Archivo mensual: septiembre 2008

Radio

Cuando tenía 10 años me presenté a un concurso de radio en la Cope Sevilla. El tema era hacer un programa de ecología de una media hora y elegir las canciones para alternarlas con el monólogo. Sólo recuerdo haber elegido ‘Here comes the Rain Again’ de Eurythmics y ‘Contamíname’ de Víctor Manuel y Ana Belén. Cuando fui acompañado de mi madre a la sede y grabé el programa, por lo visto salió tan bien que el técnico de sonido se quedó impresionado. Pensaba que era una broma. Salí por la puerta y todo tipo de personas empezaron a decirme que era un fenómeno, que era el nuevo José María García y demás cosas que no entendía.

La verdad es que a los cuatro años mi padre me compró una grabadora de cintas de cassette y me llevaba todo el día con ella, me grababa tarareando canciones de The Police o de Mike Oldfield, y ciertamente, ya estaba acostumbrado a eso de que mi sonido quedara “registrado”.

El premio fue un saco de chucherías que tardó meses en acabarse.

Desde entonces tuve claro que la radio era un mundo fascinante para mí. Un objetivo, una meta, algo a lo que debía llegar en mi proyecto de vida personal.

El sábado pasado se ha materializado esa parte del proyecto. Estaré todos los sábados, a eso de las doce y media, de aquí a junio de 2009, como colaborador en un programa cultural llamado ‘La alternativa’, de Cope Catalunya (lo que son las cosas, en la Cope empezó mi relación con la radio y en la Cope se consolida). Hablaré de libros, claro, en una sección creada para la ocasión que se titula ‘De buena tinta’.

En esta primera vez, se me nota nervioso, sobretodo porque había un eco que no me dejaba mantener una conversación fluida. Pero todo es cuestión de mejorar. Me presentan, presentan a Papel en Blanco, el blog literario al que represento, y hablo sobre los nuevos libros de Paul Auster, Haruki Murakami y José Saramago.

Lo mío con la radio es el principio, espero, de una larga amistad.


Enlace a Papel en Blanco | De buena tinta: Auster, Murakami y Saramago

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La emancipación, al detalle

Hola, mi nombre es Luis Fernando Romero Calero, tengo 22 años y me independicé a los 21.

El 28 agosto de 2007 tomé una de las 3 o 4 mejores decisiones que he realizado en mi vida. Fue emanciparme. Lo hice. Con (permitidme la expresión) dos huevos. Pasé de vivir en Santa Clara, un barrio residencial formado por casas que algunas sobrepasan el millón de euros de valor, a vivir en Bami, una barriada cuyo único aliciente es situarse al lado del hospital Virgen del Rocío y encontrarse cercana a la avenida de Reina Mercedes, donde está mi facultad.

Muchos me preguntan por qué lo hice. Y lo que suelo contestar es: “Porque tenía que hacerlo. Lo necesitaba”. Estuve un verano entero trabajando, bien delante del ordenador o de camarero en bodas. Hubieron conflictos, dudas, luchas y conquistas. Pero finalmente me independicé, y a día de hoy sigo pensando en que bendito el día en que se me ocurrió hacerlo.

Me hace gracia, sin embargo, como mi impresión sobre los demás ha cambiado radicalmente. En cuanto alguien se entera de que estoy independizado, inmediatamente se interesa por los detalles. Las preguntas típicas suelen ser:

· Por qué me fui (en algunos casos, me hace ver lo cotilla que se puede llegar a ser)

· De qué vivo

· Cuánto pago de alquiler

· Si estoy solo o con compañeros

Incluso los que apenas me conocen, entablan conversación conmigo acerca de esto. De repente, empiezan a contarme que ojalá ellos hiciesen lo mismo. Se desahogan con sus penurias familiares, o el deseo de libertad que según ellos, da el independizarme. La cosa puede dar para horas si alguien se siente especialmente necesitado de embarcarse en el proyecto de la emancipación. No miento si digo que esta conversación me ha servido para ligar, y para reportarme, en fin, cierto caché social.

Unas veinte personas, durante este último año, me han propuesto formalmente que quieren irse a vivir a un piso conmigo. Es divertido porque todo el mundo ve la parte buena. Creen que así se acabarán las broncas paternas, el sentirse “niño” y no adulto, se organizarán sus vidas de una vez por todas, y en definitiva, dejarán de tener los problemas que tienen ahora.

Yo inmediatamente pongo la otra cara del independizarse. Digo que no todo es tan bonito. Pero (casi) todo el mundo se obceca. Hacen recaer su “felicidad futura” en la idea de que algún día vivirán sin el sustento de sus padres.

Nadie ve, o mejor dicho, nadie quiere ver que estudiar y trabajar es una auténtica locura. El tiempo se volatiliza, se sacrifica mucho tiempo libre para seguir firme en un proyecto que necesita mucha autoconvicción para llevarse a cabo.

Como es algo que todo el mundo me pregunta pero nadie que no lo haya vivido tiene ni idea, sirva este artículo para orientar un poco más sobre este modo de vida, que hoy en día casi nadie con menos de 29 años se atreve a emprender.

Ya digo que me ciño a mi experiencia personal, que no es la de haber acabado una carrera y tener un sueldazo, sino la de seguir estudiando (en mi caso Ingeniería Informática) y tener trabajos que dan unos ingresos suficientes, que no holgados, para poder vivir por mi cuenta.

Paso a describir ALGUNAS REALIDADES SOBRE EL ESTAR INDEPENDIZADO:

- A menos que te haya tocado el Euromillones, que tus padres estén dispuestos a que parasites de ellos pero sin verles el pelo (cosa que dudo) o que con 14 años inventaras el velcro, el formato MP3 o crearas Facebook, lo cierto es que independizarse significa TRABAJAR. Los trabajos más prácticos y accesibles para gente como tú son:

  • La hostelería, cátering y sucedáneos. Da igual que no tengas experiencia si estás dispuesto a aprender rápido. Lo único que hay que hacer es trabajar duro, y ser amable y simpático (tanto con los clientes como con los superiores) para que te vuelvan a llamar. El sueldo está entre 5 y 10 euros la hora, o bien cantidades entre los 30 a 70 euros por servicio (lo que quiere decir trabajar en una boda o celebración de cualquier tipo de principio a fin). Es dinero fácil y rápido, si buscas un sitio adecuado. En mi opinión, es un trabajo muy infravalorado que no requiere tanto esfuerzo como parece.
  • Las clases particulares. Aunque recomiendo mucho más la hostelería, las clases particulares son lo ideal si quieres un trabajo más “estático”. Los precios suelen oscilar entre 7 y 15 euros la hora, dependiendo del nivel académico de tus “alumnos” (primaria, secundaria, bachillerato, asignaturas especializadas como inglés o matemáticas…). Eso sí, tendrás que vivir de como mínimo 3 o 4 chavales para que la cosa salga rentable, y lidiar con sus respectivos padres que casi siempre pondrán pegas al pagar, y continuamente se plantearán si de verdad eres “necesario” para que su hijo/a apruebe.
  • Dependiente en una tienda. Sobretodo en el verano, o los fines de semana, hay muchas tiendas (de ropa, deportes, etc.) que buscan a un primo que trabaje en los turnos más chungos. Es un trabajo infinitamente aburrido, que consiste en estar muchas horas de pie sin hacer casi nada y de cara al público, aguantando sus quejas y preguntas absurdas. Sitios como Urende, Miró, Mediamarkt o tiendas de ropa del centro continuamente buscan personal.
  • Hay otros exclusivos para el verano como socorrista o monitor de tiempo libre que, por lo que sé, están bien pagados, pero de los que no puedo hablar mucho porque no he ejercido en ellos.

- Este punto es consecuencia directa del anterior. A menos que sacrifiques tus salidas con los amigos y comer fuera de vez en cuando, no podrás contratar una asistenta (también llamada “chica que limpia”, “limpiadora”, “muchacha”, “chacha”…), lo que quiere decir que tendrás que limpiar tu nueva vivienda de forma íntegra. Encargarte tú mismo de tu ropa, y olvidarte de ese truco mágico que consistía en echar tu ropa sucia a un cesto y encontrártela 36 horas limpia y planchada. También puedes llevársela a tu adorable madre, cosa que reconozco que he hecho bastantes veces (sobretodo en época de exámenes), pero es mucho menos satisfactorio en cuanto a que no te vas a sentir “independizado del todo”. Seguro que nadie que me envidia por estar independizado me ha imaginado limpiando un cuarto de baño, la freidora, tendiendo la ropa y luego planchándola. Tendrás que aprender a usar una lavadora, una plancha, y te aprenderás de memoria todos los artículos de limpieza que deberás comprar.

- Tendrás que pensar en una cosa más todos los días dos veces, sin excepción. Se trata de qué vas a comer. Una parte importante de tus ingresos se va a esfumar en tus visitas semanales al supermercado. Tendrás que aprender a hacer listas de la compra, a dosificarte, y a hacerte tú mismo una dieta que no te haga engordar 10 kilos de repente. Puedes optar por comer fuera habitualmente, pero para ello debes organizarte muy bien tu sueldo. La necesidad es muy sabia, y aunque no tengas ni idea de cocina, te las tendrás que apañar.

- A menos que tengas un trabajo que te dé para vivir solo, lo normal es que vivas en un piso compartido. Y tener buenos compañeros de piso es indispensable. Yo, por suerte, tengo dos con los que me llevo muy bien (aunque con algún altibajo, claro) y la convivencia con ellos es algo con lo que tienes que lidiar. Cada uno viene de su padre y de su madre y piensa de diferentes formas. Elegirlos bien, como digo, es fundamental. De lo contrario puede dar muchísimos quebraderos de cabeza e incluso puede que eches de menos las broncas de tus padres que, al fin y al cabo, muchas eran “razonables”.

- Nadie te controla, ni tienes que justificarte cada vez que sales. Puedes irte a la playa tres días sin tener que decirle nada a nadie. Puedes salir de marcha un viernes y no volver hasta el sábado al mediodía. Eso es, francamente, uno de las mayores ventajas. Eres libre. Puedes hacer lo que te apetezca. Es tu vida. Pero eso es un arma de doble filo. Llegas a tu casa y nadie te espera. Has tenido un día inmejorable y no tienes a nadie a quién contárselo a menos que utilices el teléfono, sobretodo si no tienes compañeros de piso. De cualquier manera, tus compañeros de piso no tienen por qué ser tus amigos. Ellos tienen su vida y tú la tuya y difícilmente van a hacer que te sientas menos solo.

En cuanto a esto, todos me dicen “yo no tendría problema en vivir solo, soy una persona muy independiente”. Se equivocan. Quien me conoce sabe lo independiente que soy, que tiendo a “ir a mi bola” y a no relacionarme con nadie si no lo necesito. Incluso yo me siento solo algunos días. Harás cosas que nunca sospechaste que harías. Encenderás la tele aunque no pongan nada interesante, sólo porque así al menos oirás una voz y te sentirás acompañado. Lo mismo con la radio o con tener puesta música continuamente. Habrá días en los que, si no sales de casa, puede que no hayas abierto la boca (para hablar) desde que te despiertes hasta que te acuestes. Puedes tener muchos amigos, novio/a, pero no podrás evitar que esto te ocurra de vez en cuando.

Algunos días irás a trabajar, o a la facultad, porque por lo menos te relacionarás con gente. Tomarás un café con gente que no te cae muy bien, pero así rellenas tu cupo de vida social y de paso, echas el rato.

- La relación con tus padres mejorará. Hay diferencias irreconciliables, pero se esconderán un poco y se abrirá paso a una relación más fluida, menos tensa. Tus padres serán los primeros en comprender que ahora te ven menos tiempo y no es cuestión de que esos ratos los empleen en reprenderte. Pero aquello que te molestaba de ellos, o aquello por lo que tú no eras un hijo perfecto, no habrá desaparecido. Tus padres no cambiarán de la noche a la mañana… y tú tampoco.

- Adoptarás rutinas inflexibles. Algunos ejemplos (reales o no): te harás adicto al correo electrónico. No te perderás ese programa de TV de los martes por la noche. Correrás media hora dos veces a la semana, siempre por el mismo recorrido. Desayunarás siempre lo mismo. Los jueves por la noche toca pizza barbacoa y coca-cola, como homenaje personal. Pueden ser manías absurdas, pero son TUYAS, y te aseguro que las respetarás de forma incondicional. La mía, por ejemplo, es no almorzar nunca más tarde de las 13.30.

- Cuidarás tu aspecto como te dé la gana. Nadie te podrá decir, antes de salir de casa, que la ropa que lleves no combina, o que ese nuevo peinado que te has hecho es horroroso. Esto, dependiendo de como seas, tendrá consecuencias positivas o negativas. En cualquier caso, te sentará bien sentirte dueño de esa libertad, que antes posiblemente no tenías hasta cierto punto.

- Estarás “solo ante el peligro”. Si contratas Internet para el piso, y hay cualquier incidencia (que las habrá), tendrás que arreglártelas para que no te timen, y nadie va a hacerlo por ti. Si has calculado mal el dinero que llevabas un viernes por la noche, y no te queda dinero para volver en taxi, te tendrás que buscar la vida. Si te pones enfermo, tú mismo has de ir al médico y nadie te va a cuidar (a menos que se ofrezcan tus padres, claro, en tal caso tendrás un periodo de no-independencia si a ti te parece bien). Te vas a ver en más de una situación en la que estás completamente solo, y más te vale encontrar una solución.

En conclusión, independizarse es de lo mejor. Pero desde aquí animo a todo el que haya leído este post a que mantenga los pies en la Tierra, y que no posponga su felicidad hasta que se independice, porque no tiene por qué ser así. Es muy satisfactorio independizarse cuando casi nadie se atreve a hacerlo. En Santa Clara, el barrio donde vivía y que he mencionado antes, nadie se va de casa antes de los 30. Y el que lo hace es porque se ha casado (y eso es otra historia). Te sientes bien contigo mismo, pero has de manejar muchos factores, buenos y malos. Yo llevo un año y dos semanas en ello.

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