Archivo mensual: junio 2009

No lo sé

Las cosas de cada día. La gente. Los quehaceres. Holaquetal. Yamismoterminoeso. Y por un momento, paro y pienso. Pienso en esto, en aquello. En mí mismo. Y me contesto: no lo sé.
No sé cuándo voy a acabar la carrera. El año que viene, o el otro, o el otro.
No sé si mi madre se curará dentro de dos semanas, o dentro de otros cinco años, o nunca. No lo sé.
No sé por cuánto tiempo más estaré solo. Si quiero estar solo. O si quiero no estarlo. No sé si, a las dos de la mañana, continuaré dando cabezazos en la almohada acordándome de personas que hace un año y ocho meses que ya no sé absolutamente nada de ellas. También del sexo opuesto. Sobre todo del sexo opuesto.
No sé dónde quiero trabajar ni de qué quiero trabajar. No sé si me quiero quedar trabajando en la universidad, o irme a una consultoría. Uno me dice que en la universidad desperdiciaría mi talento. Otro me dice que en una consultaría desperdiciaría mi talento. Entonces voy a mi cuarto, que tengo tres o cuatro frases imprescindibles colgadas en la pared para leerlas de vez en cuando. Una de ellas es No estás en este mundo para cumplir las expectativas de los demás. Aun así, no lo sé.
No sé si seguiré escribiendo, si publicaré algo en papel, si me cansaré, si diré: ‘A currar, que es lo mío’. Y no escribiré. Y reflexionaré las cosas de otro modo a como las hago ahora. Veré los partidos del Sevilla acompañado de los mismos, y lo máximo que alguien sacará de mí en una conversación será que, efectivamente, necesitamos un nuevo lateral derecho. Y cuando me pregunten cómo me va, algo personal, mi vida, diré: ‘Bien, tirando, como siempre’. O no. No lo sé.
No sé si soy una mala persona o un tío estupendo. Si creo en lo que hago o si hago aquello en lo que creo. No lo sé.

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Si el mundo fuera justo…

Es difícil encontrar una foto suya en la que no salga sonriendo

… los medios de comunicación anunciarían, con infinito respeto y admiración, el fallecimiento de Don Vicente Ferrer, ex-jesuita residente en la India desde 1952. Este barcelonés, que ha vivido una guerra civil, un ingreso en un campo de concentración, y cuarenta años de servicio incondicional, ha sido una suerte de Teresa de Calcuta masculino.

Pero para los medios de comunicación éste no es el héroe, sino un portugués que ha costado el mismo dinero con el que este hombre habría creado varios hospitales y colegios.

Uno de mis sueños de adolescente era pasar un verano realizando alguna actividad en su fundación.

Así a ojo, Vicente Ferrer ha influido positivamente en la vida de cientos de miles de hindúes. Si el mundo fuera justo, la sociedad nos empujaría a que nos pareciéramos a él en una centésima parte. Descanse en paz.

Fuente | El Mundo

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Los mejores consejos que he recibido para la época de exámenes

· Estúdiate cada tema como si fuera a entrar.

· No seas duro contigo mismo; no actúes contigo mismo de la misma forma que los aficionados con un futbolista: si lo hace bien, se le aplaude y se le grita su nombre; si lo hace mal, se le silba y se insulta. No te elogies demasiado si apruebas; no te machaques si suspendes.

· Haz todo lo que puedas, y quédate tranquilo. Lo normal es que si quitas las horas de dormir, las de aseo, ducha, comidas, etc. te queden no más 3-5 horas para estudiar. Aprovecha esas horas. Y después de esas horas, relájate, porque no hay más.

· Un día, un hombre de campo vino muy preocupado, diciendo que tenía hasta pesadillas con la idea de que tenía que llevar su coche a la ITV. Cuando le pregunté por qué tenía tanto miedo, dijo: “Es que, si rechazan el coche, es como si me estuvieran rechazando a “. Absurdo, ¿verdad? Pues igual de absurdo es que te derrumbes si no apruebas un examen sobre lenguajes de programación que no tienen nada que ver contigo. No te tomes un suspenso tan a pecho.

· Te presionas porque no sacas las notas que deberías. Te exiges. Pero piensa una cosa: podrías estar estudiando Ingeniería Informática, trabajando los fines de semana y además estar sacándote Medicina a la vez. Y también podrías estar sacándote Ingeniería Informática con matrícula, trabajando los fines de semana y sacándote Medicina con matrícula. Si nos ponemos así…

· No temas ser del montón. Si la media de acabar la carrera está en 7 años, y tú por una circunstancia o en otra no vas a acabar antes de la media y crees que has hecho lo que has podido, celébralo.

· Repito: estúdiate cada tema como si fuera a entrar. Y quédate tranquilo.

La mayoría de estas frases me las dijo D. Ignacio Guajardo-Fajardo Ybarra, psiquiatra y amigo de la familia, hace ya un tiempo. Aún hoy me las sigo repitiendo con frecuencia.

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Cómo sería… ‘El principito’, adaptado al cine por Paul Greengrass

Cámara aérea. Letrero: “Sahara”. Un aviador comunica con la central. “Efe-siete-cuatro-jota-cinco-bravo-ocho, tengo una avería. Permiso para aterrizar. Repito. Permiso para aterrizar.”

Plano de la central con miles de pantallas, doscientos generales con mil medallas colgadas de la chaqueta y diecisiete imágenes de radar. Todo ello en ocho segundos.

Cámara al hombro. El aviador aterriza forzosamente. Sale herido del avión.

Cámara aérea con planos de las dunas, el sol, las dunas, el sol (se enfocaría también a la multitud, pero es un desierto y no hay un alma).

Intenta comunicarse con la central. Plano de la central: “Hemos perdido al comandante Saint-Exúpery”. El general dice: “Joder”. El otro general contesta: “Mierda”. Gente corriendo, trabajando. Radares. Pantallas. El tercer general dice: “Habla con Wilkins. Dile que estamos jodidos”.

Letrero: “Sahara”. El aviador anda lentamente por el desierto, y dice: “Maldición”. Cámara al hombro.

El aviador se encuentra con un pequeño príncipe. Saca su pistola. El pequeño príncipe saca también su pistola. Ambos se refugian tras unas dunas. Veinte planos en dos segundos. Cámara al hombro.

Un baobab crece debajo del principito y le hace estar a una altura de veinte metros. Tiene al aviador a tiro. La música de John Powell saca a relucir tambores y ritmos frenéticos.

El principito dispara al aviador. Cámara al hombro, acercándose rápidamente al aviador.

El principito baja del baobab, en planos cortos, se acerca al aviador y dice: “Los adultos sois tan tontos… Lo esencial es invisible a los ojos”. Y le vuelve a disparar. Saca su walkie-talkie, y dice: “Teniente, el aviador ha sido domesticado”. Fundido en negro. Mensaje: “Actualmente el Principito se dedica a hacer guías de viajes sobre los planetas que visita, y está felizmente casado con la rosa”. Otro mensaje: “Los esfuerzos de la CIA, el FBI y la Interpol por encontrar al aviador Saint-Exúpery fueron en vano. A día de hoy, el caso está archivado en Langley, Virginia”.

Créditos con música estruendosa de John Powell.

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Paul Greengrass
(1955) es un director de cine y guionista británico. Saltó a la fama con ‘Domingo Sangriento’ (2002). Seguidamente fue responsable de la saga de Jason Bourne (‘El caso Bourne’ y ‘El Ultimátum de Bourne’). Tiene una nominación al Oscar al mejor director por ‘United 93′, drama sobre el 11-S.

‘El principito’ (1943) es un relato corto del escritor francés Antoine de Saint-Exúpery. Hasta el momento ha vendido más de 80 millones de copias y está traducido a más de 180 idiomas. Un aviador perdido se encuentra con un pequeño príncipe, que le cuenta historias de viajes interplanetarios bajo un punto de vista infantil.

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El del equipo visitante

El domingo pasado tuve la oportunidad de ir a un estadio de fútbol a ver un partido de Primera División. No es la primera vez que lo hago: al Ramón Sánchez Pizjuán he ido unas 100 veces en mi vida.

Pero lo del domingo era especial. Iba a un campo de fútbol a animar al equipo visitante. El partido era Betis-Valladolid.

Ya he comentado en más de una ocasión mi afición por el Real Valladolid desde la lejanía. Pocos me entienden, pero soy de dos equipos: del Sevilla y del Valladolid. Desde pequeño me recuerdo queriendo que ganasen los dos, y la esquizofrenia que me provoca que los dos se enfrenten dos veces al año (generalmente deseo que gane el que más lo necesite de los dos).

El Betis-Valladolid era un partido muy especial. Se decía que el que perdiese el encuentro, descendería a Segunda División. Por ser sevillista, generalmente se tiende a pensar que uno ha de ser por ende antibético. Pero lo cierto es que no deseaba que ninguno de los dos bajara. Esperaba que algún otro resultado de fuera favoreciese que tanto Betis como Valladolid mantuviesen la categoría.

Convencí a mi amigo Quique, amigo de toda la vida y bético de toda la vida, para ir a ver juntos el partido. Esperamos el jueves una cola de hora y media para comprar las entradas. A 30 eurazos. Pero sabíamos que iba a merecer la pena la experiencia.

Desde que compré la entrada hasta que se celebró el partido, apenas podía pensar en otra cosa. Mi pregunta era si debía ponerme la camiseta del Valladolid por si esto me traía algún problema. Decidí que lo más prudente era ir de paisano y una vez en el estadio, ponerme la camiseta.

Como iba con Quique, decliné la idea de comprar una entrada en la grada visitante, donde habían venido nada menos que 1.200 aficionados de Pucela. Preferí camuflarme entre la afición del Betis.

Ir a un campo de fútbol a animar al equipo visitante no es ni mejor ni peor que animar al equipo local, simplemente es diferente y te hace disfrutar de experiencias nuevas como:

-Ser el único que grita cuando ataca o marca tu equipo, mientras el resto permanece en riguroso silencio
-Que la gente te mire con curiosidad
-Hacer amigos rápidamente, con los vecinos de asiento que tienden a charlar contigo intercambiando pareceres sobre los equipos
-Disfrutar de la educación y el respeto que normalmente existe ante una situación de este tipo

He de decir que para esto es absolutamente indispensable que los dos equipos no se lleven mal. Si hubiera ido como sevillista, habría sido un suicidio. Pero como Betis y Valladolid no tenían razones para llevarse mal (todo lo contrario; las dos aficiones parecían estar de acuerdo en desearse mutuamente la permanencia), aquello era una fiesta.

La segunda parte fue un horror. La radio anunciaba que el resto de equipos implicados en el descenso tenían resultados positivos y que, efectivamente, el equipo que bajara saldría de Sevilla.

Marcó primero el Valladolid, con gol de Aguirre en el 45. Aplaudí, grité, me levanté del asiento y no me volví loco por respeto a la masa que tenía alrededor. Pero cuando empató el Betis, las dos aficiones estábamos condenadas a sufrir.

El empate a uno valía al Valladolid, pero no al Betis. Por otro lado, si el Betis marcaba, con la victoria se quedaba en Primera haciendo bajar al Valladolid. Entenderán que cada vez que atacaba el Betis, yo no quería ni mirar al frente.

Terminó el partido. El Betis descendió. La grada de Pucela gritó “Betis, Betis”, y la afición local aplaudió al Valladolid, felicitándole por permanecer.

Tras salir del campo, más de un aficionado bético se acercó a mí para felicitarme por la permanencia. Todo cargado de buen rollo dentro de la tragedia que le supone al beticismo ir a la categoría de plata, en una atmósfera de futuro incierto y lopera-vete-ya-ísmo.

El pasado domingo me alegré de ser del Real Valladolid. Otro año en la élite.

Algunas fotos de la experiencia:

Este era el ambientazo que se vivía en el Benito Villamarín (yo prefiero llamarlo así). Obsérvese en la esquina superior izquierda la grada de los aficionados del Valladolid, teñida de violeta.

Ahí nos tienen: uno de cada equipo. Amigos de siempre, en asientos contiguos, compartiendo agua, pipas y panchitos. Si existiera aún ‘Lo que el ojo no ve‘, la sección del mejor programa deportivo español de la historia, seguro que habríamos salido en TV. Seguro. Nótese que los auriculares eran indispensables para seguir la evolución de nuestros equipos.

PD: El año pasado ya fui a ver un Betis-Valladolid, al estadio Olímpico. Fui con mi padre (yo llevé la camiseta y él la bufanda), y aunque la experiencia también fue muy bonita, los equipos apenas se jugaban nada.

PD2: A veces me pregunto si mi padre, mi hermano y yo somos las únicas tres personas en el mundo que somos sevillistas y pucelanos.

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