
Uno de mis géneros favoritos en la literatura y el cine son las distopías, también llamadas ucronías. Son fantasías sobre un mundo paralelo en el que la integridad del ciudadano está totalmente desposeída, hasta el punto de que el gobierno coarta casi al cien por cien la libertad y capacidad de pensamiento del individuo. Ejemplos hay muchos: en literatura, Un Mundo Feliz (Aldous Huxley, 1939), 1984 (George Orwell, 1949), Fahrenheit 451 (Ray Bradbury, 1959), El Hombre en el Castillo (Philip K. Dick, 1962), Los Amantes (Philip José Farmer, 1952); en cine, Brazil (Terry Gilliam, 1985), THX 1138 (George Lucas, 1971), V de Vendetta (2005, James McTeigue).
Hay un país en el que la cotidianeidad está muy cercana a esta recopilación de pesadillas. Este país se llama Corea del Norte.
Leo con estupor que un empresario norcoreano ha sido fusilado ante 150.000 personas (en un estadio deportivo) por hacer 13 llamadas al extranjero.
Voy a escribirlo de nuevo, para que tanto vosotros, como yo, intentemos asimilarlo: Fusilado. Ante 150.000 personas. Por llamar al extranjero.
Corea del Norte es un lugar del que no se sabe prácticamente nada, dado el elevadísimo filtro de información gubernamental para que el mundo desconozca las seguramente horribles condiciones de vida de sus habitantes. En un entorno monoteísta hacia el líder vitalicio del socialismo coreano (bajo el aforismo “Amarás al líder sobre todas las cosas”), el mayor y único objetivo de la persona es servir a la causa de la patria, cúlmen del socialismo en el siglo XXI, como rezan carteles y panfletos. Los ciudadanos creen con fervor que Corea del Sur recapacitará de sus aproximaciones al mundo occidental y se unirá próximamente a ellos, cuando la renta per cápita que separa a ambas naciones es meteórica. Está prohibido tener coche, teléfono, radio… y hacer un viaje sin permiso, y no hay dinero, sólo arroz, hasta el punto de que, por ser el cumpleaños del Líder, a las familias se les regala pollo y muchos mueren de gastroenteritis, por estar acostumbrados al mismo alimento los 365 días del año.
En Pyongyang, la capital, se suceden los rascacielos y hoteles, todos vacíos, esperando a una multitud turista que nunca llegará. Asimismo, el estadio de fútbol con mayor aforo, no es Maracaná ni La Luz. Es el Mayday de Pyongyang, con capacidad para 160.000 personas. Todo para nada, ya que los demás países son “el enemigo”, y una versión demacrada de ellos mismos. Y de noche, no hay luz eléctrica, excepto para los miembros del Partido.
Me dan mucha pena los africanos, sí. Pienso todos los días en el hambre que pasarán, las enfermedades… también los sudamericanos, o los asiáticos. Me dan pena todos. Pero en quienes más pienso, desde que sé de todo esto, es en los norcoreanos. No es que vivan en un mundo distinto al nuestro. Es como si vivieran en una pesadilla en la que, por mucho que se pellizquen o se aguanten la respiración, no pueden despertar.
Acerca de esto:
· Página oficial de Corea del Norte (da miedo, os lo aseguro)
· Mi reseña en LeerGratis sobre Pyongyang, de Guy Delisle, un fabuloso cómic sobre la vida en Corea del Norte
· Pyongyang en la Wikipedia
· Documental de Cuatro sobre Corea del Norte, de Jon Sistiaga (impactante a más no poder)
· Artículo sobre ser cristiano en Corea del Norte
· Vídeo de un desfile del ejército norcoreano (ESCALOFRIANTE)
La noticia en 20Minutos | Daily Mail
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