Archivo mensual: junio 2007

No tengo tiempo

Podría justificar mi escasa frecuencia de publicación de entradas de mil maneras: que estoy liado porque tengo un examen mañana, porque empiezo a trabajar este sábado, porque estoy dedicando el tiempo que no estudio a escribir artículos… incluso podría decir que no se me ocurre nada que escribir. Pero hay una excusa que jamás me gustaría transmitir. La que nos sirve para todo y a la vez para nada: NO TENGO TIEMPO.

NO TENGO TIEMPO nos sirve, por ejemplo, para cuando te encuentras con alguien al que hace tiempo que no ves, y cuando te dice quedar para tomar un café, tú optas por recurrir al clásico para evitar tener que quedar con él.

NO TENGO TIEMPO sirve, en gran medida, para cuando tus amigos tienen un plan para salir que no te termina de gustar, y puedes usarlo para no tener que ir.

NO TENGO TIEMPO también puede usarse para decírselo a una chica, para causar buena impresión ante ella.

Sobretodo, lo más atractivo del NO TENGO TIEMPO es la aparente reputación que causa al que lo dice. En la sociedad de hoy, parece que decir NO TENGO TIEMPO da un cierto caché, de forma que es muy usual ver a personas que se jactan de decirlo.

La única persona que me dice NO TENGO TIEMPO, y realmente le creo, porque lo veo con mis propios ojos, es mi padre. Mi padre atiende una familia de 5 hijos, tiene 2 trabajos, y su tiempo libre, mayoritariamente dedicado a las necesidades de su mujer e hijos, es muy escaso. Además, llega tan cansado que lo único en lo que dedica su tiempo libre es en ver capítulos de House, Perdidos y 24. De mi padre sí me creo lo de NO TENGO TIEMPO.

De todos los demás, cuando me lo dicen, siento que me están engañando de la más vil de las maneras. En la facultad, hay algunos que parecen haberse dado cuenta de lo bien que queda decir NO TENGO TIEMPO, y por ello recurren a él constantemente. “Vente a jugar a las cartas después de comer” NO TENGO TIEMPO “Vamos a quedar este viernes” NO TENGO TIEMPO “A ver si nos vemos (dicho desde una perspectiva sincera y no protocolaria)” NO TENGO TIEMPO

Yo antes también era así. Estaba siempre tan pendiente de estudiar, que utilizaba el NO TENGO TIEMPO de forma frecuente y no me daba cuenta de la verdadera realidad. En este sentido tengo que agradecer a mi amigo Jaime que un día me hiciera perder la tarde entera y me abriera los ojos. El cambio vino un día, en el campus, que andaba yo tirado en el césped, después de comer, y le dije a mi amigo Artemis:

Mañana tengo un examen, y aquí estoy, tan tranquilo. Echado en el césped, sin prisa ninguna. Yo, que me he matriculado de dieciseis asignaturas este año, y que sólo puedo estudiar aquí porque en mi casa me es imposible estudiar, puedo echarme en el césped durante un buen rato. Me lo puedo permitir. Y estoy aprobando. Así que ahora puede venirme cualquier persona a decirme que no tiene tiempo y me reiré en su cara.

Nunca digo NO TENGO TIEMPO, si acaso digo “Estoy agobiado” o “Estoy pensando en otras cosas”. En mi caso, en que tengo que trabajar este sábado, en el examen de mañana, en los artículos… Pero decir NO TENGO TIEMPO sería engañarme a mí mismo, y lo que es peor, a los que me rodean.

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Buenas personas

Dentro de 50 años, será casi imposible encontrar buenas personas, gente que valga la pena. Hoy en día ya es difícil. Todo es tan… artificial. Mira papá y mamá, en los 80, que eran tan libres, y quedaban en pandilla sólo para hablar y reírse y no tenían que rendir cuentas a nadie. Cada vez somos peores personas, cada vez nos fijamos más en tonterías, en la ropa, en lo que dirá la gente si no eres exactamente como ellos. No puedes decir qué es lo que te gusta hacer de verdad, ni cómo piensas. Dentro de 50 años, no sé lo que pasará, pero a nuestros hijos y a nuestros nietos les será imposible buscar a un chico o una chica que merezca la pena.

No es de una película, ni de un libro, ni es algo que haya leído en Internet, ni es parte de alguna cita célebre de un famoso. Lo dijo mi hermano tras una larga y memorable conversación. Una chica me explicó una vez, que Voltaire dijo que su principal prioridad era educar a los niños para que se convirtiesen en buenas personas. Que siendo buenas personas todo lo demás era secundario. Y eso lo dijo Voltaire hace 250 años.

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Insomnio

Dicen por aquí que el insomnio es una enfermedad del sueño. Una enfermedad. Si es así, yo hace mucho tiempo que estoy enfermo.

Según la Wikipedia, el insomnio se puede manifestar de tres maneras:

a. Dificultad para conciliar el sueño al acostarse.
b. Despertarse frecuentemente por la noche.
c. Despertarse muy temprano por la mañana.

Yo cumplo no una, sino las tres. Y no me sirven de nada ciertos consejos estándar que se pueden encontrar por Internet, la llamada “higiene del sueño”. Desde que tengo uso de razón, he sufrido esto llamado insomnio, que no es más que dar vueltas y vueltas a la almohada y mirar el reloj a cada rato. Las horas que un insomne ve a través del reloj no son nada alentadoras: 1.30-2.15-2.40-3.20-3.40… y así sucesivamente. Cuando llegan las 4 de la mañana, el insomne se plantea empalmar con la mañana siguiente, haciendo caso omiso al intenso dolor de cabeza, poca fluidez mental y picor en los ojos característicos.

Los que tenemos insomnio vamos vagando en la noche por los más diversos motivos: estrés en el trabajo, exámenes, una chica (sin la existencia de la cual dormiríamos perfectamente), problemas sociales bien con los familiares o con los amigos/compañeros, crisis de identidad y/o existencial, preocupación intensa por el día de mañana (no por el día de mañana en general, sino por mañana, martes), algún error o tragedia ocurrida en el día presente, un pensamiento que nos obsesiona y que no queremos dejar, preocupación por el paso del tiempo, insatisfación por no haber hecho todo lo que nos habíamos propuesto hacer durante el día…

Yo sé por qué tengo insomnio. Porque tengo miedo. Por muy bien que me encuentre cada día, por la noche la almohada siempre quiere que rinda cuentas. La almohada es mi juez personal, implacable y despiadada. Mi almohada es la que me hace analizar si estoy haciendo lo que quiero, si realmente domino a las circunstancias y no ellas a mí. Tengo miedo de dormirme y que la almohada me haya vencido. Cuando la almohada se pone pesada, de nada sirve coger un libro o ponerse el MP3 y esperar. La almohada quiere acabar contigo moralmente.

Lógicamente la consecuencia directa es el miedo a quedarse dormido. Porque quedarse dormido implica soñar. Y yo soy de los que me acuerdo casi siempre de lo que sueño. Y si la almohada ha hecho su trabajo, cuando me despierte a la mañana siguiente, pueden ocurrir dos cosas: o bien he soñado una pesadilla, o bien he soñado algo maravilloso. En ambos casos podría despertarme ya destrozado anímicamente. Porque si he soñado una pesadilla, sé que algo no marcha correctamente, de lo contrario habría soñado algo placentero. Pero si sueño con que estoy en Singapur o que paseo tranquilamente con la diosa de mi barrio, me planteo inmediatamente si merece la pena estar despierto.

Da igual lo bien que me sienta. Cuando cada noche, la almohada va a por mí, suelo tener miedo a enfrentarme a ella. Porque sabe cómo atacarme, sabe de qué forma he de pensar para que de repente, no todo sea tan bonito como hace varias horas. Por eso sufro insomnio.

 

Como el Inspector Dormer (Al Pacino) en Insomnio, esa gran película de Christopher Nolan, no soy capaz de dormir porque me siento culpable de que se haya acabado el día y la almohada me rinda cuentas. Al menos Dormer sabe por qué se siente culpable.

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Llega el verano

Se acerca el verano. Para muchos es sinónimo de playa, de calor, de vacaciones, de no pisar el colegio/instituto/facultad/oficina (etcétera), de ver más a los amigos y a algunos familiares, de organizar viajes, de echarse siestas memorables bajo el aire acondicionado, de piscina, de montar ese puzzle de 3000 piezas que semihabita en la estantería, y un sinfín de cosas más.

Pero hay algo, que año tras año olvidamos. El aburrimiento. El intenso, angustioso y casi intolerable aburrimiento que nos invade durante el verano.

Cada mañana, cuando me levanto, y cada noche, justo antes de dormirme, me da por pensar en la maravillosa suerte que tengo. En lo afortunado que me siento al ver el verano no como un periodo de aburrimiento, sino como una auténtica liberación.

Sonrío al pensar en este verano.

Es más, no me imagino aburriéndome en ningún momento. Cuando no esté haciendo nada, será porque yo mismo habré elegido no hacer nada.

¿Cuántas personas conocemos que se pasarán el verano tirados en el sofá? Muchas. Muchísimas.

Yo soy incapaz de eso. Yo mismo no me lo perdonaría. Hace un momento me comentaba El Señor J sobre el verano que nos espera. No es el único.

Hay verdadero terror entre muchas personas que conozco a no tener ni idea de qué hacer después de que se acabe esta época en la que hay que trabajar o estudiar concienzudamente. Yo ya voy perfilando el verano que me espera. Como de costumbre, tendré exámenes en septiembre, pero he decidido con claridad meridiana que esos exámenes no serán omnipresentes, y dudo que empiece a pensar en ellos hasta finales de agosto. Para emanciparme, es prácticamente seguro que trabajaré en julio, en un hotel en la costa.

¿Y el resto del tiempo, qué vas a hacer? me preguntaría alguien si de verdad le importara lo más mínimo. Bien es sabido que dar paseos por Sevilla en verano es como intentar tocarle las narices a Chuck Norris. Por lo tanto, básicamente todo se reduce a quedarte en casa por el día y salir con tus amigos por la noche. Así hasta que llega septiembre, y vuelves a tu rutina, que por muy odiada que sea, en el fondo la echabas de menos, y negar esa verdad tan irrefutable es de cobardes.

En fin, que sólo pensar en el verano me transmite una serie de actividades que sin duda ardo en deseos de hacer en cuanto acabe los exámenes.

Para empezar, retomar mis escritos. Mis novelas Sentido Común e Integridad reposan en un cajón de mi cuarto, esperando con una paciencia infinita. Sólo con eso ya tengo para días y días para matar el tiempo haciendo lo que me gusta.

Para despejarme, será tan fácil como coger la guitarra (las dos, la eléctrica y la española) y el teclado, y ponerme a grabar esas decenas de canciones que apenas han salido de mi mente, y nada me gustaría más que publicarlas en Internet y que cuatro gatos las oigan y me den palmaditas en la espalda. En realidad, con oirlas sólo yo y regocijarme de mi esfuerzo mientras las escucho en mi MP3, ya es más que suficiente.

Leer no es una tan afición tan rentable como dicen. En verano de 2002 empecé a leer de forma compulsiva, y puedo asegurar que no se emplean tantas horas en leer un libro. Un libro de unas 250 páginas (cualquier novelita de edición de bolsillo) va sobrado con una lectura intensa de unas seis a ocho horas, y si la intención es dedicar un mísero día de julio a ello, el día habrá acabado con el libro leído, y un motivo más para aburrirse.

Luego está una afición que hemos ido cultivando la generación del Emule, BitTorrent, YouTube y web 2.0 en general: la descarga de series. Por mi parte me esperan Lost, Prison Break, Heroes, House y 24. Estamos hablando de horas y horas. Y por supuesto, el único programa de televisión (junto con Buenafuente) que me parece tolerable en estos últimos tres o cuatro años: Sé lo que hicísteis. Sólo con ver el arsenal de vídeos que hay en YouTube quedo abrumado por conocer la cantidad de tardes que echaré riéndome a carcajadas con un programa de calidad. Eso, sin contar con el buen cine que me queda por ver, sin contar con que aquí podré escuchar cualquier emisión de El Pelotazo, grandísimo programa de radio que me hace reír sin parar.

¿No es verdad, ángel de amor, que por cada programa tuyo que veo, más me enamoro?

También está el Sevilla FC. En agosto puede ocurrir que tenga hasta 6 partidos oficiales ese mes, contando Champions, Supercopas y liga.

Otra afición que tengo y que sólo puedo hacer en verano es tumbarme al aire libre de madrugada a contemplar las estrellas. Comentarlo puede parecer aburrido, pero me basta con aconsejar a todo el mundo que lo haga, y que luego me explique qué tal la experiencia.

Y tantos amigos a los que ver, y tantos familiares a los que sólo podré ver de forma continuada en verano…

Comprendo a los que les tiene aterrorizado el panorama de aburrimiento veraniego, pero tengo la increíble suerte de no compartirlo.

Y por supuesto, está este blog, que esté donde esté este verano, me servirá de alimento expresivo diario.

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Diario de Pensamiento

En la novela Ulises, de James Joyce, así como en otras muchas novelas, se da la escritura automática, que consiste en escribir lo primero que pase por la mente, casi sin censura. En otras ocasiones se escribe en forma de monólogo interior, simulando la forma de pensar de un personaje. Eso es algo que también he utilizado en mi novela Integridad (terminada pero aún no publicada).

Este es mi propio diario de pensamiento, en el día de hoy, desde las 10.30 hasta las 18.15.

¿Dónde estoy? Ah, sí, domingo. Tengo que estudiar. Asco de almohada. Qué calor hace. No hay ruido. Increíble. Y el Sevilla tiró ayer la liga. Tengo que estudiar. Venga, levántate. Quitate las legañas que son un estorbo. Me he despertado yo solo. No ha habido ruido. Las 11. Es tardecillo. No salí ayer. Las 11. Tengo que estudiar antes de que sea la hora de comer. Teoría de Grafos. Exámenes resueltos. ¿Cuándo se desayuna aquí? Vamos, Luisfer, quítate las legañas y desayuna.
Eso de tener que ordenar cada mañana el cuarto me mata.

Qué bueno estoy, incluso despeinado y con cara de dormido. 65,5 kilos, ¿qué me ha pasado? El agua apenas está fría, es lo que tiene el verano. No pasa nada si no estudias hoy… mañana te encierras en la biblioteca. No, ponte a estudiar en cuanto desayunes, y te lo quitas de encima. Venga, vamos a espabilar.

¿Por qué el agua apaga el fuego? ¡Siempre me lo he preguntado! Tengo que enterarme un día.
Lo importante es seguir haciéndote preguntas. Mientras te las hagas, no hay ningún problema. Mañana tengo que ir a la empresa de trabajo temporal. Me da un poco de miedo, la verdad. Diré: “Preferiría que fuera en Sevilla, aunque estoy abierto a la posibilidad de cualquier parte en Andalucía”. Sí, eso estará bien.
¿Soy una persona interesante? Lo soy, no te quepa ninguna duda.

Me encantaría viajar a Tokio, aunque sea por un día, o dos días. Todo tiene que ser tan diferente allí… Dios mío, no podría morirme sin viajar a Tokio.

Ojalá me dieran ya la nota de LFA. Si aprobase, podría estar contentísimo de que ya he aprobado 9 este año. ¿Por qué no la dan ya? No quiero ni pensar que después de toda esta espera no hubiese aprobado.

Hoy voy a tener algo de más tiempo. Tengo que escribir algún artículo. Octavio me lo agradecerá.

El último disco de Travis. Me han dicho que está bien. ¿Closer se llamaba? Ah, estupendo. Me lo bajaré luego.

Se me quitan las ganas de todo. Qué ruido hay siempre en esta casa. Así no voy a poder estudiar en todo el día.

Odio la mortadela con aceitunas. Ojalá mamá no la ponga nunca en casa. Mañana tengo que ir a la oficina de trabajo temporal.

¿Qué tengo que hacer para estar orgulloso de este día? Para que cuando me acueste, me duerma con una sonrisa. Estudiar. Y sentirme satisfecho. Hoy no es día para otra cosa. ¿Digo que soy familiar de Robles, o no me conviene? Nada, no se puede estudiar. Mañana estudiaré. Me levanto temprano, voy a la oficina de trabajo temporal, y luego a la facultad. Tengo que ir.

Me llevaría horas comiendo arroz tres delicias. Apenas me interesa lo que hablan. Sólo quiero comer rápido y ponerme con mis cosas.

Me gusta la frase: “Voy a por una bronca”. Me parece muy ingeniosa, y muy realista. Lo peor del mundo es cuando se me ocurre en el autobús una melodía increíble, y llego a casa y se me olvida. Mañana tengo que ir a la oficina de trabajo temporal. No te preocupes, ya estudiarás mañana. Hasta las 21 no vuelvas. Te pones con los exámenes resueltos.

Qué crack Philip Glass. Qué calor. ¿Voy a la piscina? Se lo voy a decir a Mario. A lo mejor ha ido con la novia. No sé, ahora preguntaré. Voy a ir a la piscina de todas formas. Me llevaré La Mano Izquierda de la Oscuridad, que hace tiempo que no lo leo. Qué calor hace aquí dentro. No te preocupes, mañana estudias. Confía en ti mismo. Te vas a la facultad de Física, con el aire acondicionado, y las horas se pasan volando. Vas a aprobar ese examen. Mañana tengo que ir a la oficina de trabajo temporal. ¿Será muy dura la experiencia de trabajar en un hotel? Da igual. Lo que sea. En septiembre me voy. Ya está todo hablado. El coche. Es verdad. Tengo que arreglar el coche. Qué coraje. Todo tiene su proceso. En septiembre me voy, y voy a estar mucho mejor. Sobretodo el ruido. La tranquilidad.

Mañana iré sobre las 9. Hará calor. Me llevaré una camisa y me quitaré los dos primeros botones. Me compraré una lata de coca-cola y aguantaré el tipo. Qué calor. El coche. A ver si se levanta papá y me ayuda. Estaría bien hacer un recopilatorio con las canciones que más me gustan de Madonna. Álvaro Pombo es el mejor. Su novela es un peñazo, pero me encanta la frescura con la que habla. Teoría de Grafos. Tengo que estudiar. Mañana nada de tomar un café. Tengo que estudiar con intensidad, como en los viejos tiempos. Y aprobar diez u once este curso. Eso sería insuperable. El trabajo de Teoría de Grafos. Vagos. Ni siquiera me han llamado para ver cuándo quedamos. Peor para ellos.

Idiota. Qué forma de engañarse a sí mismo. Que haga lo que quiera, pero que no hable mal de mí a espaldas. Que no me implique. Payaso. Infeliz.

Con una chica así tendría miedo. De que otros la miraran, de que ella pudiera elegir entre seguir conmigo o entre cualquiera de los cincuenta o sesenta que la miran con deseo cada día. Y lo sabe. Y lo sabría. Y yo tendría miedo. Tendría que sacar lo mejor de mí mismo todo el tiempo. Todo el tiempo. Hacerla reír sin parar. Qué linda montada en la bici, y paseando sin complicaciones. La felicidad, seguramente, es esto. Y con Yann Tiersen de fondo, con su impresionante Dejà Loin, más. La vida.

No he merendado. ¿He de hacerlo? No tengo ganas de salir del cuarto. Mi cuarto está desordenadamente ordenado. El reloj. La porquería de las uñas. Voy a por papá, y luego a la piscina. El ruido. Insoportable. El futuro será mejor.

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Frase 10.06.07

“Uno es lo que ama, no lo que le aman”

Adaptation. El Ladrón de Orquídeas (2002), de Spike Jonze

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Hablar de uno mismo

Notareis que, en esta nueva ‘temporada’ (desde que he reabierto el blog, como dice Eduardo Robles Elvira) hablo sobre mí mayoritariamente, más todavía. Aunque este cambio ha recibido la aclamación popular, tener un blog para hablar casi exclusivamente de uno mismo es un arma de doble filo.

Si escribes, por ejemplo, lo bien que te está yendo todo, los exámenes que apruebas, las tías que te ligas, lo bien que te lo pasas, lo que disfrutas con la vida, etcétera, etcétera, es muy posible (creedme) que algunos lectores te lean con acritud, preguntándose: ¿Por qué quiere contarme lo bien que le va todo? ¿Quiere generar envidia? ¿Quiere que yo piense que soy un amargado por estar delante del ordenador mientras él se lo pasa de escándalo?

Pero si escribes sobre tus penas, sobre lo puñetera que es la vida contigo, la mala suerte que tienes, lo corrosivo que es el mundo, etcétera, etcétera, eso genera inmediatamente compadecimiento y malestar, y poco a poco, indiferencia y rechazo.

¿Cómo escribir entonces, para hablar de uno mismo en un blog? Yo escribo lo que me viene en gana cada día, cada dos días, cada tres días… y cuando pienso en las posibles críticas o desaprobaciones, pienso siempre en este cuento.

Un factor más para reafirmar que un blog no lo puede escribir cualquiera.

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Soñar es gratis

Hoy he soñado con que era sudamericano. A veces sueño que soy de por allí; es lógico, algunos dicen que por mi aspecto y por mi forma de hablar parezco sudamericano. De hecho en secundaria uno de mis motes era ‘guatemalteco’.

Hoy ha tocado Perú. La gente vivía como en la película Soylent Green (grandísima película, dentro de no mucho le dedicaré una entrada). Era el futuro, 2030 o así. Y yo era narcotraficante. De esos que son intocables. De esos que sólo tienen que mirar a su lacayo para acabar con alguien molesto. Me sentía como Al Capone. Tanto fue así que compuse algo en mi piano de cola, y uno de mis vasallos me advirtió: Señor Romero, eso ya ha sido compuesto por alguien. Y contesté: Pues matad a ese alguien. Estaba en una gran mansión de una sola planta, y allí había permanecido muchos años sin salir para ver la cruda realidad.

Un día salí de la mansión, y me acerqué a la fábrica de la compañía textil de la que era propietario. Vi a una niña, desorientada y asustada, y de repente una mujer se la quiso llevar. Yo intenté impedirlo, y descubrí que secuestraban a niños para explotarlos en ¡mi propia fábrica! Me sorprendió porque yo no sabía absolutamente nada. Segundos después, mi mente ya supo que también, por orden mía, se secuestraban a niños por la calle para trasplantar órganos a mafiosos como yo. ¿De verdad todo eso ocurría porque yo lo había permitido? La mujer, al negarme a que esa niña trabajara, me disparó por la espalda, y antes de morir, vi como muchos celebraban como una fiesta que hubiera muerto.

Me desperté sobresaltado. Podría haberme quedado con la conclusión profundamente triste del sueño, pero por lo contrario, mientras me duchaba, me sentía con una dosis extra de esperanza.

No sé por qué soñamos, no sé para qué sirve, si de verdad existen para que depuremos nuestra mente y nos liberemos de nuestros miedos y/o deseos reprimidos. Pero me encanta soñar, me fascina, me hace conocerme a mí mismo día tras día. Hace tiempo que no sueño pesadillas, sino que entro en mundos ficticios y asombrosos. Ojalá no llegue nunca una etapa en mi vida en la que me levante y no me acuerde de lo que he soñado.

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Y no lo sabe nadie

Conversación con mi amigo Artemis (co-fundador de las sesiones de Cine Cutre):

(Vemos a una rubia despampanante, montada en una moto con un armario del IKEA)

“Mira, yo conozco a esa. Es de mi barrio. Es de las que se echa un novio cada semana.”

“Sí, pero luego, cuando llegue a su casa, se encerrará en el cuarto de baño, y se pondrá a llorar. Y no lo sabe NADIE, ni siquiera su madre.”

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Esperanza y Constancia 2: Luisfer Returns

Como diría Chuck Norris antes de encañonar a un pobre terrorista con su lanzagranadas, “He vuelto”.

Ayer, mientras fregaba los platos, no paré de pensar en ‘Esperanza y Constancia’, en las razones que me habían llevado a abandonarlo, y en la cantidad de cosas buenas que he recolectado gracias a él, y de repente supe que tenía que retomarlo.

No me importa que sea políticamente incorrecto dejar un blog y volver a él. Por lo visto eso queda fatal. Vuelvo a repetir: no me importa. Si hay una sola persona en el mundo que se alegre de que vuelva a contar diariamente ese tipo de cosas que han caracterizado mi blog, insisto, si hay una sola, me veo capaz de mandar todas esas críticas a Lvov, Ucrania (con todos mis respetos para todos sus habitantes). Y si las críticas son de este tipo, la verdad es que, en vez de afectarme, me da la risa.

Cuando publiqué lo de las Chicas Atractivas, muchos me llamaron superficial, machista, salido, materialista… Cuando publiqué mis críticas sobre Babel, El Ilusionista o El Laberinto del Fauno, hubo gente que se me echó encima. Algunos me mandaban correos para preguntarme por el concierto de Yann Tiersen, como si yo fuera su mánager o algo, y otros me hacían consultas sobre el Partido Pirata, cuando dejé claro que ni pertenecía a él ni era necesariamente afín a todos sus principios. Así que, y sin ánimo de echarme flores, está claro que lo que escribía tenía repercusión.

Han sido muchas las felicitaciones que he recibido, muchos regalos al oído, muchos peloteos, muchos correos electrónicos apoyándome, cuando peligró mi salud por una terrible bronquitis… y mentiría si dijera que todo ello no me influye para seguir con ‘Esperanza y Constancia’.

Llega una segunda etapa de este mi blog, con un parón de un mes y medio. Durante este tiempo, me he enfrentado a montañas de exámenes, trabajos y exposiciones, me he hinchado a tocar el piano, he empezado a escribir artículos literarios de forma remunerada en leergratis.com, he visto mucho cine (tendré que ampliar mi lista), he celebrado una Copa de la UEFA, he asistido a una conferencia para curtir mi trayectoria literaria, y todo ese tipo de cosas que tampoco os importan.

He de advertir que pienso cambiar un poco las tornas. Me parece que a partir de ahora las entradas serán más personales y reflexivas (y por supuesto más curradas). Las entradas tipo ‘Mira lo que he encontrado en YouTube’ ó ‘Qué cosa más graciosa he encontrado por Internet’, serán mínimas, porque para eso están los internautas, para elegir lo que es interesante y divertido y lo que no.

Mi amigo Kunti, un amigo como los hay pocos, me dijo: “La muerte bloguera llegará”. Y tiene razón. Cuando veo esos centenares de espacios MSN, en los que la gente cuenta que se ha comido una tortilla para cenar, o pone las fotos con sus amigos tituladas ‘Desfassse en la Disco 02.06.07′, en los que salen todos falsamente contentos y haciendo muecas, y ponen tests del estilo ‘¿Pepsi o Coca-Cola?’ ó ‘¿Morado o azul?’ a veces me entran ganas de dar arcadas. Y caigo en la cuenta de que con ‘Esperanza y Constancia’ quizás no lo esté haciendo mal de todo.

Suena a topicazo, pero mis fuerzas están totalmente renovadas, y lo mejor de todo: ni siquiera me acuerdo de cuándo fue mi último ‘día Luisfer’.

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