Archivo mensual: julio 2007

Películas online

Este verano es sin duda con el que más estoy aprendiendo y culturizándome, y en el ámbito del cine no podía ser menos. Estos días he tenido un descubrimiento prodigioso: el de ver películas online. Ya dije la serie de cosas que haría este verano, y ha esto se ha unido ver películas de forma compulsiva, gracias a que en páginas como peliculasonline.net y tovideos.com puedo ver películas sin ni siquiera bajármelas. Elijo una de la lista (cada vez más amplia), aparece una ventana nueva en el navegador (por lo menos en el Firefox) y listo. He visto grandes películas, y por supuesto he ampliado mi lista de películas favoritas.

Entre ellas:

· ¿A quién ama Gilbert Grape? Las interpretaciones de los dos protagonistas, Johnny Depp y Leonardo DiCaprio son absolutamente convincentes, pero la historia no me enganchó y además me pareció muy efectista y totalmente enfocada a la lágrima fácil. Sosilla, como todo lo de Lasse Hällstrom.

· Enemigo Mío Como amante de la ciencia-ficción, me ha encantado. Increíblemente es del ahora director comercial-palomitero Wolfgang Petersen. Dejando de lado los lamentables efectos especiales, la historia es hermosa y el guión muy conseguido. Muy convincentes Dennis Quaid y Louis Gossett Jr. como protagonistas. Lloré y todo.

· Deseando Amar Definitivamente, el cine de Wong Kar Wai no me convence, y no sé por qué. De todas maneras, muy buena música e increíble fotografía, logrando una atmósfera bella y envolvente.

· Un Mundo Perfecto No había visto esta película de Clint Eastwood (como director y actor), y es lo mejor con diferencia que ha hecho Kevin Costner. Un argumento sencillo pero muy bien desarrollado. El niño protagonista hace una actuación épica. El final, un poco forzado, pero igualmente emotivo. Lloré y todo (bis).

· El Apartamento Lo primero que he visto de Billy Wilder y la verdad es que por fin entiendo que lo traten como un genio, porque es que lo es. Grandísima película, memorable guión… engancha a más no poder, y además los protagonistas, Jack Lemmon y Shirley MacLeine, son de los mejores actores que he visto en mi vida. Impresionantes.

· Gracias por Fumar Cercana a la estética de denuncia social de Michael Moore, cuenta la historia del portavoz de las tabacaleras, con un increíble don de gentes y oratoria. Muy conseguida, aunque a ratos aburre un poco. De lo mejorcito del cine de EEUU en 2005.

En fin, tengo pendientes unas cuantas más que me gustan de la lista… tengo que seguir escribiendo artículos, seguir con la página web y trabajar de camarero en bodas. Tienen parte de razón los que afirman que tengo el blog semiabandonado, pero este es el verano que he elegido vivir.

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Y por fin, Ubik

La escribí hace dos semanas, pero ya está en LeerGratis la reseña de la novela que da título a este blog:

Ubik (1969), de Philip K. Dick (Haz clic aquí para leerla)

Leyéndola ahora, me doy cuenta de que tengo algunos fallos, y que no he sido justo con alguno de los aspectos de la novela, como por ejemplo, los geniales anuncios que sirven de introducción a cada capítulo y que intentan dar una remota idea de qué es Ubik.

Muchos, al leer este blog y ver mi devoción por el libro y por Philip K. Dick en general, me han preguntado si Ubik es el mejor libro que he leído. Ni de broma. Ubik está plagado de fallos argumentales, el estilo literario no está muy conseguido y la novela apenas consta de 200 páginas.

Sin embargo, Ubik es la novela que me convenció del todo de que tenía que ser escritor. La leí por primera vez en mayo de 2003, gracias a que en la revista Qué Leer vi una crítica positiva del libro, y me dije: “Anda, pero si este libro lo tengo yo en mi casa”. Cuando me la leí, me había quedado con la boca abierta, y me dije que si yo era capaz de causar a un lector una sensación parecida con lo que yo escribiera, mi vida como escritor tendría sentido.

Ubik inspiró un nefasto videojuego que poco tenía que ver con la novela. Y en cuanto al cine, películas como Abre los Ojos (y su homóloga hollywoodiense Vanilla Sky), eXistenZ ó Matrix están claramente basadas en Ubik. Ha habido rumores de llevar Ubik al cine. En 1974 hubo un intento por parte de un director francés que no fructuó. Se ha hablado de Terry Gilliam como director y Charlie Kaufman como guionista, pero por ahora nada.

Por otro lado, tras una lamentable edición de Ubik de la Factoría de Ideas, que tenía hasta errores de ortografía, ha salido una nueva, que conmemora el 25 aniversario de la muerte de Dick. He de decir que está más cuidada, es más decente estéticamente y tiene detalles muy logrados, con diferencias entre tipos de letra para determinadas situaciones. Aunque algunos siempre tendremos la edición de Orbis de 1986

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Mi verano

El verano avanza a pasos moderados pero firmes. A ratos pienso que este verano es el que más estoy tirando a la basura, pero paradójicamente el resto del tiempo creo lo contrario. Creo que es el verano al que más provecho le estoy sacando con muchísima diferencia.

Es cierto que sólo he salido de Sevilla durante un día en lo que llevo de verano, y fue para pasarme por un campamento en Málaga con unos amigos en una experiencia inolvidable. El trabajo me tiene atado en mi ciudad. Y bien atado. Los días de diario tengo que tener mi portátil con red wifi cerca, y los fines de semana he de proseguir mi oficio hostelero, cada vez más agotador y a la vez gratificante.

Los invitados de las bodas son, por lo general, idiotas. Palabras textuales, mientras le sirvo el vino a un invitado (el tío era militar):

-No lo quiero.

-¿?

-Lo has servido con la izquierda.

-Es que soy zurdo, caballero.

-Pues ya la has liado, chico.

Dejando de lado esta escena surrealista, por la que me dieron ganas de esperar a la salida del restaurante al invitado en cuestión, estoy aprendiendo mucho como camarero. Literalmente, me estoy haciendo un hombre. Los invitados son tiquismiquis, imbéciles en su mayoría, se me han caído copas y bandejas y me ha mirado todo el mundo. Pero al final, y sólo al final, merece la pena. Es tan grande la cantidad de cosas que tengo que aprender en cuestión de segundos (sin que nadie me las diga), tantas las veces que pienso: “Tierra, trágame”, que cuando acabo de trabajar, mientras vuelvo a mi casa, no puedo evitar cantar de alegría, satisfecho por todo lo que he aprendido.

Es el primer mes de julio en muchos años en el que no voy a ninguna parte. En el 99, fui a Alemania. En el 2000, a Irlanda a aprender inglés. 2001, Camino de Santiago. 2002, Camino de Santiago bis. 2003, Campamento en Valencia. 2004, Campo de trabajo en París. 2005, Portugal y Marruecos. 2006, Valencia, Tarragona, Barcelona.

Sin embargo, me está gustando este verano. Me está gustando y mucho. Por una razón muy sencilla: mantengo la ilusión porque me voy a un piso en septiembre. A veces me entran las dudas y asumo lo mucho que voy a echar de menos a mis padres y hermanos, pero por lo demás, todo van a ser ventajas. Y siento que cada día es importante. Con eso me basta para levantarme despejado y sabiendo que todo cuenta. Que dure.

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Mi hermano pequeño

Hay una razón casi segura por la que tendré hijos: me encantan los niños pequeños. Habrá multitud de inconvenientes, pero estoy convencido de que esto vencerá a todo lo que pudiera venir.

Soy el mayor de cinco hermanos y el mayor de decenas de primos. Supongo que es la costumbre lo que ha provocado que cuando hay reuniones familiares, me encante organizarlos a todos y echar un partidito de fútbol, o jugar con ellos a lo que haga falta.

Pero concretamente de quien quiero hablar hoy es de mi hermano pequeño. Nació en el año 99, así que la diferencia de edad es de trece años y medio. Cuando le he llevado a una tienda de juguetes, al logopeda, a la peluquería o simplemente a dar un paseo, ha habido gente que ha dudado de quién era yo, ese post-adolescente que va de la mano de un niño de 7 años. Me pongo en el lugar de quien nos ve juntos: “¿Su padre? No… demasiado joven. ¿Su hermano? ¡No, demasiado mayor!”

Hace no mucho, estuve en una cafetería con unos amigos, y hablamos sobre lo divertido que tiene que ser ser padre. Yo en ese momento pensé: Realmente, es casi como si lo fuera.

Mi hermano pequeño hace una labor importantísima en mi casa. Gracias a que está él, en algunos momentos se mantiene la inocencia, se siguen poniendo dibujos animados en la tele, se habla de todo tipo de temas, tanto de niños como de más mayores. Puede decirse que en numerosas ocasiones él nos alegra la casa.

Me encanta cómo todo le parece interesante, cómo quiere aprender continuamente, cómo le parecen graciosas y divertidas algunas cosas que ya los demás damos por hecho. Verle es acordarme de que hubo un tiempo en que mis mayores preocupaciones era que se me había perdido el estuche en el colegio y que ver Mary Poppins o Pluto me hacían reír sin parar, y que podía pasar horas y horas jugando a los Playmobil o a los Lego sin considerarlos aburridos y triviales.

Mi hermano pequeño es un genio. Estoy seguro de ello. Aún no sabe decir la erre, pero habla con un vocabulario increíble para un niño de su edad, es educado, prudente, posee una sabiduría y una audacia que no sé cómo pueden caber en apenas 25 kilos y es capaz de contestar, por ejemplo, a las siguientes preguntas:

“¿Qué sabes de Kuala Lumpur?” “Es la capital de Malasia, y allí están las Torres Petronas, que tienen 452 metros”

“¿Y de Armenia?” “Está cerca del Mar Negro y limita con Georgia”

“¿Y del lince ibérico?” “Es un animal felino que quedan muy pocos en la Península”

Ante respuestas así, no puedo hacer otra cosa que maravillarme. Es más, me parece improbable que haya otro niño de 7 años en toda la ciudad que pueda contestar a estas preguntas. Cada día voy intentando memorizar las ‘perlas’ que suelta cada día, pero son tan numerosas que resulta imposible enumerarlas. Y puedo asegurar que no ponerlas todas aquí es no hacerle justicia.

Le encanta aprender sobre el Imperio Romano, y la Historia y la geografía en general. Se sabe todas las marcas y modelos de coches que existen en el mercado. Se sabe prácticamente dónde están todos los países. Y las torres. Se sabe las alturas de todas las torres importantes. Los dinosaurios también le apasionan (el otro día me comentó no sé qué de unos tales episisaurios). Cuando ve un actor en una película, es capaz de relacionarlo: “Ah sí, este es el que sale en…”, y lo mismo con una canción. Últimamente ve en la tele Pippi Langström, y la colección completa de En Busca de El Valle Encantado. Y cuando juega al ordenador, sólo juega a juegos de estrategia: Age of Empires II, Faraon, Imperium, American Conquest, Tzar… Y aprende. Ya lo creo que aprende.

Su película favorita es Troya. El otro día me preguntó: “Luisfer, ¿hay Troya 2?” Y yo me reí y le contesté que no, que no podía ser, porque viene de un libro que se llama La Iliada. Él no sabía nada de aquello, pero me habló sobre Aquiles. Me dijo que a Aquiles se le podía matar en el talón, porque su madre le bañó en un lago que te hacía inmortal y lo cogió por el talón para que no se ahogara. Con cosas así, de repente tengo unas ganas tremendas de darle besos y abrazarlo.

Los niños pequeños son sinceros, puros, pero también suelen ser egoístas e incoherentes (“son niños”), pero gracias a mi hermano pequeño, está claro que me gustará tener hijos. Es más, seguro que dentro de varios años, cuando mi vida esté más organizadas, seguro que estaré deseando.

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Currar

Para llevar a cabo la tarea de costearme mi emancipación a partir de septiembre, estoy pluriempleado. No sé si la palabra pluriempleado se utiliza para dos o más trabajos, o sólo para dos. El caso es que estoy llevando a cabo tres trabajos y cuando pensaba que estaría física y mentalmente extasiado, lo estoy afrontando con naturalidad y (sea permitida la cursilería) con tesón. Además, en mis ratos libres, estoy logrando cumplir casi a ratajabla lo que escribí aquí.

1. Mis artículos para LeerGratis. Escribo sobre los libros que me gustan, con una fórmula parecida a mis críticas de cine, pero sin spoilear. Pagan bien, flexibilidad absoluta, buen rollo, la comodidad de trabajar desde mi portátil. Me gusta tanto hacer esto que lo haría gratis, pero no debo decirlo muchas veces, no sea que ahí arriba se lo tomen en serio.

2. Remodelar una página web en PHP. Es lo que tiene la web 2.0, que obliga a las empresas a actualizarse y ponerse las pilas. Las instrucciones han sido claras: “Quiero que cuando alguien entre en la página, sea más dinámica, más accesible y más atractiva”. Es un reto, sin duda.

3. Cátering en bodas en las afueras de Sevilla. Esto sí que es trabajar a destajo. Aquí sí que te ganas cada minuto que estás currando. Acabo a la 1 ó 2 de la mañana, y cuando llego a mi casa y me acuesto sin el menor trámite, termino soñando que tengo que llevar bandejas a kilómetros de distancia.

Desde siempre estoy familiarizado con la hostelería, por tradición familiar. De hecho, por parte de madre, conozco pocas personas que no hayan trabajado alguna vez en el sector, de una forma o de otra. Es nuestro sino.

Tengo suficiente uso de razón como para saber que la hostelería no es algo en lo que quiera emplear mi futuro, pero me fastidian los prejuicios contra ella. Es cierto que es un oficio muy sacrificado, en el que las horas pasan y pasan y el cansancio se hace notar enormemente. Pero, ¿alguno ha pensado en el objetivo de la hostelería? ¿en el verdadero objetivo? El servicio. Se puede mirar de muchas formas, pero yo lo miro así. Y me conmueve. No es humillante, es gratificante, por muy masoca que esto suene.

Cuando lo más importante del mundo es que el señor de la segunda mesa a la derecha ha pedido una coca-cola y que a la bandeja de adobo hay que ponerle palillos, muchas tonterías de la cabeza se disipan, por lo menos provisionalmente. Cada día que estoy trabajando en esto, más me gusta, y sin duda es por motivos genéticos. Acabas horriblemente cansado, y el hombro se resiente de haber paseado por un salón decenas de bandejas muy calientes, y las yemas de los dedos están muy sensible de haber cogido centenares de tazas de café hirviendo, pero a mí me compensa. Además, como dice mi tío, “es sota, caballo y rey”. No hay que pensar mucho. Todo consiste en tener actitud de currar. De currar mucho. Y yo la tengo. Es algo de lo que me enorgullezco mucho.

 

Mucha gente de mi edad tiene miedo a trabajar en verano. Prefiere que ir pidiéndole secuencialmente el dinero a sus padres. Yo también lo tenía. Ahora miro con satisfacción cada euro que me gano. Y lo pongo así, en negrita.

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Un carácter difícil

A un amigo que reconoce admirarme, respetarme, y apreciarme mucho, le pregunté el otro día: “¿Crees que soy una persona complaciente?” en un contexto en el que él se confesaba muy complaciente, en el sentido de que a veces hay que decir a los demás lo que quieren oír, y hacerlos sentir mejor, para mantenerlos cerca y no quedarte solo.

“¿Soy complaciente?” “No, para nada. Tienes tus detalles, a tu manera, pero…”, me contestó. Y me lo contestó una persona a la que, si yo la llamase a las 4 de la mañana para que me recogiese en Turkmenistán, se lo pensaría y seguramente me diría que sí.

No soy complaciente para los amigos con los que más cómodo estoy, luego es evidente que soy aún menos complaciente para personas que ni me van ni me vienen. Ya he dejado claro muchas veces en este blog que soy un fervoroso combatiente de ese ambiente de protocolo y como diría un terrorista ruso en una película de Hollywood, “la hipocrrressía ocssidentall”.

Sin embargo, muchas veces pienso y me regocijo del hecho de que, desde hace varios años, nunca o casi nunca he tenido problemas en cuanto a tener gente cerca. De hecho, me jacto de la gran cantidad de gente que considero que aprecio y que me aprecia.

Y lo que es indudable es mi carácter difícil. Mucha gente me compara con House, por las borderías, porque siempre dice lo que piensa, y de vez en cuando, alguno me dice: “Tío, el otro día vi House y dijo algo que me recordó un montón a ti”. La personalidad tipo House está de moda, sin duda. Sólo hay que mirar a Risto Mejide, lo único que considero que ha merecido la pena de Operación Triunfo en los últimos años. Hay que ser el mejor a la hora de vacilar, de dejar claras las cosas a los demás y de que imponer respeto e incluso miedo.

Me gusta este aspecto de mí, y siempre lo diré: me gusta porque es coherente a mi forma de ser. Si intentara ser más complaciente, un buenazo, un encanto, no sería fiel a mí, y estaría mostrando una vil y absurda máscara.

Todo tiene su precio. Y ser así ha provocado que ninguna novia me dure más de lo que dura un periodo del Ramadán. He tenido peleas y grandes discusiones con casi todo el mundo que he conocido y he visto de forma habitual, y pocas veces recuerdo haber perdido en una guerra de insultos o descalificaciones. Tengo un carácter difícil, un carácter irritable. Tengo mis prontos, puedo saltar por casi cualquier cosa, y soy especialista en lanzar miradas de las que matan.

Puedo ser buena persona, y no voy a resaltar aquí mis virtudes porque la vanidad no está entre mis defectos, pero hay algo que quiero dejar claro. Si alguna vez soy un encanto, es cuestión de recordarlo: seguramente estoy fingiendo.

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¿No es sectaria? ¡No, qué va!

La palabra Dios carece de significación real, es una voz sin sentido que no afecta para nada a la vida de la mayoría de los ciudadanos en nuestra sociedad“.

Visto en un libro de texto de Educación para la Ciudadanía, esta asignatura que quiere implantar el gobierno, reemplazando a Ética y/o Filosofía. Luego dicen que son los curas los que lavan el cerebro.

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El autobús

Como el lugar donde estoy trabajando los fines de semana está en Bormujos (unos 15 kilómetros de donde vivo), voy a usar el coche para ir para allá. Esto quiere decir que tendré que:

· Colocar el faro, el espejo y el paragolpes del coche

· Limpiarlo por fuera y por dentro

· Pasarle la ITV

· Hacerme un seguro, en donde no me timen, como ocurrió con la engañabobos Línea Directa

Y todo esto en cuestión de varios días. Por todo ello, después de varios meses prescindiendo del coche y usando el autobús para moverme por Sevilla, me volveré a despedir del autobús por mucho tiempo.

Se me hace raro decir esto, pero creo que echaré de menos el autobús.

Echaré de menos comprar el bonobús cada semana, elegir si me viene mejor con o sin transbordo, que el del quiosco me devuelva la calderilla, y que con ella me compre un paquete de Pictolines y/o chicles.

Echaré de menos intercambiar miradas con CAs que se monten en el autobús, y pensarme durante todo el tiempo si decidirme a hablar con ella, entrarle, como se suele decir.

Echaré de menos lanzarme a hablar con desconocidos con la más mínima excusa. Lo normal es que los interlocutores sean ancianos (y no tan ancianos) que viven solos, por soltería, viudedad o divorcio. Los más agradables para conversar son los divorciados. Quizás sea porque en parte reconocen que parte de la culpa de vivir solo es suya, que quizás metieron la pata en su momento, y quieren restablecer su karma.

Hoy he entrado en un 34 (la línea que me lleva a la facultad), y he mirado de reojo al conductor. Me sonaba su cara.

“Perdone”, le digo, “usted es el que sale en los anuncios, ¿no?”

“Salía. Ya esos anuncios los quitaron”, me responde con una sonrisa agradecida.

Claro que me sonaba su cara. Hace varios meses la empresa de transportes de Sevilla (Tussam) lanzó unos anuncios en los que los propios conductores lanzaban un mensaje propagandístico. Supongo que eso es la fama. Que un desconocido te reconozca.

Echaré de menos poner el oído en conversaciones ajenas, y ver que me interesan porque simplemente no interesan. Saber que todo el mundo tiene su propia historia, sus propios problemas, sus propios deseos, hacen que uno no se sienta tan importante.

Echaré de menos mirar uno por uno a los pasajeros. Suelo hacer mi ronda para identificarlos a todos, como si fuera un vigilante. A veces les pongo motes o nombres:

· La empollona que lee Beatus Ille, de Antonio Muñoz Molina. No le está gustando pero finge que lo lee con interés.

· El soltero cuarentón que viste con un chaleco de rombos y con vaqueros de azul muy claro. Sueña con haberse casado hace años.

· El rumano, de etnia gitana, que mira a todo el mundo como sospechando.

· La chica de barrio, que parece estudiante pero que en realidad trabaja en un Burger King, y procura que no lo sepa casi nadie.

· La adolescente que va al Instituto Británico a estudiar inglés dos veces a la semana. No le hace ni pizca de gracia, pero sus padres la obligan.

…y así sucesivamente. A veces me imagino que el autobús se va lejos, fuera de Sevilla, y se estropea en medio del campo. Entonces los pasajeros, sin comunicación con la civilización, tendríamos que conocernos entre nosotros y aprender a buscarnos la vida. Como un reality-show. O como la serie Lost.

Echaré de menos tener tiempo para mí, para mi silencio. En coche tardaré un cuarto de hora en llegar a la facultad. En autobús tardo una hora y 15 minutos. Ya puede haberte pasado lo más indignante del mundo, que tras ese tiempo de silencio en el autobús, llegas a tu destino como nuevo, mentalmente despejado.

Echaré de menos encontrarme con alguien que hacía años que no veía. El típico que fue compañero tuyo en el instituto/trabajo/curso de idiomas/universidad/colegio o sucedáneos, y que si no fuera porque te lo has encontrado en el autobús, jamás en la vida lo volverías a ver. Es gratificante ver cómo te alegras de ver a alguien que hace cinco minutos no te importaba un bledo. Eso fomenta que termines pidiéndole el móvil y te quedes con las ganas de quedar con él/ella a tomar un café una tarde.

Echaré de menos observar las calles, por la mañana, por la tarde, por la noche, al ritmo relajado y pausado que exige el autobús. El mundo gira conmigo o sin mí. Ver que no soy el único que tiene prisa. Ponerme el MP3, y tener mi paseo diario y mi ratito de sociedad, pasar por el centro y ser consciente de la ciudad en la que vivo.

Sí, echaré de menos el autobús, por ruidoso, caluroso e incómodo que sea. Con el coche llegaré en un momento a todas partes, me pondré la música que me gusta a 100 de volumen, y atravesaré la Avenida Kansas City metiendo cuarta, pero no será lo mismo.

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Signos de ignorancia

Pocas cosas me molestan más que ver cómo, en una película estadounidense, uno de los lugares de ambientación es un rincón de España. Más que nada, porque la ignorancia es lo más destacado en unas escenas que, para los españoles, conforman un tándem bizarrísimo que vemos con desagrado e indignación.

Me importa un pito la imagen que se creen de nosotros los habitantes de EEUU. Lo que me molesta es que, sin ni siquiera acercarse por España, los directores, guionistas, vayan a la Wikipedia, y pongan de nuestro país lo primero que se les venga a la cabeza, generando minutos de metraje más surrealistas que algunas películas de David Lynch.

Algunos ejemplos:

1. Valencia, según la serie The Unit, hiper-promocionada en La Sexta, protagonizada por un Dennis Haysbert al que pesa mucho su papel de presidente en 24. Aquí, bueno, vemos el día del Orgullo Vespa, pues según ellos todos los valencianos las tienen, unos guardias civiles con tricornio, flamenquito sintético y latinoamericanos por todos lados.

2. Valencia, según El Equipo A. Un aeropuerto de los años 40, con un cartel en inglés y repleto de terroristas. El ambiente desértico es lo que más grima da (Aunque la verdad, más lamentable en esta serie es Ana Obregón doblándose a sí misma).

3. Provincia de Madrid, según Sólo Para sus Ojos. En una de las películas más flojas del James Bond época Roger Moore, se conducen Citroen 2CV y las aldeas están en la Edad de Piedra, todo con un toque sudamericano-mediterráneo que da gusto.

4. Sevilla, según Misión Imposible II. Como sevillano, ésta es la que más me duele con diferencia. Unas fallas mezcladas con Semana Santa, Anthony Hopkins dignándose a hablar de nuestras costumbres, un traje de flamenca que jamás he visto, un ambiente cubano que da miedo, un Alcázar de juguete y sabe Dios cuántas cosas más. Ojalá tuviera ahora mismo a John Woo para contarle algunas verdades de la vida… por ejemplo, que sus padres eran hermanos. Que Tom Cruise se crea semejante cotarro no es ninguna sorpresa.

5. País Vasco, según MacGyver. El más bizarro de todos. Vean y juzguen.

6. Vascos emigrados a EEUU, según El Desfiladero de la Muerte. Sí, señoras y señores, los vascos tienen un grito de guerra heredado del de Tarzán (¡que les sirve para comunicarse!), y bailan unas pseudo-sevillanas y echan el tarot… a esta película sí que le ponía yo dos velas negras.

Y por supuesto, en cuanto a literatura, censurar siempre al nefasto e impresentable Dan Brown, que con su ¿novela? La Fortaleza Digital, ambienta Sevilla de una forma en la que el barrio de Santa Cruz está lleno de calles tortuosas donde los turistas suelen quedarse “encerrados” durante horas, el ayuntamiento se ubica en la plaza de España, la seguridad en las calles es nula, los hospitales están sucios y subir a la Giralda conlleva peligro de muerte. Lamentable.

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