Archivo mensual: junio 2011

Tour de force

A E., que probablemente nunca leerá esto

No lo esperabas. Pero llegó.
Tenías un sistema perfecto. A tus veinticinco años, tu relación con el sexo opuesto consistía en, digamos, diez o quince mujeres a las que habías dedicado con más o menos pasión algunas horas de tu tiempo.
No trataste bien a muchas mujeres, pero no te importaba. A veces reparabas más en su físico que en su personalidad, así que no te sentías en la obligación de comprenderlas, o de averiguar qué pensaban ellas.
Descubriste pronto que los hombres que tienen éxito con las mujeres son aquellos que son unos cabrones con ellas. No dejabas que ellas te afectasen, porque habías comprobado que cuando una chica empezaba a pasar por tu cabeza y tus sueños más de la cuenta, obligabas a tu mente a alejarla de tu vida, a ignorar sus virtudes y amplificar sus defectos. Y si además pensabas que se lo merecía, de paso le mostrabas tu desprecio y la humillabas por haberse fijado en ti.
No creías que fueras mala persona por ello. Recordabas al detalle todos los no que habías recibido por parte de chicas a las que adoraste cuando tenías entre catorce y dieciocho años, te recreabas pensando en que las mujeres son todas unas perras, porque no podía ser de otra manera. Pensabas en esas novias de tus amigos, que no hacían más que quitarles tiempo y dinero, influirles negativamente y convertirles en sus esclavos. Y algunos te admiraban, porque una ruptura amorosa apenas significaba algo para ti, y sabías pasar página con increíble eficiencia.
Eras muy reservado respecto a expresar amor, cariño, y aprecio, porque supiste que cuando uno expresa cosas así, se torna vulnerable y débil. Y tú no querías ser débil.
Hace varios meses, saliste con una chica de la que te aprovechaste descaradamente. Ella debía pagar por todos los daños que te causaron las anteriores. Tu relación acabó fatal. Os dijisteis de todo, os faltasteis al respeto. Pero a ti no te importaba. Al contrario: respiraste aliviado porque por fin te liberabas de la obligación de tener que verla con frecuencia, ahora que ya no te servía para tu propósito.
Preguntaste por ella a sus amigos. Está fatal, dijeron algunos. Otros: se la ve dolida. Viste que te borró del Facebook, que ya no quería saber nada más de ti. Y te regocijaste porque pensaste: he ganado. Ella está peor que yo. A mí me da igual.
Tres días después, conociste a una chica extranjera. La idea era realizar un intercambio inglés-español. Pero cuando viste que era guapa, simpática y divertida, de repente tenías otros planes. Ella no hablaba español, así que partiste con la misma mentalidad: podías aprovecharte de ella para mejorar tu inglés. Hablásteis durante horas en un café llamado Nostalgia (como si fuera una premonición). La impresionaste con tu verborrea, tu sentido del humor, tu conocimiento del cine, tu sociabilidad. Te excusaste diciendo que habías quedado. Y era cierto. Cenaste con tu amigo J., hablaste con él de cine y literatura como si nada. Aún no te habías percatado de lo que acababa de ocurrir aquella tarde de viernes.
Y para el día siguiente, cuando rechazaste un ofrecimiento de un amigo para ver el Barça-Real Madrid porque preferiste verlo con ella, supiste que ella era diferente. O que tú eras diferente.
Lo que ocurrió a partir de ahí nunca lo hubieras imaginado: fue la primera amiga/novia que presentaste a tus padres y hermanos formalmente, afirmaste abiertamente que sentías amor, tomaste café con ella en cien lugares diferentes, fuiste a terrazas, restaurantes; tú hablabas y ella sonreía, ella hablaba y tú mirabas con pasión sus ojos verdes; fuisteis juntos a un partido de fútbol; contemplasteis juntos Sevilla desde la Giralda; fuisteis al cine a ver una de Woody Allen; os quedabais hablando hasta que no podíais más de sueño; os regalasteis libros y a veces os quedabais en casa viendo películas y vídeos en Youtube; ibais juntos al supermercado, y ella te esperaba cuando salías de trabajar.
Jugasteis a ser pareja de una forma tan natural, tan sana, que apenas creías que merecieses tanta felicidad. Una felicidad nueva. La felicidad que habías estado buscando tanto tiempo, disparando a ciegas. Pero nunca habías disparado tan cerca.
En un momento dado, ella te dijo que prefería que solo fueseis amigos, que no sentía nada por ti. Pero tú preferías pensar que su agobio le hacía decir esas cosas. Le diste espacio por un tiempo, y volvisteis a veros con la misma jovialidad, la misma pasión.
A los dos meses, ella te anunció que se marchaba a su país escandinavo natal. Lloraste durante una semana, pero no había nada que hacer. El soplo de realidad te hizo ver que pertenecíais a dos vidas distintas.
Pasaron pensamientos muy negativos por tu cabeza. Era el ego el que hablaba por ti. Ella me ha usado para enriquecer su experiencia en Sevilla. Ahora volverá a su vida y no querrá saber nada de mí.
Pero ya no valían esas frases misóginas que te habían caracterizado en otros tiempos. Ya no podías decir las tías son unas perras, porque la habías conocido a ella. Si ella te había dado tanto, cabía esperanza en tu relación no solo con las mujeres, sino con los demás en general.
Recorres ahora Sevilla, y Sevilla es diferente. Es diferente porque cruzas cada calle, pasas por lugares que observas e identificas porque has estado allí con ella. Lugares donde ella te contó una anécdota, o tú le dijiste algo a ella, y ella se rió y tú la mirabas y le diste un abrazo y sus mejillas rosadas y su pelo rubio brillaban bajo el sol. Es diferente porque ves a una chica rubia a lo lejos, y tienes la irrisoria esperanza de que sea ella, que ha vuelto.
Y aunque tu vida seguirá adelante, porque siempre tienes muchas cosas que hacer, y además te gusta hacerlas, tienes tus amigos con los que te ríes, tu familia, tus libros, tus películas y tu música, sabes que esto ha sido un tour de force.
Y tus amigos y conocidos se alegran de tu aventura. Te dicen: seguro que habrás aprendido de esto, conocerás a otra, el tiempo lo cura todo, pero acuérdate de lo que has sentido, sonríe porque al fin ocurrió. Ya era hora de que fueras humano, seguro que esto te sirve para tener material para una de tus novelas. Etcétera.
Nadie comprende lo que ella te ha dado, porque nadie sabe que ella te ha abierto las puertas de un mundo nuevo. Un mundo en el que puedes tener algo tan bonito que de repente las preocupaciones que te acechan junto a la almohada (la salud, la muerte, los estudios, la trascendencia, la literatura) se empequeñecen. Un mundo en el que una persona que ni siquiera habla tu idioma, te sonríe y te desarma, en el que no hay por qué aprovecharse de la gente, en el que no todas las tías son unas perras.
Lloras, pero en realidad te alegras porque vivir sin ella será ahora un desafío que resolverás con valentía. Y ahora sabes que eres más humano. Y recuerdas el porqué de las cosas. ¿Cuándo había sido la última vez que te habías mostrado tan débil sin que te incomodase? ¿Cuándo había sido la última vez que no te habías avergonzado de mostrarte cercano, cariñoso, apasionado?
Tu pregunta es obvia: ¿y ahora qué? Ahora, seguir viviendo. Pero sabes que ya no va a ser lo mismo. Que todo ha cambiado. Porque eres tú el que ha cambiado.

5 comentarios

Archivado bajo Diario