Archivo mensual: septiembre 2007

Schieß auf das Fenster

Si os dijera que estoy enamorado de un terrorista alemán, seguramente pensaríais que soy un perturbado mental.

Si además os confesara que el terrorista alemán es un personaje de ficción, ya confirmaríais que estoy loco.

Y si, por último, os explicara que es el villano de una película de acción, entonces os daríais por vencidos conmigo.

Hans Gruber (La Jungla de Cristal, 1988)

10 comentarios

Archivado bajo Cine y Televisión, Cosas mías

Yo soy padre

El paso a la independencia no ha estado exento de turbulencias. Considero que también ha sido una medida para mejorar la relación con mis padres, a base de disminuir las rencillas y diferencias que provocan nuestra convivencia diaria.

El día que cogí las maletas y me vine al piso no fue lo tranquilo y razonable que hubiésemos querido todos, y vino acompañados de broncas dudosamente justificadas (por su parte) y contestaciones deleznables (por mi parte). Tanto es así, que mi padre que no estaba en casa porque estaba trabajando, no me vio marchar y se sintió muy apenado cuando, al volver al hogar, se encontró con que Luisfer ya se había ido sin tener él constancia de ello.

Mi conciencia no me permitía cargar con ello, porque me pareció que todo había sido un malentendido y decidí tomarme una coca-cola con él, en una de las experiencias paterno-filiales más intensas que he tenido.

Me propuso que leyera y reescribiera una carta que me había escrito, y la traslado aquí para inmortalizar su gesto de inmenso cariño y honestidad.

Yo soy padre desde que tenía 27 años, que fue cuando nació nuestro primer hijo. Nació con los fuegos artificiales del fin de la feria de Sevilla de ese año. Sólo el que es padre puede saber la alegría tan enorme que puede ser esto.

Cuando volvía del hospital, todo el mundo podía adivinar en mi cara que yo era padre.

Después hemos tenido más hijos y por consiguiente más alegrías. No quiero menospreciar todo lo demás, pero el nacimiento del primer hijo es bastante especial. Con él empezamos mi mujer y yo a soñar cuando lo veíamos hacer o tocar algo, cuando empezó a andar o a hablar. Pensábamos qué sería de mayor, si sabríamos educarlo, si sabíamos enseñarle todo lo que queríamos que supiese…

En sus primeros 4 años de vida pasó por varias operaciones quirúrgicas y su madre y yo, en una de ellas, sobretodo creíamos que no íbamos a resistir el dolor de ver a un niño de 2 años salir del quirófano dormido por la anestesia.

Este hijo nuestro aprendió a leer de forma autodidacta, a los 4 años leyendo el periódico que yo llevaba diariamente a casa, y preguntándonos continuamente cómo sonaba cada conjunto de consonantes y vocales.

Con tres años escribía, o mejor dicho, dibujaba letras y palabras tanto en español como en inglés, copiándolas de nombres de cantantes, compositores y los nombres de sus canciones.

Siendo un bebé, lo ponía en mis piernas, cuando yo escuchaba música en casa. Le empezó a gustar ya entonces la música de Pink Floyd, Vangelis, Alan Parsons, Dire Straits, Phil Collins, Mike Oldfield, Elton John, Jarre, Supertramp, Camel, etc., que era la música que a mí me gustaba. Con el tiempo sabía tararear bastantes canciones.

Más tarde, le puse por delante libros que no compré para mí, sino para mis futuros hijos. A él le gustaban tanto que leyó muchísimos de ellos y así también heredó de mí (y de mi padre) la afición por la ciencia-ficción. También le regalé un libro de cine y desde entonces sabe muchísimo. Da gusto oírle hablar del tema.

Con 2 años lo llevé por primera vez a ver un partido de fútbol (creo que fue un Sevilla-Athletic de Bilbao) y fuimos muchas veces cuando era niño. Se ha hecho un gran aficionado del Sevilla.

Lo llevamos al mejor colegio que nos aconsejaron y allí estuvo hasta los 16 años. Fue un sacrificio para nosotros puesto que en el mismo colegio fueron entrando los demás hijos nuestros y eso (económicamente hablando) fue duro.

Cuando le llegó la adolescencia comenzamos a tener roces con él. Veíamos normal el cambio de comportamiento pero yo siempre le decía que lo primero que quería fuera en la vida era “ser persona”, lo demás apenas me importaba. También le pedíamos que nos respetara y obedeciera (se sobreentendía que nos quisiera, pero eso incluso nos daba igual). Yo he aprendido que el querer a una persona es algo voluntario, no se puede forzar.

Su madre lleva 4 años cargando con una enfermedad respiratoria que todavía no está diagnosticada y eso mi hijo no lo lleva bien. Cada vez que ella tose y él lo oye, se pone a despotricar y a enfadarse, como si ella lo hiciese a propósito.

A pesar de todo eso, nuestra vida con él ha sido casi siempre maravillosa.

Hoy me llamaron del taller, diciéndome que por fin puedo ir a recoger el coche de mi hijo, tras varios meses estropeado, pero no he podido decírselo. Hoy mi hijo se ha marchado de casa y ni siquiera me ha llamado para decirme adiós.

La más completa y afectuosa biografía que se ha escrito sobre mí, a pesar de haber sido escrita en medio de momentos difíciles. Gracias, papá.

21 comentarios

Archivado bajo Sin categoría

Instalándome

Hace ya una semana que vivo en el piso, en calidad de emancipado, y quiero retratar aquí mis impresiones

1. Ahora puedo decir, bien alto y claro, que el tiempo es para mí. No en el sentido de que estoy haciendo lo que me da la gana, ya que los exámenes de septiembre son inminentes y el tiempo lo distribuyo mayoritariamente a estudiar. Me refiero a que lo que tengo que hacer, lo hago como quiero y cuando quiero.

2. Consecuencia directa del 1: Los días se me hacen largos, largos, largos. Esto para mí representa una bendición, ya que suele pasarme que cuando me doy cuenta de todo lo vivido durante el día, aún son las dos de la tarde, o las cuatro de la tarde, o las seis como mucho. Hacía mucho tiempo que no me pasaba algo así. El día transcurre y cuando llego a la cama, me siento contentísimo de todo lo que me ha cundido.

3. Hablo ahora de las presuntas consecuencias negativas de emanciparse, que vienen a ser:

· Tener que hacer la compra. Cierto es que resulta tedioso hacer una lista de la compra cada dos o tres días, e ir pensando continuamente qué comprar para almorzar o cenar, o qué productos de aseo y/o limpieza haría falta reponer. Pero, la satisfacción de que de repente, uno ha de estar listo para comprar la mejor leche en relación calidad/precio, los cereales que más te gustan o una de esas míticas latas de fabada, hace que al menos a mí me merezca la pena. Y un nuevo placer descubierto: creer que la compra te va a costar 10 euros más de lo que finalmente te cuesta. Da la sensación de que esos 10 euros los has ganado en la lotería.

· Las tareas de la casa. Repentinamente, uno se ve ante la tarea de fregar, limpiar salón, habitación y cuarto de baño, lavar, estar continuamente de que no se manche nada (porque luego hay que limpiarlo). No me supone tampoco una desventaja, ante días tan largos, y con Genesis puesto a todo volumen, incluso resulta curioso y llevadero.

· El tratamiento de la ropa. He de confesar que aún no me he emancipado en cuanto a la ropa, y por ahora seguiré contando con ese cesto mágico materno por el que dabas la ropa sucia y te la devolvía limpia y planchada. De todas formas, es un continua preocupación por la ropa limpia, sucia, doblada, no doblada… uno de mis mejores descubrimientos ha sido aprehender el famoso método chino para doblar la ropa en 2 segundos. No soy el mismo desde entonces.

4. Una ventaja que me presentó mi madre tras asumir mi independencia, fue: “Esto va a ser positivo. Nos vamos a ver menos, así que cuando nos veamos, nosotros tendremos más ganas de ti y tú de nosotros”. Amén. Se está cumpliendo casi a la perfección.

5. Con la emancipación descubre uno un mundo abierto por delante y se hace inevitable (no sólo por mí, sino por todos los que conozco que han seguido este camino) imponerse ciertas rutinas. Pueden ser tan ridículas como proponerse no perderse jamás Sé lo que Hicísteis (ahora sí que sí), hacer 10 ó 15 abdominales por la mañana, recién levantado, no almorzar nunca después de las 13.30 o dormir la siesta entre las 13.45 y las 14.30.

6. A la pregunta “¿Y si…?”, los únicos límites que existen son los que se ponga uno mismo. No hay nada ni nadie que suponga un obstáculo para desempeñar las locuras que a uno se le pase por la cabeza. Suerte que soy un chico formal y responsable, y jamás se me ocurriría… ejem…

7. De un día para otro, hay casos en los que te conviertes en un persona más interesante a los ojos de los demás sólo por el hecho de vivir solo en un piso. De hecho, los hay que se intentan aprovechar de la situación, al puro estilo C. C. Baxter en la película El Apartamento. Quien la haya visto, sabrá a qué situación tan deplorable me refiero.

8. Decorar mi nueva habitación se ha convertido en una labor interminable y a la vez placentera, ya que adornar una pared gigantesca con posters de Mike Oldfield, paisajes, películas y el Sevilla Fútbol Club, es hacer evidente el mundo personal que cada uno posee, y desde luego alimenta el ego saber que esa pared puede ser completada con lo que uno quiera.

Esta semi-independencia, está siendo a todas luces un antes y un después. Aún no sé cómo no me había atrevido antes a ponerme en marcha, a pesar de todo lo que conlleva. Creo que esta es mi oportunidad para demostrar muchísimas cosas, a mí mismo y a los demás.

7 comentarios

Archivado bajo Diario