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Ucronías en vivo y en directo

Nos hemos dado cuenta de que un puñado de controladores aéreos pueden manejar el destino de cientos de miles de personas. Sin pararnos a pensar en la increíble dependencia que antes nos era quizás desconocida, vamos rápidamente a un diario deportivo para ver si esto influirá en la decisión del F. C. Barcelona de jugar o no la próxima jornada de liga.

También sabemos ahora que un australiano llamado Julian Assange (a quien ya denominan “el Jesucristo del siglo XXI”), fundador del sitio web Wikileaks, tiene en su haber secretos tan importantes que Wikileaks es una patata caliente que nadie quiere alojar (Amazon y EveryDNS se han acobardado, y ya hasta Paypal rechaza la mediación en las donaciones).

Un asistente del primer ministro de Canadá ha declarado a la BBC que le quiere muerto. Es el enemigo número uno de Estados Unidos; Australia le niega su pasaporte, Suecia el asilo, y la Interpol le busca por un presunto y posiblemente hiperbólico delito sexual. Assange ha declarado que si algo le ocurriera, lo desvelará todo. De momento, está subiendo los documentos a cuentagotas, y cada uno es más corrosivo que el anterior. ¿En qué nos influye? Como dice el abogado David Bravo en su twitter, “piensa mal y en Wikileaks te lo confirmarán”. Ahora sabemos que la democracia está muerta y probablemente nunca existió, la censura y la dictadura son elementos subterráneos que jamás han decaído en países que defienden precisamente la libertad de cara a la galería. Una parte importantísima de la humanidad no tiene acceso hoy al agua potable, y asistimos, mediante estos documentos, a la constatación oficial de que la corrupción nos es inherente.

Me encantaría pensar que Julian Assange va a cambiar el mundo para siempre, pero mucho me temo que dentro de poco saldrá en los medios de comunicación que “no soportaba más la situación, y se ha suicidado con pastillas”, o que ha “sufrido un doloroso accidente”. Al tiempo.

En España, en concreto, por si no fuera suficiente con una tasa de paro tan alarmante que sólo un milagro la hará bajar en picado en un plazo razonable, vamos entrando en una guerra fría con Marruecos que no parece tener una solución trivial.

Ante esto, asisto perplejo a un seguir adelante como si nada que me parece cuanto menos atrevido. En Sevilla, mi ciudad, la multitud llega a FNAC y el Corte Inglés para comprar las últimas novedades tecnológicas para el ocio pensando en el inminente periodo navideño, los bares y cafeterías están llenos, el tráfico insoportable y los que no están aquí, se han ido de puente.

¿Y por qué digo todo esto? Porque quizás seamos unos ingenuos al pensar que una ucronía es ’1984′, de George Orwell, ‘Brazil’ de Terry Gilliam, ‘Un mundo feliz’ de Aldous Huxley, ‘Nosotros’ de Zamiatin o ‘El hombre en el castillo’ de Philip K. Dick. Que una ucronía se limita a lo especulativo y lo artístico, a lo ficticio.

Estamos viviendo una ucronía, y lo peor de todo es que quizás ni nos demos cuenta.

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Si el mundo fuera justo…

Es difícil encontrar una foto suya en la que no salga sonriendo

… los medios de comunicación anunciarían, con infinito respeto y admiración, el fallecimiento de Don Vicente Ferrer, ex-jesuita residente en la India desde 1952. Este barcelonés, que ha vivido una guerra civil, un ingreso en un campo de concentración, y cuarenta años de servicio incondicional, ha sido una suerte de Teresa de Calcuta masculino.

Pero para los medios de comunicación éste no es el héroe, sino un portugués que ha costado el mismo dinero con el que este hombre habría creado varios hospitales y colegios.

Uno de mis sueños de adolescente era pasar un verano realizando alguna actividad en su fundación.

Así a ojo, Vicente Ferrer ha influido positivamente en la vida de cientos de miles de hindúes. Si el mundo fuera justo, la sociedad nos empujaría a que nos pareciéramos a él en una centésima parte. Descanse en paz.

Fuente | El Mundo

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El esfuerzo, a lo largo de los años

sociales

1997
· Mirar en la Espasa-Calpe de la biblioteca del colegio. Copiar a mano en el cuaderno.
· Pedir a papá permiso para usar su ordenador y copiar lo del cuaderno a un archivo en Word 97.
· Llamar al tío Miguel para que me preste un documental que tiene grabado de National Geographic en VHS sobre Irán y tomar nota mientras lo veo.
· Copiar lo que he tomado nota al ordenador.
· Pedir a Carmen, una amiga de mamá, que trabaja en una agencia de viajes, que busque algún folleto o revistas para conseguir fotos.
· Medir bien los espacios en el archivo de Word para las fotos.
· Estar pendiente del periódico por si pudiera conseguir más información y/o fotos.
· Juntarlo todo e imprimirlo.
· Pegar con cuidado las fotos y encuadernarlo en la copistería del barrio.
(Si papá está ocupado con el ordenador, o se estropea, hacerlo en máquina de escribir o a mano)

2000
· Ponerme con Juan, que no me cae bien pero tiene la última versión de Encarta.
· Copiar lo de la Encarta al Word y corregirlo, poniéndolo “con mis palabras”.
· Pedir a papá, que en su trabajo tiene “Internet”, que me traiga dos o tres páginas imprimidas con información sobre Irán.
· Completar lo de la Encarta con lo que me ha traído papá, que está en inglés y hay que traducirlo un poco.
· Ajustar tamaño de fotos, escanear las que me ha traído papá, e imprimirlo todo.

2009
· Wikipedia
· Google Imágenes y Google Maps
· YouTube: Irán
· Juntarlo todo y mandarlo al correo electrónico del profesor
(Aprovechar el inmenso tiempo restante para mirar mi correo, meterme en el Messenger, mirar el Tuenti y el Facebook y bajarme el último capítulo de Prison Break)

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Desde Georgia

Durante los últimos días, mucho se ha hablado de Georgia, Rusia, Osetia del Sur… Una noticia más de la que uno mira la televisión, o lee la prensa, y piensa: “¡Vaya tela!” Es la tendencia que tenemos, mirar las cosas desde una distancia y seguir con lo nuestro, implicarnos lo mínimo y olvidar cuanto antes la porquería de mundo en el que vivimos. Parece que la sociedad nos tiene lo suficientemente hipnotizados para que nos sintamos indiferentes ante una situación horrible, si no nos toca de cerca. Por lo contrario, es preciso que sigamos consumiendo y sigamos haciendo nuestra vida como si nada. Es la alienación de la que tanto se habla.

Confieso que cuando veo las noticias, veo Pakistán o Birmania/Myanmar (Burma, como les gusta llamarla ahora), y a los dos minutos ya no recuerdo casi nada. Los medios de comunicación ponen ciertos países de moda. Hoy es Georgia; hace cinco años era Afganistán; hace quince años fue Ruanda, o Somalia, o Zaire.

Un amigo de mi familia, un georgiano que vive en España desde hace casi diez años, se fue de vacaciones a su país de origen la semana pasada. Estando allí, se ha encontrado con un conflicto bélico a escala internacional, y ha sido llamado a filas, con alta probabilidad de que durante mucho tiempo no pueda volver a España. Aún no sabemos nada de él.

Estoy pendiente día y noche de cualquier novedad, de índices de muertos o heridos, de si Rusia sigue avanzando o Georgia resiste. Un antiguo compañero de mi padre está ahora viviendo eso que tanto vemos por las películas, pero con una diferencia: es absolutamente real.

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Por qué el Chiki-Chiki es la canción perfecta para Eurovisión

A estas alturas toda España lo sabe, pero me veo obligado a anunciarlo ya que se trata de una noticia: El Chiki-Chiki, por Rodolfo Chikilicuatre, va a representar a España en Eurovision 2008, en Belgrado.

David Fernández, trasunto del Chikilicuatre, es un habitual colaborador de Andreu Buenafuente, verdadero cerebro de este torbellino. Ha sido El Gilipollas, Santi Clima, Zuloaga y un sinfín de personajes esporádicos más. También ha sido jurado en Por fin has Llegado, y en este 2007 se ha consolidado como humorista y cara conocida de la caja tonta.

La elección del Chiki-Chiki ha recibido muchas críticas, que voy a ir explicando, y por eso quiero reivindicar desde aquí las razones que me llevan a pensar que es la mejor decisión que hemos tomado desde la debacle provocada por aquellos que decidieron que Remedios Amaya cantaría ¿Quién maneja mi barca? en 1983.

1. La canción es hilarante a más no poder. Aún no conozco a nadie que no se haya partido de risa al ver el videoclip por primera vez. Las referencias a la actualidad y la política son curiosas y divertidas, aunque hayan tenido que cambiar “Zapatero” y “Rajoy” por “José Luis” y “Mariano”, dadas las normas explícitas del certamen que impiden mezclar la música con la política.

2. David Fernández, en la gala de preselección (de la que también hablaré luego), fue el único que no desafinó. ¿Por qué? Porque el Chiki-Chiki es, ante todo, falta de entonación y falta de sobreesfuerzo a la hora de cantar. Puede cantarla cualquier español de a pie, sin que tenga aptitudes para el canto. Ello hace al Chiki-Chiki más universal y accesible a todo el mundo. En Belgrado, la gente de otros países también se aprenderá la canción, sobretodo por la versatilidad de su ya mítico estribillo.

3. ¿Se han fijado en lo pegadiza que es la canción? En serio, piénsenlo. Si uno se predispone a ello, es muy difícil que el Chiki-Chiki se le quite a uno de la cabeza. Esto está propiciado por la forzadísima pero efectiva rima consonante al final de cada línea, la unicidad de las estrofas, y la repetición del estribillo, con coreografía incluida. Asimismo, la utilización de instrumentos sintéticos (cuasi-MIDI, me atrevería a decir), propicia ese grabado mental permanente, respecto a otros temas más comerciales pero menos simples a la hora de ser memorizados. Para demostrar esto, les sugiero que vean la versión gospel de la canción, que no tiene desperdicio alguno.

4. Porque es anti-sistema. TVE intentó por todos los medios que Chikilicuatre no se proclamara vencedor en favor de una tal Coral (una pseudo-Mónica Naranjo venida a menos) y unos frikis denominados La Casa Azul. Amañó el sistema de votos a última hora, permitió continuos abucheos unidireccionales, permitió que Raffaela Carrá pusiese en entredicho las posibilidades de la canción, y no supo “perder”. Qué gala más patética, por Dios. Basta con ver la reacción de José Luis Uribarri, comentarista de Eurovisión desde antes de que yo naciera. Llevar al Chiki-Chiki a Belgrado es reírse de la música comercial, que tan malos resultados nos han dado últimamente. Y sí, incluyo a los triunfitos.

5. Porque representa el triunfo y consolidación de Internet como medio influyente en las masas españolas, a la hora de tomar decisiones tan democráticas como podrían serlo en otro aspecto de la sociedad. El movimiento que el Chiki-Chiki ha despertado en los blogs, las webs, los foros, Twitter, Menéame ha sido el que ha alzado al juguete de Buenafuente a lo más alto. Primero con la votación preliminar y luego antes y durante la gala de Salvemos Eurovisión.

6. Porque es una parodia insuperable del tipo de música que arrastra a la gente a escuchar Los40 y/o Máxima FM hasta la saciedad. Si no fuera por las continuas referencias geográficas, políticas y sociales de la letra, podríamos imaginarnos perfectamente una canción así. Acuérdense de la mayonesa, la gasolina, King África (al que se le hace un guiño en el Chiki-Chiki con eso de bailar-bailar-bailar) que todo el mundo tarareó cómodamente.

7. Porque era el mejor en una gala patética, con candidatos risibles y algunos igualmente esperpénticos (como La Casa Azul o Lorena C), alejado de caras bonitas y canciones de cartón que parecen predifinidas en un programa de ordenador (Olé Olé de Arkaitz).

8. Porque da igual los puntos que se lleve en Eurovision. El Chiki-Chiki es una canción pensada para reírse del certamen y del circo que es desde hace ya tiempo. Me parece insultante que Anabel Conde, que quedó segunda en Irlanda en 1995, con un gran tema y una extraordinaria voz, para salir luego en el programa Identity como una completa desconocida. No somos los únicos que lo hacemos; en 2003 Alf Poier, de Austria, quedó sexto al iniciar una corriente surrealista y friki de Eurovision. Irlanda va a enviar un pavo-marioneta y he oído que dos o tres países más van a llevar canciones delirantes. Si quedamos los primeros, habremos demostrado que lo friki es más prioritario que la calidad musical; si quedamos últimos, habremos hecho el ridículo pero nos habremos hartado de reír. Nos habremos reído en la cara de los eurofans sea cual sea la posición de España.

9. Porque mucha gente, como yo, va a ser el primer año que vea Eurovision de principio a fin con interés. Reconozco que estos últimos años, con Son de Sol, Las Ketchup o Nash, deseaba que España quedara última para que nos retiráramos del concurso. Buenafuente ha conseguido que, ya que vamos, se despierte una ilusión abstracta que nada tiene que ver con lucirse musicalmente en Eurovision.

10. Porque representa el declive de un certamen pasado de moda, inútil en el aspecto discográfico y comercial, exclusivamente político y harto predecible (Bielorrusia le da los 12 puntos a Rusia; Chipre le da los 12 puntos a Grecia; Dinamarca los 12 a Suecia…).

¡Todos juntos! 1, El Brikindans. 2, El Crusaíto…

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Votar

Escribo mientras veo el segundo y último debate entre Rajoy y Zapatero antes de las Elecciones Generales. Estoy indignado por lo decepcionante que me está pareciendo el debate por parte del presidente del Gobierno y el candidato de la oposición. En ningún momento contemplo la España de 2008-2012. Sigo viendo onces de marzo, guerras de Irak, subidas de precios de la patata y la leche, Bush, de Juana Chaos… pasado, pasado y pasado. Reproches por siempre jamás, gráficas que no le importan a nadie, y promesas que se esfuman en cuanto son pronunciadas.

Pero de lo que quería hablar no era de esto, ya que en definitiva era algo que ya me esperaba desde un igualmente deprimente primer debate. De lo que quiero hablar es de que no voy a votar ni en las Elecciones Generales ni en las Elecciones Autonómicas de Andalucía. Y no porque no quiera.

Cuento la historia desde el principio: a principios de febrero decido que voy a estar en Italia desde el 4 de marzo hasta el 11 de marzo, con el billete de avión comprado.

Días después me doy cuenta de que el 9 de marzo puedo contribuir a decidir el futuro de mi comunidad y de mi país, y que desde Italia es imposible.

Bien, la única solución es votar por correo. No tengo ni idea de cómo hacerlo, así que pregunto a mis padres y a Google y entre todos me responden satisfactoriamente.

Me entero que el plazo termina el 29 de febrero. Como no soy persona de dejar las cosas para el último día (al menos este tipo de cosas), a mediados de febrero (a la semana siguiente de comprar el billete) me dirijo a la oficina de Correos sita en la Avenida de la Constitución.

Relleno allí un impreso y un documento certificado. Pregunto cuánto tardará en llegarme la carta con las papeletas, para poder votar. Me dicen que suele tardar poco, a veces unos 2 o 3 días.

Quiero dejar claro que aún hoy no sabría a quién votar. Creo en ese concepto del voto útil pero el bipartidismo actual de España me parece deplorable. Ello me ha hecho tener curiosidad por partidos políticos como UPyD y SAIn.

Bien, hoy 3 de marzo, a las 23.00 horas, no me ha llegado ninguna carta. Ninguna carta. Y he mirado el buzón todos los días, tanto en mi piso como emancipado como en mi domicilio familiar. Nada de nada. Es decir, que si mañana me fuera a Italia (cosa que finalmente no ocurrirá porque el viaje se ha frustrado), no votaría.

Ello es consecuencia de que, una vez que se tramita el voto por correo, es incompatible con el voto presencial. Así que, a pesar de que no voy a Italia, no puedo acudir a la mesa electoral que me corresponde en el colegio público de mi barrio. Nota: la carta del censo electoral sí me ha llegado, además hace dos semanas.

Podría pensar que aún puedo hacerlo, pero el plazo se va a acortando y ya estoy resignado a que mi voto no va a contar para la España y la Andalucía de 2008-2012. No sé a qué ni a quién puedo recurrir, pero para una vez que estoy especialmente interesado en votar, parece que el Estado no me permite hacerlo.

Seguiré viendo el debate entre Rajoy y Zapatero, que al terminar de escribir esta entrada, siguen hablando de las mismas tonterías e interrumpiéndose con alevosía. Los dos me aburren soberanamente, pero no puedo sino recrearme en mi hastío por no poder votar por cuestiones seguramente burocráticas. Da asco, la verdad.

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Heath Ledger: Brokeback Life

Supe por primera vez del actor Heath Ledger en una película extemporánea y harto comercial llamada Destino de Caballero. Se implicó erróneamente en la horrible El Devorador de Pecados, y fue en Monster’s Ball cuando llamó mi atención. Supe entonces que Ledger era un actor prometedor, una estrella en ciernes. Mientras, lo vi como hijo de Mel Gibson en El Patriota, pero fue en Brokeback Mountain, la controvertida película de Ang Lee, donde Heath Ledger me demostró que era alguien muy a tener en cuenta en el cine. Imposible superar su actuación como cowboy gay en su condición de heterosexual.

Me da por empezar mi ronda nocturna de leer los periódicos y veo la noticia: Heath Ledger ha muerto.

Para un cinéfilo como yo, lo primero que se me venía a la cabeza era la incredulidad. Cuando en 2006 se confirmó que interpretaría a Joker, villano de la saga Batman, revisitada por el talentoso director Christopher Nolan, empecé a ver críticas a mansalva. Nadie terminaba de ver que Ledger pudiera encajar. Y yo me acordé de las películas en las que le había visto, y pensé: “Pues es una buena elección”. Hoy, a cuatro meses de estrenarse The Dark Knight, la nueva película de Batman, se hablan maravillas de la encarnación de Ledger como el sonriente malvado. Y el tráiler de la película deja muchas esperanzas al respecto.

En estos momentos se barajan muchas hipótesis sobre la muerte del actor, y la que más peso tiene es que se trata de un suicidio provocado por pastillas. Recientemente se había separado de la bella actriz Michelle Williams (a la que conoció en el rodaje de Brokeback Mountain), y tenían en común una niña de dos años.

Esto me hace pensar en la influencia que pueden tener la fama y el dinero sobre la muerte. Heath Ledger lo tenía aparentemente todo: un futuro desbordante (tenía 28 años), una carrera cinematográfica en alza, una fama de crecimiento exponencial, y una película por venir (The Dark Knight) que sin duda iba a darle el estatus de actor mítico. Pero sus problemas le han vencido, y no ha sabido/querido seguir adelante.

¿Afectan en la misma medida los problemas cotidianos a una superestrella que a un hijo de vecino? Evidentemente no. Pero cuando creemos que los astros, esos seres que van a los mejores restaurantes y hoteles (generalmente invitados), que son abordados por legiones de fans (a los que ese día les compensa haberse levantado de la cama, por un simple autógrafo suyo), cuyos nombres son conocidos por millones de personas y que pueden tener todo lo que quieran, no son como nosotros, quizás nos engañamos. Heath Ledger podía ser una de las personas más famosas de la historia de Australia, y tener una nominación al Oscar y tanto dinero que no podría gastarlo aunque se lo propusiera. Pero Heath Ledger sufría. Y hoy, 22 de enero de 2008, decidió que no quería continuar sufriendo.

A veces tenemos problemas y nos sentimos realmente solos. No hay salida, y sentimos que nadie comprende nuestra situación. Entendemos que son nuestras circunstancias adversas las que nos han colocado en un callejón oscuro, y que no hay marcha atrás, pero incluso en las circunstancias más favorables, hay baches, obstáculos y hay que saber acogerlos con valentía y coraje. Para Ledger no fue suficiente tener una vida por delante y muchos éxitos por experimentar. Yo, un hijo de vecino, una persona famosa simplemente entre sus familiares, amigos y conocidos, pienso seguir adelante. Porque esta noticia me ha recordado algo muy importante: en esta vida, en este planeta llamado Tierra, unos podremos tener más dinero, o más fama, o más poder, pero estamos todos juntos en esto: en la tarea, en la meta de vivir. No sobrevivir; vivir.

Heath Ledger (1979-2008): Ojalá hubieras luchado más, disfrutarías junto a todos nosotros de lo que adelanta este vídeo

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Entrevista a una optimista

ENTREVISTA A IRENE VILLA, VÍCTIMA DEL TERRORISMO

“Hay que pensar que es la única vida que tenemos y no podemos desperdiciarla”

Irene Villa González (Madrid, 1978) es periodista. Sufrió un grave atentado terrorista unto a su madre el 17 de octubre de 1991, cuando tenía doce años de edad, en el que perdió las dos piernas y varios dedos de la mano. Hasta 2007 ha sido delegada de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, y hace vida normal gracias a una compleja operación efectuada en 2006 en Gotemburg (Suecia). En 1992 fue candidata al Premio Príncipe de Asturias y en 2004 publicó un libro llamado Saber que se Puede.

Luisfer: ¿Cómo se vive siendo víctima del terrorismo?

Irene Villa: Sin terminar de creérmelo. No puedes estar siempre pensando en que alguien ha intentado asesinarte. Sencillamente afrontando la vida con valor y optimismo, y no perdiendo jamás la esperanza en que algún día se acabará el terrorismo.

Luisfer: Hablando de que se acabe el terrorismo. Parece que la situación está a cara o cruz respecto a negociar con ellos o que sigan matando, ¿qué soluciones ves al respecto?

Irene Villa: La única solución que he visto siempre es la unidad de todos los partidos contra ETA y el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Los demás intentos, atajos, artimañas, nunca han funcionado. Es necesario defender la fortaleza del estado de derecho y no dejarse chantajear por un grupo de mercenarios, que han olvidado que luchan por la libertad porque nos la quitan a los demás.

Luisfer: Viendo que la unidad de los partidos no está precisamente muy consolidada en este aspecto, ¿ves politizada hoy en día la reivindicación de los derechos de una víctima del terrorismo?

Irene Villa: Eso es lo que se quiere dar a entender para que la opinión de las víctimas no se oiga. Se nos tacha de lo que no somos para no escucharnos. Me da tanta pena que hayamos llegado a este punto, que hace un año decidí retirarme de la vida pública. Es muy triste que se confunda el no querer rendirse al terrorismo con intereses en un partido político. Jamás tendremos color político las víctimas, sólo queremos que quien esté en el poder no se olvide de la memoria, la dignidad y la justicia, nada más.

Luisfer: Me imagino lo duro que es que a uno lo etiqueten simplemente por querer sensibilizar a la sociedad. Si te pusiera enfrente a Antobo y Kantauri, los que el 17 de octubre del 91, te forzaron a una ‘nueva vida’, ¿qué les dirías?

Irene Villa: Que lo siento por ellos. Van a tener que cumplir su condena (¡si relamente vivimos en un estado de derecho!)

Luisfer: Licenciada en Psicología, Humanidades, y Comunicación Audiovisual… ¡casi nada! Representas un ejemplo para aquellos que, aun con unos obstáculos considerables, consiguen retomar su vida. ¿Cuáles fueron tus principales motivaciones?

Irene Villa: Ser feliz, no pararme ante nada, demostrar que aunque no tuviera piernas podría hacer lo mismo que las demás niñas de mi edad… ¡y creo que me pasé! Lo fundamental es saber que con constancia y voluntad, no hay nada que el ser humano se proponga y no consiga. Yo aún no sé dónde están los límites de una doble amputada, porque todo lo que he querido, lo he hecho.

Luisfer: Y lo por lo que sé, tampoco has tenido que privarte de practicar deportes o viajar…

Irene Villa: Ése fue mi mayor reto: volver a hacer deporte, una faceta en principio truncada hasta que conocí a la Fundación También, de deporte adaptado. Ese día el cielo se abrió para mí. No podía patinar sobre hielo, que era mi pasión, pero descubrí que podía esquiar, bucear, hacer piragüismo, handcycling, natación…. y muchas cosas más. Además los viajes me han servido muchísimo para formarme, abrir la mente, comprender muchas cosas que antes no entendía, conocer gente interesante, aprender otras lenguas…

Luisfer: Desde luego, con lo que me cuentas, si viviera un acontecimiento similar que me cambiara la vida, te tendría como referente. ¿Qué me dirías en ese caso, qué crees que me ayudaría a tomármelo con optimismo?

Irene Villa: Pensar que quizá es la única vida que tenemos y no podemos desperdiciarla. Que por mucho que llores nadie te va a devolver tu vida anterior y no merece la pena sufrir por algo que ya no tiene vuelta atrás. Sencíllamente, inteligencia emocional, esa que tanto precisamos todos para poder disfrutar de cada instante y hacernos la vida más fácil.

Luisfer: …Y fortaleza, como la que tú desprendes. Coméntame tu libro “Saber que se puede”, que publicaste en 2004.

Irene Villa: Es un libro de superación, autoayuda, esperanza… Trato de transmitir fuerza y amor a todo el que lo lea porque creo que el amor es el motor del mundo. También trato de conseguir la paz, y como creo que la paz empieza por uno mismo, trato de dar quietud y sosiego. Y esperanza, a las víctimas, a todos los que hayan sufrido la violencia, a todos los que hayan tenido que pasar por una situación difícil.

Luisfer: También estás en la radio, ¿dónde se te puede seguir la pista?

Irene Villa: Los jueves tengo un pequeño espacio en La Linterna (COPE). En tres minutos expreso mi parecer, sentimiento, opinión, acerca de la actualidad. Trato de dar voz a los colectivos menos escuchados y lanzar quejas que la mayoría tenemos. No suelo ser políticamente correcta, pero me permito esa licencia para ser realmente la voz del pueblo, sin etiquetas no intereses políticos, por supuesto.

Luisfer: Procuraré oirte a partir de ahora. Muchas gracias por aceptar la entrevista y sigue siendo una estela de, como en el título de mi blog, Esperanza y Constancia.

Irene Villa: ¡Muchísimas gracias! ¡Hasta pronto!

Enlaces: Irene Villa en la Wikipedia

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Cómo reclamar a una compañía telefónica

Tengo internet en casa desde 1998. Al principio, fue con Telefónica, pagando por lo que nos conectábamos. El control sobre cada conexión era muy fuerte, y pronto accedimos a tener un bono de 10 horas al mes, un periodo temporal que ahora nos parece irrisorio (vamos, que hoy en día me parecería como beber una sola gota de agua después de andar por el Sahara durante días).

Hubo un día en el que mi padre decidió que Internet de verdad era un gran invento, y tuvo la a priori fabulosa idea de contratar tarifa plana con la (entonces) novedosa tecnología del RDSI. Tarifa plana que no era tan plana, puesto que cada día esperaba con ansias que dieran las seis de la tarde, y a veces me levantaba muy temprano por la mañana, antes de que dieran las ocho, para disfrutar un poquito más de aplicaciones como Napster o la primera versión del Messenger.

Fue con el RDSI cuando empezaron los problemas. Llegamos a llevarnos meses y meses sin Internet y a veces hasta sin línea, y venga a llamar al famoso 1004. Llegamos a hablar con más de treinta o cuarenta teleoperadores diferentes, y todos nos decían lo mismo: que a partir de la semana que viene iría un técnico para nuestra casa.

Estoy hablando de noviembre o diciembre, y fue en abril cuando vino el dichoso técnico, estuvo cinco minutos delante del ordenador, y dijo: “esto es que estaba mal configurado”.

El RDSI fue una experiencia nefasta, al principio encantados porque íbamos a contar con 128 kb/s y simultaneidad entre Internet y teléfono (recordad, chicos, antes si te conectabas a Internet, en el teléfono comunicaba), cuando nuestros conocidos se conformaban con 56 kb/s, pero para nada compensó tener ese armatoste gris que era el aperitivo del ADSL.

Después de aquello, las compañías telefónicas se han sucedido: Terra, Telefónica nuevamente, Uni2, Wanadoo (horrorosísima experiencia, absolutamente vomitivo, no se lo recomiendo ni a mi peor enemigo), y por último ya.com

Con todas hemos tenido problemas. Con todas. En todo caso hemos tenido que perder nuestro tiempo para escuchar versiones actuales de “Para Elisa”, de Beethoven, del Ragtime, de “Heroes” de David Bowie, de “La Muchacha de los Cabellos de Oro”, de Debussy. Y pagando, claro, a esos dichosos 902.

Toda esta introducción sirve para enlazar con la anécdota que deseo contar aquí. Desde que me independicé en septiembre, una de mis prioridades era tener Internet. Como trabajaba en Smallsquid, me compensaba el gasto de línea y conexión. Se lo propuse a mis compañeros de piso, y aceptaron. Pero había que pensar muy bien qué compañía elegir, y sobretodo, cuánto estábamos dispuestos a gastarnos y en qué condiciones.

Tras una semana buscando, encontramos la siguiente oferta:

TELE2 ADSL.- 20 Megas. Gratis hasta Enero 2008. Router WIFI Gratis si es Alta ONLINE. 39,90 € / mes + IVA. Incluido llamadas a fijos nacionales. Cuota de mantenimiento de línea: 0 € (nos libraban de las facturas de Telefónica, vaya).

Nos pareció un chollo, puesto que estábamos en octubre, y podíamos tener dos meses gratis por la cara, y la cuota no estaba mal, teniendo en cuenta que en cualquier momento podíamos darnos de baja por 39,90 euros (que comparados con los 119 € que estipula ONO, es verdaderamente una ganga).

28 días contados tardaron en mandarnos el router, con lo que no nos salvamos de pagar a Telefónica mientras tramitaban el asunto.

Hasta el 4 de diciembre (nos dimos de alta a finales de octubre) no tuvimos Internet de verdad, a una velocidad que, aunque es rápida (y se nota), dudosamente son los 20 Mb que se nos prometieron.

Habíamos esperado mucho. Demasiado. Pero ya teníamos Internet. Ya podría usar el Emule, escribir mis artículos sin necesidar de irme a la facultad a pillar su red, mirar el Netvibes todos los días con tranquilidad… y sentíamos que la espera había compensado. No importaba la paciencia que hubiéramos tenido. Ya lo teníamos. Y eso parecía ser lo único importante.

Me enviaron, a las tres semanas de tener Internet, un contrato de prestación en el que ponía que el Router WIFI se nos cobraba. Llamé y exigí una revisión del contrato. Tras media hora de hablar con una teleoperadora bastante cortita (es la verdad), conseguí que entendieran a qué me refería. Me mandaron la revisión del contrato, que no tenía ninguna diferencia respecto del original. Me llamaron para decirme qué día me venía bien que se pasaran por mi domicilio a recoger el contrato. Todavía no han venido, y en el momento que escribo esto, estamos a 18 de enero.

También tuvimos un percance del 3 al 14 de enero: hubo un cruce de líneas, y estuvimos sin línea ni Internet todo ese tiempo. Llamaba desde una cabina telefónica al servicio técnico, pero su respuesta era la misma: “Ya irán los técnicos. Ya les llamarán”. Cuando por fin se restableció la línea, me llamó a mi móvil una empleada, y muy apurada nos prometió que nos regalarían el mes de enero por los perjuicios. Le dije: “Estupendo. Menos mal”.

Pero viene lo mejor: antes de ayer, reviso mi cuenta online de La Caixa, y veo: “TELE2: -93,10 euros“.

A cuadros. Mi cara, a cuadros.

Empecé a pensar: “Ya está. Ya nos han timado. Lo de siempre.”

Recapitulé: la factura debía contener mes de diciembre (NADA, gratis hasta 2008); mes de enero por adelantado (NADA, me lo habían regalado por el percance); router WIFI (NADA, porque hice el alta online); llamadas a 902 (en su mayoría al propio servicio técnico de TELE2) y móviles, en total 5,35 euros + IVA. Total: 5,35 € + IVA.

Pero los 93,10 euros estaban ahí, formando un boquete en mi cuenta bancaria con cantidades económicas propias de un universitario.

Lo miré avanzada la noche, así que se pudo decir que me dieron la noche los de TELE2. La cantidad de vueltas que di a la almohada no tiene nombre.

En cuanto me levanté, se lo conté a mis compañeros de piso y me decidí a llamar. Supe que mis anteriores experiencias (sobretodo con los estafadores de Wanadoo), algo tenía que haber aprendido, y que seguro que era más fuerte y espabilado que la última vez.

Hice un par de consultas en Internet, marqué el número, puse el manos libres y el MP3 al lado del teléfono. Después de tres o cuatro minutos de una música que recordaba a la versión de “Somewhere over the Rainbow” de Israel Kamakawiwo, sonó desde el otro lado:

TELE2: “Hola, buenas tardes. Soy XXX, ¿en qué puedo ayudarle?”

Yo: “Hola, buenas tardes. Soy cliente de TELE2. Quiero que sepa que por el Real Decreto 658/2001, estoy obligado a comunicarle que tengo intención de grabar esta conversación“.

TELE2: “Er… er… ¿qué? Un momento”.

La canción parecida a “Somewhere…”. Tres minutos.

TELE2: “¿Oiga?”

Yo: “Sí”.

TELE2: “¿Es usted cliente de TELE2?”.

Yo: “Sí, claro”.

TELE2: “¿Cuál es el motivo de su llamada?”

Yo: “Me ha llegado un cobro, y no estoy nada de acuerdo con el importe”.

TELE2: “Un momento. Por favor. Es que es la primera vez que me graban. Voy a consultar…”

Yo: “Consulte, o póngame con alguien con quien pueda hablar, algún superior, o alguien que acepte que se le grabe la llamada”.

TELE2: “No, no. Yo mismo. Simplemente voy a preguntar…”

La canción (bis). Otros cinco minutos.

Bueno, me llevé media hora negociando con el teleoperador, comprobando datos, la canción parecida a “Somewhere…” una y otra vez. El operador medía muy bien sus palabras, en su voz se notaba tensión. Sabía que le estaba grabando, así que procuraba que no hubiese malentendido alguno. Se resistía a aceptar todo lo que yo le explicaba, se liaba… casi al final de la llamada reconocía que podía haber un error.

Finalmente, el operador me dio toda la razón, y me prometió que nos van a descontar todo lo que no son las llamadas a 902 o a móviles. O eso dicen.

Colgué, y me sentí como Aquiles después de luchar contra los troyanos.

¿Es esto lo que nos espera para siempre? ¿El miedo a ser timados? ¿Infringir miedo a los teleoperadores, que muchas veces no tienen culpa? ¿Es necesario luchar a la hora de reclamar? Desde 1998 a 2008, y ¿nada ha cambiado?

Tengo la voz grave, y cuando me pongo, mi tono de voz suena muy autoritario, calmado y solemne. Sé que esto ayuda, porque lo he comprobado en otras situaciones parecidas. Pero, francamente, si mi abuela tuviera Internet, no me la imagino pagando una cantidad menor que los 93,10 euros de marras.

Puede que haya segunda parte de esta entrada. Al fin y al cabo, a día de hoy no me han devuelto nada, sólo me lo han prometido.

ACTUALIZACIÓN: A día de hoy, 31 de enero de 2008, se me han devuelto sólo 21,04 euros de lo que reclamé. Ante los correos que me habeis enviado, me percato del error, y el Real Decreto 658/2001 es simplemente un documento por el que se aprobó  el Código Deontológico de la Abogacía Española. En este Código, en el artículo 5.4, se dice:

Las conversaciones mantenidas con los clientes, los contrarios o sus abogados, de presencia o por cualquier medio telefónico o telemático, no podrán ser grabadas sin previa advertencia y conformidad de todos los intervinientes y en todo caso quedarán amparadas por el secreto profesional.
No soy licenciado en Derecho ni tengo demasiada idea sobre el tema, así que reconozco mi error y me pongo a vuestra disposición para cualquier información que querais dar sobre esto.

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Ucronía real

Uno de mis géneros favoritos en la literatura y el cine son las distopías, también llamadas ucronías. Son fantasías sobre un mundo paralelo en el que la integridad del ciudadano está totalmente desposeída, hasta el punto de que el gobierno coarta casi al cien por cien la libertad y capacidad de pensamiento del individuo. Ejemplos hay muchos: en literatura, Un Mundo Feliz (Aldous Huxley, 1939), 1984 (George Orwell, 1949), Fahrenheit 451 (Ray Bradbury, 1959), El Hombre en el Castillo (Philip K. Dick, 1962), Los Amantes (Philip José Farmer, 1952); en cine, Brazil (Terry Gilliam, 1985), THX 1138 (George Lucas, 1971), V de Vendetta (2005, James McTeigue).

Hay un país en el que la cotidianeidad está muy cercana a esta recopilación de pesadillas. Este país se llama Corea del Norte.

Leo con estupor que un empresario norcoreano ha sido fusilado ante 150.000 personas (en un estadio deportivo) por hacer 13 llamadas al extranjero.
Voy a escribirlo de nuevo, para que tanto vosotros, como yo, intentemos asimilarlo: Fusilado. Ante 150.000 personas. Por llamar al extranjero.
Corea del Norte es un lugar del que no se sabe prácticamente nada, dado el elevadísimo filtro de información gubernamental para que el mundo desconozca las seguramente horribles condiciones de vida de sus habitantes. En un entorno monoteísta hacia el líder vitalicio del socialismo coreano (bajo el aforismo “Amarás al líder sobre todas las cosas”), el mayor y único objetivo de la persona es servir a la causa de la patria, cúlmen del socialismo en el siglo XXI, como rezan carteles y panfletos. Los ciudadanos creen con fervor que Corea del Sur recapacitará de sus aproximaciones al mundo occidental y se unirá próximamente a ellos, cuando la renta per cápita que separa a ambas naciones es meteórica. Está prohibido tener coche, teléfono, radio… y hacer un viaje sin permiso, y no hay dinero, sólo arroz, hasta el punto de que, por ser el cumpleaños del Líder, a las familias se les regala pollo y muchos mueren de gastroenteritis, por estar acostumbrados al mismo alimento los 365 días del año.
En Pyongyang, la capital, se suceden los rascacielos y hoteles, todos vacíos, esperando a una multitud turista que nunca llegará. Asimismo, el estadio de fútbol con mayor aforo, no es Maracaná ni La Luz. Es el Mayday de Pyongyang, con capacidad para 160.000 personas. Todo para nada, ya que los demás países son “el enemigo”, y una versión demacrada de ellos mismos. Y de noche, no hay luz eléctrica, excepto para los miembros del Partido.

Me dan mucha pena los africanos, sí. Pienso todos los días en el hambre que pasarán, las enfermedades… también los sudamericanos, o los asiáticos. Me dan pena todos. Pero en quienes más pienso, desde que sé de todo esto, es en los norcoreanos. No es que vivan en un mundo distinto al nuestro. Es como si vivieran en una pesadilla en la que, por mucho que se pellizquen o se aguanten la respiración, no pueden despertar.

Acerca de esto:
· Página oficial de Corea del Norte (da miedo, os lo aseguro)
· Mi reseña en LeerGratis sobre Pyongyang, de Guy Delisle, un fabuloso cómic sobre la vida en Corea del Norte
· Pyongyang en la Wikipedia
· Documental de Cuatro sobre Corea del Norte, de Jon Sistiaga (impactante a más no poder)
· Artículo sobre ser cristiano en Corea del Norte
· Vídeo de un desfile del ejército norcoreano (ESCALOFRIANTE)

La noticia en 20Minutos | Daily Mail

Imagen de googlesightseeing.com

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Solsticio de invierno, dice…

“Este año pondremos alumbrado de solsticio de invierno

Lo ha dicho el teniente de alcalde de Sevilla Antonio Rodrigo Torrijos.

Un comentario tan inverosímil como hilarante. Este ignorante que, no lo olvidemos, es el segundo del Señor del Juguetito, es, en cierta medida, como aquellos imbéciles que abogan por un Bautizo civil, una Primera Comunión civil, o una boda por la Iglesia “porque las fotos quedan más bonitas“. Vamos, lo mismo que decir: “Soy ateo y me cago en la Iglesia pero lo cool de ser cristiano me lo apropio”.

Torrijos está tan obsesionado con su realidad ideológico-personal, que se olvida de que lo de verdad se celebra, aún hoy, además de un consumismo exacerbado, es la Navidad, el nacimiento de Jesucristo, tanto para los católicos como para los no creyentes.

Y esto es una verdad como un templo, por mucho que le pese a este amante enfermizo de la bicicleta y seguidor aférrimo de la inconsistencia política.

Estoy deseando ver cómo le llamará a la Semana Santa de 2008. Le doy ideas: Semana Blanca de Marzo/Abril, Fiesta de Primavera (ah, no, que está cogido), Semana de las Cofradías (o Procesiones), Calendas de Abril… vaya comiéndose el coco, señor Torrijos.

Fuentes: 20 Minutos | ABC | Diario de Sevilla

Imagen: pasarlascanutas.com

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Y yo me río…

Dicen que reírse de las desgracias ajenas es de maleducado. Inmoral. Inmaduro. Como lo quieran llamar. Pero yo hoy me río.

· Por la vergüenza ajena.

· Porque hay 60 millones de euros de por medio.

· Porque sólo han pasado 78 horas desde que un montón de borreguitos, por aquello de la novedad, inauguraron el absurdo juguetito.

· Porque el capricho ha servido para recoger votos a tutiplén.

Me río, por no llorar, claro. Jajajajajajajajajajajaja.

- El juguetito, en la Wikipedia

- La noticia, en: ABC | 20 Minutos | Terra | Público | Diario de Sevilla

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