Podría justificar mi escasa frecuencia de publicación de entradas de mil maneras: que estoy liado porque tengo un examen mañana, porque empiezo a trabajar este sábado, porque estoy dedicando el tiempo que no estudio a escribir artículos… incluso podría decir que no se me ocurre nada que escribir. Pero hay una excusa que jamás me gustaría transmitir. La que nos sirve para todo y a la vez para nada: NO TENGO TIEMPO.
NO TENGO TIEMPO nos sirve, por ejemplo, para cuando te encuentras con alguien al que hace tiempo que no ves, y cuando te dice quedar para tomar un café, tú optas por recurrir al clásico para evitar tener que quedar con él.
NO TENGO TIEMPO sirve, en gran medida, para cuando tus amigos tienen un plan para salir que no te termina de gustar, y puedes usarlo para no tener que ir.
NO TENGO TIEMPO también puede usarse para decírselo a una chica, para causar buena impresión ante ella.
Sobretodo, lo más atractivo del NO TENGO TIEMPO es la aparente reputación que causa al que lo dice. En la sociedad de hoy, parece que decir NO TENGO TIEMPO da un cierto caché, de forma que es muy usual ver a personas que se jactan de decirlo.
La única persona que me dice NO TENGO TIEMPO, y realmente le creo, porque lo veo con mis propios ojos, es mi padre. Mi padre atiende una familia de 5 hijos, tiene 2 trabajos, y su tiempo libre, mayoritariamente dedicado a las necesidades de su mujer e hijos, es muy escaso. Además, llega tan cansado que lo único en lo que dedica su tiempo libre es en ver capítulos de House, Perdidos y 24. De mi padre sí me creo lo de NO TENGO TIEMPO.
De todos los demás, cuando me lo dicen, siento que me están engañando de la más vil de las maneras. En la facultad, hay algunos que parecen haberse dado cuenta de lo bien que queda decir NO TENGO TIEMPO, y por ello recurren a él constantemente. “Vente a jugar a las cartas después de comer” NO TENGO TIEMPO “Vamos a quedar este viernes” NO TENGO TIEMPO “A ver si nos vemos (dicho desde una perspectiva sincera y no protocolaria)” NO TENGO TIEMPO
Yo antes también era así. Estaba siempre tan pendiente de estudiar, que utilizaba el NO TENGO TIEMPO de forma frecuente y no me daba cuenta de la verdadera realidad. En este sentido tengo que agradecer a mi amigo Jaime que un día me hiciera perder la tarde entera y me abriera los ojos. El cambio vino un día, en el campus, que andaba yo tirado en el césped, después de comer, y le dije a mi amigo Artemis:
Mañana tengo un examen, y aquí estoy, tan tranquilo. Echado en el césped, sin prisa ninguna. Yo, que me he matriculado de dieciseis asignaturas este año, y que sólo puedo estudiar aquí porque en mi casa me es imposible estudiar, puedo echarme en el césped durante un buen rato. Me lo puedo permitir. Y estoy aprobando. Así que ahora puede venirme cualquier persona a decirme que no tiene tiempo y me reiré en su cara.
Nunca digo NO TENGO TIEMPO, si acaso digo “Estoy agobiado” o “Estoy pensando en otras cosas”. En mi caso, en que tengo que trabajar este sábado, en el examen de mañana, en los artículos… Pero decir NO TENGO TIEMPO sería engañarme a mí mismo, y lo que es peor, a los que me rodean.

