
Sidney Lumet es un director asociado al thriller clásico, al blanco y negro, conocido sin duda por ser el autor de uno de los mejores debuts cinematográficos de la historia: ‘Doce hombres sin piedad’, una película de carácter teatral que ha sido encumbrada, imitada, parodiada y venerada en los más de cincuenta años que han transcurrido desde su estreno. Sí, cincuenta años. Y aun así, Lumet sigue vivo, con 85 tacos, pero sacando en su semi-retiro una obra tan estimable como ‘Antes que el diablo sepa que has muerto’.
Propongo cuatro películas para conocer a Lumet, y participar así de esas conversaciones gafapastas que a veces uno se encuentra un viernes por la noche. Como cuando un grupo de amigos/conocidos habla de un capítulo de Los Simpsons, y sonríes porque precisamente ese capítulo sí lo has visto, y puedes abrir la boca para dar tu punto de vista.
1.
Doce Hombres sin Piedad (1957)
De cómo un jurado popular, compuesto por 12 desconocidos, ha de decidir sobre la inocencia o culpabilidad de un acusado de asesinato. Ahí que aparece Henry Fonda con cara de bueno, y uno a uno va convenciendo a los demás de su postura relativista. Ojalá una sola reunión de empresa, comunidad de vecinos, o qué narices, cualquier cena en la que debatimos sobre si el Barça es o no mejor que el Real Madrid fuera tan intensa, con tantas argumentaciones buenas, ricas moralmente y de una metafísica nada profunda pero productiva.
Tiene un remake de Nikita Milkahlov, que según me han contado, es estupendo.
2.
Punto límite (1964)
De cómo ‘Teléfono rojo, volamos hacia Moscú’ se pone un poquito serio y se pregunta con preocupación: nos vamos a cargar el mundo, ¿es el momento apropiado? Así que Henry Fonda, esta vez el presidente de EEUU con una interpretación logradísima, habla con el primer ministro ruso para posponer la tragedia. Se nota la limitación de presupuesto, y si no podemos permitirnos poner a soviéticos en la película, colocamos a un traductor/intérprete/psicólogo y todo arreglado. Walter Matthau es un político extremadamente frío y pragmático y tiene un par de líneas de diálogo que es para ponerse a aplaudir.
3.
Network (1973)
Aquí la llamaron ‘Un mundo implacable’, o algo así. Pero me da igual. Network es LA PELÍCULA sobre el poder de los medios de comunicación. Ahora medio universo la conoce porque sus fragmentos más tensos aparecieron el documental internetero ‘Zeitgeist’. Peter Finch (Óscar póstumo al mejor actor) es un conocido showman televisivo que se vuelve majara al comprender que la audiencia se antepone, en todo caso, a la ética y cualquier grado de humanidad. Pero es el único realmente cuerdo en un mundo de locos infelices, que necesitan la televisión como medio de expiación abstracta a la mediocridad en la que aceptan vivir.
La tengo en DVD original, y la reviso de vez en cuando.
4.
Antes que el diablo sepa que has muerto (2007)
Ethan Hawke y Philip Seymour Hoffman se marcan un tanto en estos papeles de dos hermanos pringados que quieren resolver sus problemas económicos (quien dice económicos dice ‘su vida es una porquería absoluta’) por medio de la joyería de sus padres. Cometerán un atraco, se llevarán todo lo que puedan y el seguro cubrirá todo. ¿Perfecto? No. Como son unos pringados, todo les sale mal. Lumet derrocha inteligencia, ritmo y hasta alardea de un poderío visual y un sentido metafórico no del todo común en él. Todo hombre con sangre en las venas conservará en su recuerdo a Marisa Tomei, pero yo me quedo con Ethan Hawke cagándose en todo en la primera escena de la película, y Philip Seymour Hoffman yendo a casa de su camello. Tampoco se pierdan a Albert Finney pensando: “Dios, ¿en qué me equivoqué al intentar educar a estos mequetrefes?”






