Archivo mensual: enero 2008

Doce Monos revisitada

En 2001, tuvimos que mudarnos a otra casa, a la que había que hacerle una gran cantidad de reformas. La obra la llevó a cabo mi padre, ya que es empresario de construcción. Aún sigo considerando que la casa donde ahora habita mi familia es su obra maestra. Mientras esta tierra prometida tuvo lugar, nos quedamos a vivir durante un año en el piso que tienen en Sevilla mis abuelos (al que sólo venían dos o tres veces al mes).

Con todo guardado y llevándonos sólo lo estrictamente necesario para ir tirando, lo cierto es que no había muchas cosas que hacer en el piso de mis abuelos. Estudiar, ver la tele, jugar al Age of Empires, leer y escuchar música. Así se me fue volando aquel periodo incierto pero, en cierto modo, agradable.

Lo que más me marcó de aquella etapa fue sin duda un libro que me regaló mi padre para que me entretuviera: Cine Mundial, de Augusto M. Torres. Antes de aquello, a mí el cine me había gustado mucho. Me gustaba relacionar e identificar a los actores. En una reunión familiar, era habitual que alguien me preguntase: “¿De qué me suena a mí, ese?” “Ese es Tim Robbins, tito, el de Cadena Perpetua“. Pero poco más, no era más que un entretenimiento que, sin embargo, me fascinaba.

Pero fue con el voluminoso tomo de Augusto M. Torres con lo que mi visión del cine cambió totalmente. Me lo leí de cabo a rabo. Cualquiera que me viese ante él, pensaría que me lo estaba estudiando. Y en cierta manera, tendría parte de razón. Descubrí que había un tal Billy Wilder, un actor llamado James Stewart, o películas de las que no había oído hablar jamás y que parecían en principio ser maravillosas.

Pronto mi perspectiva fue arrolladora, cinéfila en sus cimientos, crítica con el cine. Aquello fue reforzado con el regalo de Reyes que recibí en los años 2002 y 2003: sendas guías de las películas que se habían hecho en esos años, con amplias reseñas y recomendaciones.

Empecé a ver el cine de otra forma. Descubrí la gran cantidad de basura que inunda (también) al cine, y a valorar muchísimo más las películas con fondo, con mensaje, con contenido, con talento, con grandes interpretaciones, buena música, buena fotografía, buen guión, buen final. Entendí definitivamente que el cine bien hecho podía ser, como todo, una obra de arte.

Hoy, con más de 100 críticas de cine publicadas a mis espaldas, me he propuesto una experiencia introspectiva que no sabía cómo iba a resultar.

En octubre de 2005 realicé una crítica para AlohaCriticón sobre la película Doce Monos (1995), de Terry Gilliam, una cinta que me pareció abominable y dantesca, una de las mayores pérdidas de tiempo que recordaba como espectador de cine (se puede leer aquí). Como mi crítica aparece la tercera si escribes: “doce monos” en Google, me he convertido en el principal representante de los detractores de la película. Tuve muchas réplicas al respecto (algunas tan risibles como ésta), porque había vapuleado una película que muchas personas consideraban obra maestra. Personalmente, no sé qué se le pudo pasar por la cabeza a Terry Gilliam para hacer un remake del fantástico corto La Jeteé (que también he visto, y hablo sobre él aquí), y cargárselo completamente.

Más de dos años después, he vuelto a ver Doce Monos. Sí, me he atrevido. Quería comprobar si mi visión del cine ha cambiado desde 2005, donde pensé que Doce Monos era una de las peores películas que había visto en relación pretenciosidad/resultado.

Ciertamente, volver a ver la película ha sido algo muy positivo para ayudarme a conocerme a mí mismo, y la evolución de puntos de vista en los últimos dos años. Desde 2005 he visto casi 1000 películas más, y por supuesto, la visión crítica estará ahora más perfilada que entonces.

He visto y observado Doce Monos al detalle. No con actitud de destrozarla aún más, sino con la intención de intentar descubrir virtudes que pudiera ser que entonces no viera, y si había pasado por alto detalles por los que la gente valora tanto la película.

El resultado ha sido sorpresivo: sigue sin gustarme (nada), pero Doce Monos no es taaaan mala como yo pensaba. Bruce Willis verdaderamente se esfuerza por actuar en su papel protagonista, Madeleine Stowe no lo hace mal, y Brad Pitt, a pesar de su megahistrionismo, queda hasta divertido. Sin embargo, las labores de dirección de Gilliam son preocupantes, y el guión dista mucho de tener la brillantez global de La Jeteé.

De lo que no me acordaba y me ha sorprendido gratamente es de la banda sonora, compuesta por Paul Buckmaster (colaborador de Elton John), con una melodía de acordeón que aún no me he podido quitar de la cabeza.


Ahora puedo decirlo: Doce Monos no es tan pésima, y con mucho gusto rectificaría mi crítica en AlohaCriticón, pero conservo una coherencia entre mi perspectiva de entonces y de hoy. Puedo decir que mi trayectoria como crítico de cine, por insignificante que sea, continúa firme y ascendente. Y lo mejor de todo: con total seguridad, hoy amo más el cine que cuando vi Doce Monos en 2005.

10 comentarios

Archivado bajo Cine y Televisión

No quedaba mucho

No quedaba mucho para que Luisfer cumpliese 22 años. Intentó relajarse, se puso los auriculares y escuchó Light of Day, de Tommy Stinson, a todo volumen. Le encantaba la guitarra que, melancólica y resignada, acompañaba a la voz hastiada del vocalista. Se dio cuenta de que tenía ganas de llorar.

¿Cuánto hacía que no lloraba? Meses. Hubo un tiempo en que Luisfer lloraba todos los días. Sobretodo cuando pensaba en su infancia. Cuando tenía 10 años, creía que iba a ser el mejor informático, el mejor dibujante, el mejor escritor, el mejor periodista, el mejor músico sobre la faz de la Tierra. No es que lo creyera, es que lo sabía. Y conforme iban pasando los años, eso le hacía sufrir. Temía que su idealismo se conviertiera en utopía.

¿Necesitaba llorar? Pensó que llorar era la única manera que se le ocurría de volver a sentirse vivo.

Se levantó y entró en el cuarto de baño. Encendió el grifo de la ducha y lo giró a la izquierda, para que saliera todo lo caliente que fuera posible. Cuando metió su cuerpo desnudo debajo del chorro, dejó que el agua se fuera enfriando, a pesar de que era invierno.

Pensó en que posiblemente las cosas habían cambiado. A lo mejor ahora sólo se conformaba con tener una vida correcta. Tener un rato para tomarse una ducha de agua fría, poder saborear un bombón After Eight, mirar por la ventana y preguntarse la historia de algún transeúnte.

Las cosas sencillas. Tan alejadas de Luisfer en otro tiempo, ahora tan próximas y accesibles. Si no se hubiera sentido tan brillante en tantos aspectos, habría sabido apreciar mucho antes este tipo de cosas.

Supo que, antes de dormir, le asaltarían centenares de pensamientos. Algunos de ellos deprimentes. Otros inquietantes. Pero era parte de su vida.

Se durmió y soñó con un suceso tan ininteligible como intenso emocionalmente.

7 comentarios

Archivado bajo Sin categoría

Heath Ledger: Brokeback Life

Supe por primera vez del actor Heath Ledger en una película extemporánea y harto comercial llamada Destino de Caballero. Se implicó erróneamente en la horrible El Devorador de Pecados, y fue en Monster’s Ball cuando llamó mi atención. Supe entonces que Ledger era un actor prometedor, una estrella en ciernes. Mientras, lo vi como hijo de Mel Gibson en El Patriota, pero fue en Brokeback Mountain, la controvertida película de Ang Lee, donde Heath Ledger me demostró que era alguien muy a tener en cuenta en el cine. Imposible superar su actuación como cowboy gay en su condición de heterosexual.

Me da por empezar mi ronda nocturna de leer los periódicos y veo la noticia: Heath Ledger ha muerto.

Para un cinéfilo como yo, lo primero que se me venía a la cabeza era la incredulidad. Cuando en 2006 se confirmó que interpretaría a Joker, villano de la saga Batman, revisitada por el talentoso director Christopher Nolan, empecé a ver críticas a mansalva. Nadie terminaba de ver que Ledger pudiera encajar. Y yo me acordé de las películas en las que le había visto, y pensé: “Pues es una buena elección”. Hoy, a cuatro meses de estrenarse The Dark Knight, la nueva película de Batman, se hablan maravillas de la encarnación de Ledger como el sonriente malvado. Y el tráiler de la película deja muchas esperanzas al respecto.

En estos momentos se barajan muchas hipótesis sobre la muerte del actor, y la que más peso tiene es que se trata de un suicidio provocado por pastillas. Recientemente se había separado de la bella actriz Michelle Williams (a la que conoció en el rodaje de Brokeback Mountain), y tenían en común una niña de dos años.

Esto me hace pensar en la influencia que pueden tener la fama y el dinero sobre la muerte. Heath Ledger lo tenía aparentemente todo: un futuro desbordante (tenía 28 años), una carrera cinematográfica en alza, una fama de crecimiento exponencial, y una película por venir (The Dark Knight) que sin duda iba a darle el estatus de actor mítico. Pero sus problemas le han vencido, y no ha sabido/querido seguir adelante.

¿Afectan en la misma medida los problemas cotidianos a una superestrella que a un hijo de vecino? Evidentemente no. Pero cuando creemos que los astros, esos seres que van a los mejores restaurantes y hoteles (generalmente invitados), que son abordados por legiones de fans (a los que ese día les compensa haberse levantado de la cama, por un simple autógrafo suyo), cuyos nombres son conocidos por millones de personas y que pueden tener todo lo que quieran, no son como nosotros, quizás nos engañamos. Heath Ledger podía ser una de las personas más famosas de la historia de Australia, y tener una nominación al Oscar y tanto dinero que no podría gastarlo aunque se lo propusiera. Pero Heath Ledger sufría. Y hoy, 22 de enero de 2008, decidió que no quería continuar sufriendo.

A veces tenemos problemas y nos sentimos realmente solos. No hay salida, y sentimos que nadie comprende nuestra situación. Entendemos que son nuestras circunstancias adversas las que nos han colocado en un callejón oscuro, y que no hay marcha atrás, pero incluso en las circunstancias más favorables, hay baches, obstáculos y hay que saber acogerlos con valentía y coraje. Para Ledger no fue suficiente tener una vida por delante y muchos éxitos por experimentar. Yo, un hijo de vecino, una persona famosa simplemente entre sus familiares, amigos y conocidos, pienso seguir adelante. Porque esta noticia me ha recordado algo muy importante: en esta vida, en este planeta llamado Tierra, unos podremos tener más dinero, o más fama, o más poder, pero estamos todos juntos en esto: en la tarea, en la meta de vivir. No sobrevivir; vivir.

Heath Ledger (1979-2008): Ojalá hubieras luchado más, disfrutarías junto a todos nosotros de lo que adelanta este vídeo

7 comentarios

Archivado bajo Cosas mías, Mundo

Entrevista a una optimista

ENTREVISTA A IRENE VILLA, VÍCTIMA DEL TERRORISMO

“Hay que pensar que es la única vida que tenemos y no podemos desperdiciarla”

Irene Villa González (Madrid, 1978) es periodista. Sufrió un grave atentado terrorista unto a su madre el 17 de octubre de 1991, cuando tenía doce años de edad, en el que perdió las dos piernas y varios dedos de la mano. Hasta 2007 ha sido delegada de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, y hace vida normal gracias a una compleja operación efectuada en 2006 en Gotemburg (Suecia). En 1992 fue candidata al Premio Príncipe de Asturias y en 2004 publicó un libro llamado Saber que se Puede.

Luisfer: ¿Cómo se vive siendo víctima del terrorismo?

Irene Villa: Sin terminar de creérmelo. No puedes estar siempre pensando en que alguien ha intentado asesinarte. Sencillamente afrontando la vida con valor y optimismo, y no perdiendo jamás la esperanza en que algún día se acabará el terrorismo.

Luisfer: Hablando de que se acabe el terrorismo. Parece que la situación está a cara o cruz respecto a negociar con ellos o que sigan matando, ¿qué soluciones ves al respecto?

Irene Villa: La única solución que he visto siempre es la unidad de todos los partidos contra ETA y el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Los demás intentos, atajos, artimañas, nunca han funcionado. Es necesario defender la fortaleza del estado de derecho y no dejarse chantajear por un grupo de mercenarios, que han olvidado que luchan por la libertad porque nos la quitan a los demás.

Luisfer: Viendo que la unidad de los partidos no está precisamente muy consolidada en este aspecto, ¿ves politizada hoy en día la reivindicación de los derechos de una víctima del terrorismo?

Irene Villa: Eso es lo que se quiere dar a entender para que la opinión de las víctimas no se oiga. Se nos tacha de lo que no somos para no escucharnos. Me da tanta pena que hayamos llegado a este punto, que hace un año decidí retirarme de la vida pública. Es muy triste que se confunda el no querer rendirse al terrorismo con intereses en un partido político. Jamás tendremos color político las víctimas, sólo queremos que quien esté en el poder no se olvide de la memoria, la dignidad y la justicia, nada más.

Luisfer: Me imagino lo duro que es que a uno lo etiqueten simplemente por querer sensibilizar a la sociedad. Si te pusiera enfrente a Antobo y Kantauri, los que el 17 de octubre del 91, te forzaron a una ‘nueva vida’, ¿qué les dirías?

Irene Villa: Que lo siento por ellos. Van a tener que cumplir su condena (¡si relamente vivimos en un estado de derecho!)

Luisfer: Licenciada en Psicología, Humanidades, y Comunicación Audiovisual… ¡casi nada! Representas un ejemplo para aquellos que, aun con unos obstáculos considerables, consiguen retomar su vida. ¿Cuáles fueron tus principales motivaciones?

Irene Villa: Ser feliz, no pararme ante nada, demostrar que aunque no tuviera piernas podría hacer lo mismo que las demás niñas de mi edad… ¡y creo que me pasé! Lo fundamental es saber que con constancia y voluntad, no hay nada que el ser humano se proponga y no consiga. Yo aún no sé dónde están los límites de una doble amputada, porque todo lo que he querido, lo he hecho.

Luisfer: Y lo por lo que sé, tampoco has tenido que privarte de practicar deportes o viajar…

Irene Villa: Ése fue mi mayor reto: volver a hacer deporte, una faceta en principio truncada hasta que conocí a la Fundación También, de deporte adaptado. Ese día el cielo se abrió para mí. No podía patinar sobre hielo, que era mi pasión, pero descubrí que podía esquiar, bucear, hacer piragüismo, handcycling, natación…. y muchas cosas más. Además los viajes me han servido muchísimo para formarme, abrir la mente, comprender muchas cosas que antes no entendía, conocer gente interesante, aprender otras lenguas…

Luisfer: Desde luego, con lo que me cuentas, si viviera un acontecimiento similar que me cambiara la vida, te tendría como referente. ¿Qué me dirías en ese caso, qué crees que me ayudaría a tomármelo con optimismo?

Irene Villa: Pensar que quizá es la única vida que tenemos y no podemos desperdiciarla. Que por mucho que llores nadie te va a devolver tu vida anterior y no merece la pena sufrir por algo que ya no tiene vuelta atrás. Sencíllamente, inteligencia emocional, esa que tanto precisamos todos para poder disfrutar de cada instante y hacernos la vida más fácil.

Luisfer: …Y fortaleza, como la que tú desprendes. Coméntame tu libro “Saber que se puede”, que publicaste en 2004.

Irene Villa: Es un libro de superación, autoayuda, esperanza… Trato de transmitir fuerza y amor a todo el que lo lea porque creo que el amor es el motor del mundo. También trato de conseguir la paz, y como creo que la paz empieza por uno mismo, trato de dar quietud y sosiego. Y esperanza, a las víctimas, a todos los que hayan sufrido la violencia, a todos los que hayan tenido que pasar por una situación difícil.

Luisfer: También estás en la radio, ¿dónde se te puede seguir la pista?

Irene Villa: Los jueves tengo un pequeño espacio en La Linterna (COPE). En tres minutos expreso mi parecer, sentimiento, opinión, acerca de la actualidad. Trato de dar voz a los colectivos menos escuchados y lanzar quejas que la mayoría tenemos. No suelo ser políticamente correcta, pero me permito esa licencia para ser realmente la voz del pueblo, sin etiquetas no intereses políticos, por supuesto.

Luisfer: Procuraré oirte a partir de ahora. Muchas gracias por aceptar la entrevista y sigue siendo una estela de, como en el título de mi blog, Esperanza y Constancia.

Irene Villa: ¡Muchísimas gracias! ¡Hasta pronto!

Enlaces: Irene Villa en la Wikipedia

10 comentarios

Archivado bajo Mundo

Cómo reclamar a una compañía telefónica

Tengo internet en casa desde 1998. Al principio, fue con Telefónica, pagando por lo que nos conectábamos. El control sobre cada conexión era muy fuerte, y pronto accedimos a tener un bono de 10 horas al mes, un periodo temporal que ahora nos parece irrisorio (vamos, que hoy en día me parecería como beber una sola gota de agua después de andar por el Sahara durante días).

Hubo un día en el que mi padre decidió que Internet de verdad era un gran invento, y tuvo la a priori fabulosa idea de contratar tarifa plana con la (entonces) novedosa tecnología del RDSI. Tarifa plana que no era tan plana, puesto que cada día esperaba con ansias que dieran las seis de la tarde, y a veces me levantaba muy temprano por la mañana, antes de que dieran las ocho, para disfrutar un poquito más de aplicaciones como Napster o la primera versión del Messenger.

Fue con el RDSI cuando empezaron los problemas. Llegamos a llevarnos meses y meses sin Internet y a veces hasta sin línea, y venga a llamar al famoso 1004. Llegamos a hablar con más de treinta o cuarenta teleoperadores diferentes, y todos nos decían lo mismo: que a partir de la semana que viene iría un técnico para nuestra casa.

Estoy hablando de noviembre o diciembre, y fue en abril cuando vino el dichoso técnico, estuvo cinco minutos delante del ordenador, y dijo: “esto es que estaba mal configurado”.

El RDSI fue una experiencia nefasta, al principio encantados porque íbamos a contar con 128 kb/s y simultaneidad entre Internet y teléfono (recordad, chicos, antes si te conectabas a Internet, en el teléfono comunicaba), cuando nuestros conocidos se conformaban con 56 kb/s, pero para nada compensó tener ese armatoste gris que era el aperitivo del ADSL.

Después de aquello, las compañías telefónicas se han sucedido: Terra, Telefónica nuevamente, Uni2, Wanadoo (horrorosísima experiencia, absolutamente vomitivo, no se lo recomiendo ni a mi peor enemigo), y por último ya.com

Con todas hemos tenido problemas. Con todas. En todo caso hemos tenido que perder nuestro tiempo para escuchar versiones actuales de “Para Elisa”, de Beethoven, del Ragtime, de “Heroes” de David Bowie, de “La Muchacha de los Cabellos de Oro”, de Debussy. Y pagando, claro, a esos dichosos 902.

Toda esta introducción sirve para enlazar con la anécdota que deseo contar aquí. Desde que me independicé en septiembre, una de mis prioridades era tener Internet. Como trabajaba en Smallsquid, me compensaba el gasto de línea y conexión. Se lo propuse a mis compañeros de piso, y aceptaron. Pero había que pensar muy bien qué compañía elegir, y sobretodo, cuánto estábamos dispuestos a gastarnos y en qué condiciones.

Tras una semana buscando, encontramos la siguiente oferta:

TELE2 ADSL.- 20 Megas. Gratis hasta Enero 2008. Router WIFI Gratis si es Alta ONLINE. 39,90 € / mes + IVA. Incluido llamadas a fijos nacionales. Cuota de mantenimiento de línea: 0 € (nos libraban de las facturas de Telefónica, vaya).

Nos pareció un chollo, puesto que estábamos en octubre, y podíamos tener dos meses gratis por la cara, y la cuota no estaba mal, teniendo en cuenta que en cualquier momento podíamos darnos de baja por 39,90 euros (que comparados con los 119 € que estipula ONO, es verdaderamente una ganga).

28 días contados tardaron en mandarnos el router, con lo que no nos salvamos de pagar a Telefónica mientras tramitaban el asunto.

Hasta el 4 de diciembre (nos dimos de alta a finales de octubre) no tuvimos Internet de verdad, a una velocidad que, aunque es rápida (y se nota), dudosamente son los 20 Mb que se nos prometieron.

Habíamos esperado mucho. Demasiado. Pero ya teníamos Internet. Ya podría usar el Emule, escribir mis artículos sin necesidar de irme a la facultad a pillar su red, mirar el Netvibes todos los días con tranquilidad… y sentíamos que la espera había compensado. No importaba la paciencia que hubiéramos tenido. Ya lo teníamos. Y eso parecía ser lo único importante.

Me enviaron, a las tres semanas de tener Internet, un contrato de prestación en el que ponía que el Router WIFI se nos cobraba. Llamé y exigí una revisión del contrato. Tras media hora de hablar con una teleoperadora bastante cortita (es la verdad), conseguí que entendieran a qué me refería. Me mandaron la revisión del contrato, que no tenía ninguna diferencia respecto del original. Me llamaron para decirme qué día me venía bien que se pasaran por mi domicilio a recoger el contrato. Todavía no han venido, y en el momento que escribo esto, estamos a 18 de enero.

También tuvimos un percance del 3 al 14 de enero: hubo un cruce de líneas, y estuvimos sin línea ni Internet todo ese tiempo. Llamaba desde una cabina telefónica al servicio técnico, pero su respuesta era la misma: “Ya irán los técnicos. Ya les llamarán”. Cuando por fin se restableció la línea, me llamó a mi móvil una empleada, y muy apurada nos prometió que nos regalarían el mes de enero por los perjuicios. Le dije: “Estupendo. Menos mal”.

Pero viene lo mejor: antes de ayer, reviso mi cuenta online de La Caixa, y veo: “TELE2: -93,10 euros“.

A cuadros. Mi cara, a cuadros.

Empecé a pensar: “Ya está. Ya nos han timado. Lo de siempre.”

Recapitulé: la factura debía contener mes de diciembre (NADA, gratis hasta 2008); mes de enero por adelantado (NADA, me lo habían regalado por el percance); router WIFI (NADA, porque hice el alta online); llamadas a 902 (en su mayoría al propio servicio técnico de TELE2) y móviles, en total 5,35 euros + IVA. Total: 5,35 € + IVA.

Pero los 93,10 euros estaban ahí, formando un boquete en mi cuenta bancaria con cantidades económicas propias de un universitario.

Lo miré avanzada la noche, así que se pudo decir que me dieron la noche los de TELE2. La cantidad de vueltas que di a la almohada no tiene nombre.

En cuanto me levanté, se lo conté a mis compañeros de piso y me decidí a llamar. Supe que mis anteriores experiencias (sobretodo con los estafadores de Wanadoo), algo tenía que haber aprendido, y que seguro que era más fuerte y espabilado que la última vez.

Hice un par de consultas en Internet, marqué el número, puse el manos libres y el MP3 al lado del teléfono. Después de tres o cuatro minutos de una música que recordaba a la versión de “Somewhere over the Rainbow” de Israel Kamakawiwo, sonó desde el otro lado:

TELE2: “Hola, buenas tardes. Soy XXX, ¿en qué puedo ayudarle?”

Yo: “Hola, buenas tardes. Soy cliente de TELE2. Quiero que sepa que por el Real Decreto 658/2001, estoy obligado a comunicarle que tengo intención de grabar esta conversación“.

TELE2: “Er… er… ¿qué? Un momento”.

La canción parecida a “Somewhere…”. Tres minutos.

TELE2: “¿Oiga?”

Yo: “Sí”.

TELE2: “¿Es usted cliente de TELE2?”.

Yo: “Sí, claro”.

TELE2: “¿Cuál es el motivo de su llamada?”

Yo: “Me ha llegado un cobro, y no estoy nada de acuerdo con el importe”.

TELE2: “Un momento. Por favor. Es que es la primera vez que me graban. Voy a consultar…”

Yo: “Consulte, o póngame con alguien con quien pueda hablar, algún superior, o alguien que acepte que se le grabe la llamada”.

TELE2: “No, no. Yo mismo. Simplemente voy a preguntar…”

La canción (bis). Otros cinco minutos.

Bueno, me llevé media hora negociando con el teleoperador, comprobando datos, la canción parecida a “Somewhere…” una y otra vez. El operador medía muy bien sus palabras, en su voz se notaba tensión. Sabía que le estaba grabando, así que procuraba que no hubiese malentendido alguno. Se resistía a aceptar todo lo que yo le explicaba, se liaba… casi al final de la llamada reconocía que podía haber un error.

Finalmente, el operador me dio toda la razón, y me prometió que nos van a descontar todo lo que no son las llamadas a 902 o a móviles. O eso dicen.

Colgué, y me sentí como Aquiles después de luchar contra los troyanos.

¿Es esto lo que nos espera para siempre? ¿El miedo a ser timados? ¿Infringir miedo a los teleoperadores, que muchas veces no tienen culpa? ¿Es necesario luchar a la hora de reclamar? Desde 1998 a 2008, y ¿nada ha cambiado?

Tengo la voz grave, y cuando me pongo, mi tono de voz suena muy autoritario, calmado y solemne. Sé que esto ayuda, porque lo he comprobado en otras situaciones parecidas. Pero, francamente, si mi abuela tuviera Internet, no me la imagino pagando una cantidad menor que los 93,10 euros de marras.

Puede que haya segunda parte de esta entrada. Al fin y al cabo, a día de hoy no me han devuelto nada, sólo me lo han prometido.

ACTUALIZACIÓN: A día de hoy, 31 de enero de 2008, se me han devuelto sólo 21,04 euros de lo que reclamé. Ante los correos que me habeis enviado, me percato del error, y el Real Decreto 658/2001 es simplemente un documento por el que se aprobó  el Código Deontológico de la Abogacía Española. En este Código, en el artículo 5.4, se dice:

Las conversaciones mantenidas con los clientes, los contrarios o sus abogados, de presencia o por cualquier medio telefónico o telemático, no podrán ser grabadas sin previa advertencia y conformidad de todos los intervinientes y en todo caso quedarán amparadas por el secreto profesional.
No soy licenciado en Derecho ni tengo demasiada idea sobre el tema, así que reconozco mi error y me pongo a vuestra disposición para cualquier información que querais dar sobre esto.

15 comentarios

Archivado bajo Cosas mías, Mundo

El placer de la obra terminada

Tengo el gusto de presentaros philipkdick.wordpress.com, donde he alojado mi trabajo:

Un Obseso de la Realidad
Análisis de la obra de Philip K. Dick
Formato PDF – Licencia Creative Commons
44 páginas, 363 kB

En el enlace podeis leerlo y descargarlo. Ya me contareis.

Recuerdo a los presentes mi exposición sobre el trabajo del día 24 de enero, a las 10.30 horas, en la Escuela Superior de Ingeniería Informática (Av. Reina Mercedes, s/n. 41013 Sevilla), en el Aula 24 (1ª planta).

Conozco pocas satisfacciones que superen a la de verse con una obra terminada, y estar contento con el resultado.

Imagen de philipkdick.com

9 comentarios

Archivado bajo Literatura

Reencuentro Musical

Hay un programa de radio que escucho desde tiempo inmemorial. En su momento se llamaba Tercer Milenio, y ahora se llama Diálogos 3. Está presentado por el veterano y polivalente Ramón Trecet.

Es el mejor programa de música que he escuchado en mi vida. Gracias a él he descubierto a artistas como Hevia, Philip Glass, Nightnoise, The Chieftains, Penguin Cafe Orchestra, Poozies, Dulce Pontes, Majorstuen, Hans Zimmer, Wolfstone, Sharon Shannon, Kila, Loreena McKennitt y un sinfín de buena música que jamás habría encontrado por otro medio.

Tras varios meses en los que me aparté un poco del programa porque Trecet insistía demasiado con música turca, griega y de más allá (que no me interesaba mucho), he tenido un reencuentro alucinante con la música que me llena, que me hace poner los auriculares a tope y concentrarme exclusivamente en saborear unas melodías que parecen de otro planeta.

Hoy he escuchado Diálogos 3, y me he dado cuenta de la gran cantidad de canciones maravillosas que me he perdido a lo largo de estos meses. No pienso dejar que ocurra otra vez. Hoy me he deleitado con música de (enlazo vídeos musicales):

· Joni Mitchell
· Julio Pereira
· Ludovico Einaudi
· Eduardo Laguillo
· Bajofondo

Diálogos 3 se emite de lunes a viernes, de 15.00 a 16.00 horas, en RNE3

Gracias, Ramón Trecet

6 comentarios

Archivado bajo Música

Philip K. Dick. Un Obseso de la Realidad

Como avisé el pasado 14 de octubre (aquí), estoy inmerso en un análisis sobre la obra de Philip K. Dick (1928-1982), titulada Un Obseso de la Realidad. Está prácticamente terminado, a falta de unos flecos. El trabajo será publicado en cuestión de varios días en formato PDF con licencia Creative Commons.

Tengo que anunciar también que llevaré a cabo una exposición basada en el trabajo, como evaluación para la asignatura Tecnología, Informática y Sociedad, de 5º curso de Ingeniería Informática por la Universidad de Sevilla.

La exposición estará centrada en el estudio que el conocido novelista de ciencia-ficción realizó sobre la realidad y los límites del conocimiento.

Su esquema será el que sigue:

La obra de un visionario
I. Ojo en el Cielo
II. Tiempo Desarticulado
III. El Hombre en el Castillo
IV. La Penúltima Verdad
V. Los Tres Estigmas de Palmer Eldritch
VI. Ubik
VII. ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?
VIII. Empatía Natural en un Mundo Artificial
IX. Fluyan mis Lágrimas, dijo el Policía

Philip K. Dick en el cine
Influencias Reconocidas (Blade Runner, Minority Report, Desafío Total, A Scanner Darkly…)
Influencias no Reconocidas (El Show de Truman, eXistenZ, Matrix, Abre los Ojos…)

Teóricamente es una clase como cualquier otra, pero por el carácter de la asignatura, no hay problema en que puedan asistir personas que no sean alumnas, así que cualquier interesado puede dejar su comentario en este post indicando la posibilidad de poder ir. Personalmente me hará mucha ilusión contar con alguno de vosotros.

INDICACIONES

Lugar: Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática. Av. Reina Mercedes, s/n. 41012 Sevilla. AULA 24 (1ª planta).
Fecha y hora: 24 de enero a las 10.30 h (aproximadamente, pues mi exposición no será la única)
Duración: 20-25 minutos

Nota: La imagen de portada es provisional. Actualmente se está ocupando de ella una auténtica profesional del dibujo y la pintura.

Relacionados | Mi reseña de ‘Ubik’, Mi reseña de ‘¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?’

7 comentarios

Archivado bajo Literatura

El buen cine

Ante todo, feliz año a todos. Que se cumplan vuestros deseos e intenciones. Los míos son sencillos: que se mantenga el nivel de la segunda mitad de 2007 y que mi madre se cure.

He sido asediado por muchas personas, cuando he hablado sobre cine. Ya sean conocidos, amigos, compañeros de clase, e incluso familiares. Se ríen de mi perspectiva crítica a la hora de ver una película. La frase del día es: “Luisfer, qué tal es la película X”. Y contesto: “Bah, regular”. Replican, riendo con socarronería: “Eso es que está bien”. Muchos se quedan con esta anécdota, hasta el punto de decir, “a Luisfer no le gusta ninguna película”. Parece que no sirve de nada recordar esta lista.

Ayer vi ‘Soy Leyenda’, una película de la que me esperaba mucho, viniendo de la magnífica novela del especialista Richard Matheson (que tiene una obra aún mejor: ‘En Algún Lugar del Tiempo’), y mis amigos me han reprochado mi actitud a la hora de verla. Admito que cuando me pongo, soy reiterativo y chocante. Pero ver un espectáculo para el lucimiento de Will Smith, bichos por ordenador que abren mucho la boca y una pseudorreligión a la americana, tirando a la basura la extraordinaria trama de la novela, me parece indignante, y no puedo callármelo. Lo siento mucho.

Con esto quería yo llegar a que, mientras cenaba, he hecho zapping en la TV. No solía hacerlo, pero desde mi emancipación, cuando almuerzo o ceno, suelo curiosear a ver con qué basura aporrean a la sociedad. El caso es que me he parado en esa cadena que todo el mundo suele obviar. Sí, hablo de La2.

Una película. Española, seguro. Eso me echó para atrás en primera instancia. Me parece que nuestro cine es, por lo general, uno de nuestros peores defectos como país.

Y al ver la cara de Carlos Iglesias reconocí de qué película podía tratarse, aunque no la hubiera visto. Sí, era ‘Un Franco, 14 pesetas’, y deduje que la proyección de la película formaría parte de ‘Versión Española’, ese programa de divulgación del cine español presentado por Cayetana Guillén Cuervo.

Total que, mientras terminaba de comer, descubrí que la película me estaba enganchando. Tanto, que dejé los platos en la mesa, y sin poder levantarme siquiera, me puse a verla con total entrega y disposición.

Hoy he recordado por qué me fascina tanto el cine. Es un modo de expresión que me llega al alma. El buen cine. El que dispone de una persona que crea una idea y la expresa mediante imágenes, diálogos, banda sonora. Lejos de la industria productora que mete explosiones y sexo con calzador. Un cine que se sustenta en un guión precioso y valioso, que es capaz de conmover, que sale de la pantalla para que el espectador ría, llore, se meta en la piel de uno u otro personaje.

‘Un Franco, 14 pesetas’ es la historia de unos emigrantes a Suiza. Un país que, personalmente (no sé por qué), siempre me ha alucinado. Nunca he estado, pero si me preguntaran, sabría indicar los nombres de al menos 20 ciudades, y seguro que ninguna tiene más de cien mil habitantes. Terminaré visitando Suiza, de una manera o de otra. Y más después de ver esta obra de arte. Hermosísima historia, tan real y tan ‘de aquí’ que se te mete en las entrañas de una forma placentera y gozosa. Qué orgía de buen gusto, buenas intenciones, alegría, talento, jovialidad, belleza, ilusión. Sobretodo eso. El cine por el cine. Sin mirar el balance de beneficios. Con ilusión. Gracias, Carlos Iglesias.

El buen cine existe, y moriré sabiendo que, en vida, he disfrutado del cine lo mejor que he podido. Soy capaz de llorar con ‘Big Fish’, ‘El Hombre Elefante’, reír hasta la asfixia con ‘Arma Fatal’ o ‘El Jovencito Frankenstein’, quedarme anonadado con ‘Memento’, aplaudir espontáneamente con ‘Blade Runner’, sonreír con ‘Ratatouille’ como sólo hacía cuando era niño, flipar con ‘Cadena Perpetua’, ‘Sospechosos Habituales’, ‘El Show de Truman’ o con ‘Match Point’. Soy de esos que consideran que un día viendo 5 películas no es, ni mucho menos, un día perdido, sino un día hacia el crecimiento y la madurez como otro cualquiera.

En este año 2007, gracias a Smallsquid, he tenido la oportunidad de realizar decenas de críticas de cine, y la labor de un crítico de cine (ahora más que nunca), parece asociada a pisotear películas porque sí, a derrumbar mitos simplemente por polemizar, como si el cine en realidad no nos gustase, nos dejase indiferentes. Por Dios, es precisamente porque amo el cine que aliento a las grandes películas y reprimo a las malintencionados y de consumo rápido.

Dicho esto, si no me trago cualquier cosa que sale en los cines, si soy exigente con las películas porque realmente se puede hacer buen cine, si no acepto que tiros, explosiones, bombas, chicas, persecucciones conformen un entretenimiento bello y plausible… por favor, dejadme en paz.

7 comentarios

Archivado bajo Cine y Televisión