ordenador (y se nota TELA que están hechos por ordenador), al final todo queda en un susto. Travis Ryer evita que el turista pise la mariposa, y se carga literalmente las hipótesis expuestas en películas como Regreso al Futuro o El Efecto Mariposa. Si viajas al pasado, en el mismo minuto varias veces, no tienes por qué ir encontrándote contigo mismo, sólo en la escena final, para que el guión concuerde un poquito. Lamentable.

No estamos hablando de que en El Sonido del Truño haya lagunas argumentales, es que hay un mar entero. El número de preguntas que uno puede hacerse es exponencial, sin contar con que TimeCop, aquella jauría de Van Damme viajando por el tiempo, creedme que queda en muy buen lugar comparado con este esperpento.

Si bien en Eragon o El Extranjero no paré de reír, en esta no pude parar de resoplar, mantener los ojos bien abiertos, y quedárseme a perpetuidad una cara mitad asombro mitad mala leche. Pedro, es mucho peor de lo que yo pensaba. Esto de las sesiones de Cine Cutre comienza a ser peligroso.

Y Ben Kingsley se merece no volver a aparecer en una película. No es que se cargue la película, porque absolutamente nadie del reparto actúa medio bien, pero es que él se encarga de que esto sea para mear y no echar gota.

Edward Burns promocionando el nuevo Halo 3 para XBOX (nótese la moqueta azul de IKEA por la que van andando)

PD: Mis condolencias para Ray Bradbury, que a sus 87 años, maldita la hora en que cedió los derechos de su relato para hacer esta caca con patatas.

PD2: He obviado muchísimos detalles, para que el post no se haga demasiado largo. Pero mientras veía la película, apunté 8 carillas de post-it con cosas que merecía la pena resaltar.

Imágenes de ugo.com

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Tan fácil como dejar de comer

– 12 de junio de 1985. Asesinan con disparos de metralleta al Coronel del Ejército Vicente Romero y a su chófer, Juan García Jiménez, cuando se encontraban en su coche oficial. Dejaron una bomba-trampa en el vehículo con el que huyeron, fruto de la explosión muere el policía-Tedax Esteban del Amo.

– 29 de julio de 1985. Es asesinado en Madrid el Vicealmirante del Ejército Fausto Escrigas Estrada.

– 9 de septiembre de 1985. Colocan un coche-bomba al paso de un furgón de la Guardia Civil en la plaza de la República Argentina. Los guardias civiles resultan heridas de distinta gravedad. Fallece, por la onda expansiva de la bomba, el ciudadano norteamericano Eugene Kent Brown.

– 25 de abril de 1986. Explosionan una bomba al paso de un furgón de la Guardia Civil en el cruce de la madrileña calle de Jorge Juan con Príncipe de Vergara. Mueren los guardias Juan Carlos González, Vicente Javier Domínguez, Juan José Catón Vázquez, Juan Mateos Pulido y Alberto Alonso Gómez.

– 17 de junio de 1986. Asesinan a tiros al Comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas, al teniente coronel Carlos Vesteiro Pérez y al soldado Francisco Casillas Martín en el interior de un coche oficial.

– 14 de junio de 1986. Un coche-bomba estalla al paso de un autobús de la Guardia Civil en la plaza de la República Dominicana de Madrid. Mueren los guardias civiles Jesús María Freixes, Santiago Iglesias Rodino, Carmelo B. Álamo, Miguel A. Cornejo Ros, José Calvo Gutiérrez, Andrés José Fernández Pertierra, Antonio Lancharro Reyes, José Joaquín García Ruíz, Jesús Gimeno Gimeno, Juan Ignacio Calvo Guerrero, Javier Esteban y Ángel de la Higuera López.

Fuente: Libertad Digital

Es responsable de 25 asesinatos, de los cuales ha declarado no arrepentirse, habiendo mostrado repetidamente su satisfacción por diversos asesinatos cometidos por ETA mientras estaba en prisión. Tras su detención a finales de los años ochenta, fue condenado a casi 3.000 años de prisión, de los que cumplió poco más de 18.

Fuente: Wikipedia

ZP dixit:

No es nuestro miedo o la debilidad lo que le ha salvado, sino nuestro valor y responsabilidad de luchar por lo que creemos, que es el valor supremo de la vida

Fuente: El País

Efectivamente, estamos hablando del asesino etarra José Ignacio de Juana Chaos, ese “héroe” que pide la paz según el Times británico.

Este hombre tiene la prisión atenuada. Lo que viene a ser casi lo mismo que libre, vivito y coleando. Tan fácil como dejar de comer. Ese era un plan que no estaba en la cabeza de Michael Scofield.

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