El paso a la independencia no ha estado exento de turbulencias. Considero que también ha sido una medida para mejorar la relación con mis padres, a base de disminuir las rencillas y diferencias que provocan nuestra convivencia diaria.
El día que cogí las maletas y me vine al piso no fue lo tranquilo y razonable que hubiésemos querido todos, y vino acompañados de broncas dudosamente justificadas (por su parte) y contestaciones deleznables (por mi parte). Tanto es así, que mi padre que no estaba en casa porque estaba trabajando, no me vio marchar y se sintió muy apenado cuando, al volver al hogar, se encontró con que Luisfer ya se había ido sin tener él constancia de ello.
Mi conciencia no me permitía cargar con ello, porque me pareció que todo había sido un malentendido y decidí tomarme una coca-cola con él, en una de las experiencias paterno-filiales más intensas que he tenido.
Me propuso que leyera y reescribiera una carta que me había escrito, y la traslado aquí para inmortalizar su gesto de inmenso cariño y honestidad.
Yo soy padre desde que tenía 27 años, que fue cuando nació nuestro primer hijo. Nació con los fuegos artificiales del fin de la feria de Sevilla de ese año. Sólo el que es padre puede saber la alegría tan enorme que puede ser esto.
Cuando volvía del hospital, todo el mundo podía adivinar en mi cara que yo era padre.
Después hemos tenido más hijos y por consiguiente más alegrías. No quiero menospreciar todo lo demás, pero el nacimiento del primer hijo es bastante especial. Con él empezamos mi mujer y yo a soñar cuando lo veíamos hacer o tocar algo, cuando empezó a andar o a hablar. Pensábamos qué sería de mayor, si sabríamos educarlo, si sabíamos enseñarle todo lo que queríamos que supiese…
En sus primeros 4 años de vida pasó por varias operaciones quirúrgicas y su madre y yo, en una de ellas, sobretodo creíamos que no íbamos a resistir el dolor de ver a un niño de 2 años salir del quirófano dormido por la anestesia.
Este hijo nuestro aprendió a leer de forma autodidacta, a los 4 años leyendo el periódico que yo llevaba diariamente a casa, y preguntándonos continuamente cómo sonaba cada conjunto de consonantes y vocales.
Con tres años escribía, o mejor dicho, dibujaba letras y palabras tanto en español como en inglés, copiándolas de nombres de cantantes, compositores y los nombres de sus canciones.
Siendo un bebé, lo ponía en mis piernas, cuando yo escuchaba música en casa. Le empezó a gustar ya entonces la música de Pink Floyd, Vangelis, Alan Parsons, Dire Straits, Phil Collins, Mike Oldfield, Elton John, Jarre, Supertramp, Camel, etc., que era la música que a mí me gustaba. Con el tiempo sabía tararear bastantes canciones.
Más tarde, le puse por delante libros que no compré para mí, sino para mis futuros hijos. A él le gustaban tanto que leyó muchísimos de ellos y así también heredó de mí (y de mi padre) la afición por la ciencia-ficción. También le regalé un libro de cine y desde entonces sabe muchísimo. Da gusto oírle hablar del tema.
Con 2 años lo llevé por primera vez a ver un partido de fútbol (creo que fue un Sevilla-Athletic de Bilbao) y fuimos muchas veces cuando era niño. Se ha hecho un gran aficionado del Sevilla.
Lo llevamos al mejor colegio que nos aconsejaron y allí estuvo hasta los 16 años. Fue un sacrificio para nosotros puesto que en el mismo colegio fueron entrando los demás hijos nuestros y eso (económicamente hablando) fue duro.
Cuando le llegó la adolescencia comenzamos a tener roces con él. Veíamos normal el cambio de comportamiento pero yo siempre le decía que lo primero que quería fuera en la vida era “ser persona”, lo demás apenas me importaba. También le pedíamos que nos respetara y obedeciera (se sobreentendía que nos quisiera, pero eso incluso nos daba igual). Yo he aprendido que el querer a una persona es algo voluntario, no se puede forzar.
Su madre lleva 4 años cargando con una enfermedad respiratoria que todavía no está diagnosticada y eso mi hijo no lo lleva bien. Cada vez que ella tose y él lo oye, se pone a despotricar y a enfadarse, como si ella lo hiciese a propósito.
A pesar de todo eso, nuestra vida con él ha sido casi siempre maravillosa.
Hoy me llamaron del taller, diciéndome que por fin puedo ir a recoger el coche de mi hijo, tras varios meses estropeado, pero no he podido decírselo. Hoy mi hijo se ha marchado de casa y ni siquiera me ha llamado para decirme adiós.
La más completa y afectuosa biografía que se ha escrito sobre mí, a pesar de haber sido escrita en medio de momentos difíciles. Gracias, papá.