Tres visiones de Solaris

El pasado agosto colaboré con Manuel Mije y Félix Morales, dos grandes promesas de la ciencia-ficción española, en un extenso artículo sobre Solaris, tanto la novela de Stanislaw Lem, como las adaptaciones al cine de Andrej Tarkovski y Steven Soderbergh. Está publicado en el número 4 de la revista digital Generación Zero.

Estamos nominados al IV Premio Internacional de las Editoriales Electrónicas (PIEE) en la categoría de mejor ensayo de 2010. El ganador se anunciará el próximo 1 de mayo de 2011. No lo tenemos fácil, ya que el propio Manuel Mije está nominado por otro artículo en solitario, y los artículos sobre Ballard y Hugo Correa son muy buenos.

Descargar el artículo en PDF | aquí

Lista completa de nominados

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Huevos

Ayer ocurrió algo muy bonito. Mi amigo Juan Gómez-Jurado, escritor de fama internacional, autor de las novelas Espía de Dios, Contrato con Dios y El Emblema del Traidor, puso a disposición de los lectores su primera novela en su cuenta de Twitter.

Gómez-Jurado, que en los últimos meses se ha expresado en favor del cambio al libro electrónico, y con una postura reacia a la Ley Sinde y a la demonización de las descargas, publicó en ALT1040 un artículo controvertido titulado La Piratería no existe.

Poco después, como reacción, recibió una carta del ínclito Alejandro Sanz (ultradefensor de los derechos de autor y que está convencido de que la piratería y el hambre en África están relacionados), donde le instaba a tener huevos de poner su novela gratis.

Su propuesta ha sido ésta:

La respuesta ha sido enorme. En cuestión de horas, a pesar de la crisis, la incertidumbre, se han donado más de 4000 euros a Save The Children (que nos consten, sin contar anónimos), y no me quiero ni imaginar el número de descargas de Espía de Dios. Emocionante, maravilloso.

Descargar ‘Espía de Dios’ | aquí

Donar a Save The Children

Relacionado | Mi entrevista a Juan Gómez-Jurado en Papel en Blanco

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Caballeros, princesas y otras bestias

Imaginemos una conversación al distribuir la excelente película ‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’ (2004, Michel Gondry) en España.

- Jefe, tenemos un peliculón, con buen guión, dirección y con Jim Carrey y Kate Winslet de protagonistas, nada menos.

-¡Ah, Jim Carrey! El otro día vi con mis hijos ‘Mentiroso Compulsivo’. ¡Qué gracioso es ese tío! ¿Cómo se traduce eso? Que yo de inglés…

-Pues podría ser ‘Brillo eterno de una mente sin recuerdos’, o ‘Resplandor eterno’, o ‘mente inmaculada’, o ‘mente sin mancha’… ‘Brillo eterno de la mente sin recuerdos’, sí.

-¡Agh, qué título tan cursi! Así no vendemos.

-Pero, jefe, tiene su sentido, es de un verso de ‘Eloisa a Abelardo’, del poeta Alexander Pope.

-Que no es negociable. A ver, ¿de qué va?

-Pues es de un tío que descubre que su novia ha ido a que le conecten una máquina al cerebro para que le borren sus recuerdos con él, y los malos rollos.

-¡Ah, ya lo tengo! Jim Carrey, olvidar malos recuerdos… ¡Olvídate de mí!

-Jefe, si me lo permite, es un título espantoso. ¡No es una comedia aunque salga Jim Carrey, es un dramón del quince, la película más romántica que he visto en mi vida!

-Bah, la gente se dará cuenta de eso cuando ya haya pagado la entrada.

Esta recreación ficticia viene a cuento porque, cuando hablo de cine con amigos de fuera de España, realmente me da vergüenza recitar los títulos que colocan aquí a las películas. En este contexto, veo el tráiler de lo que parece una simpática comedia ambientada en el medievo, con el director de ‘Superfumados’ y James Franco, Danny McBride y Natalie Portman como protagonistas (atención, por cierto, al hilarante momento ‘with magic, motherfucker‘).

Con evidentes anacronismos y un tono paródico, esta película se llama en su idioma original, ‘Your highness’ (su alteza). Viendo que es un título demasiado serio que podría dar a entender que estamos ante una adaptación de Jane Austen o Henry James, en El Focoforo comenzamos a abrir un gran debate sobre el título que podría tener. Lo mejor de todo es que, a pesar de las risibles sugerencias, nos veíamos con posibilidades de que uno de ellos fuera el resultado final.

  • “Dos cruzados muy fumados”
    “Agárrame esa princesa”
    “El gordo, el guapo y la guerrera”
    “El penúltimo caballero”
    “Dragones y patorras”
    “Reina como puedas”
    “Un yonqui en la corte del rey Arturo”
    “Un principado muy pirado”
    “Un reinado de pelotas”
    “El reino de los celos”
    “Desmadre real”
    “Kingdom Movie”
    “Dragones y fumetas”
    “El Señor de los Porrillos”
    “Hechiza como puedas”
    “Movida total en el reino medieval”
    “El Príncipe de los mamones”
    “Fabius y Thadeus:¡desmadre en la Tierra Media!”
    “La corte del Rey Canuto”
    “Dos tontos muy tontos (y un dragón)”
    “Colega, dónde está mi corcel”.

Hace poco, hemos sido informados de la decisión de la distribuidora: ‘Caballeros, princesas y otras bestias‘. No hemos acertado, pero ¡y lo bien que lo hemos pasado!

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Balance

Son las 14.41 y este blog, Esperanza y Constancia, va por las 920 visitas en las últimas 12 horas. No es mala cifra para un blog personal. Sin embargo, y lo comprendo, Esperanza y Constancia parece tener señales inequívocas de que está en un mal momento.

Miro este año 2010 que ha terminado, y sólo he escrito 16 posts en todo el año. Para un lugar en el que yo pretendía escribir con regularidad para mantenerme en forma, es a todas luces una mala cifra. Para analizar esto, no me he dado cuenta por mí mismo. Recientemente, han sido varios los amigos y conocidos que me han preguntado: ¿y tu blog? ¿Sigue? Yo hace un año que no me meto. Y es lógico. Si uno entra aquí, y mira la fecha del último post, lo más seguro es que haga más de dos semanas desde la última actualización.

También lo veo en los comentarios. Algunos posts que escribí, generaban debates, conversaciones. Ahora el formato ha cambiado. Muchos hablaban, en 2007, de la inminente muerte de los blogs. No sé si eso ha ocurrido ya, pero hemos pasado de comentar en un blog, a hacer clic en me gusta. Antes recomendábamos posts de blogs que merecen la pena, ahora hacemos RT en Twitter y enviamos canciones a la bandeja de entrada en Spotify. No es mejor ni peor; es cambio.

Admito mi parte de culpa. Este año he hecho una vida más analógica. He preferido escribir en Moleskines que delante de una pantalla. He terminado dos novelas para que, si Dios quiere, se publiquen en papel dentro de no demasiado. Mi próximo libro, en el que he participado junto al colectivo Sevilla Escribe, saldrá en marzo de este año. He pasado del 2.0 al 1.0, y eso lo noto.

Y sin embargo, echo la vista atrás, con tantas pequeñas notas sobre literatura, cine, música, deportes, actualidad, tecnología, y vida diaria, y no veo motivo para dejar morir Esperanza y Constancia. Mientras tenga estas dos, y WordPress me dé hosting, seguiré reflexionando en este blog, anunciando cosas, iluminando mi pequeño rincón donde, desde que empecé, tanto he logrado.

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La copa del meado

Hemos ganado la copa del meado, y los que han perdido, se la han bebido.

Recuerdo cada nota de este cántico anónimo que en mi colegio utilizábamos cada vez que ganábamos un partido de fútbol en el recreo. Me encantaba esa ironía, hacer mención a que ese partido no tenía ninguna trascendencia, pero que teníamos todo el derecho del mundo a celebrarlo.

Ahora, y quizás por eso de que la literatura posiblemente “no sirve para nada” y que quizás los escritores somos unos masoquistas obsesionados con una quimera, un concurso literario no puede tener mejor título que la copa del meado.

Competimos:

· Juan José Fernández Cerero, poeta, autor de ‘Oro’ y célebre twittero. Es el claro favorito de este torneo, digan lo que digan.

· Jesús Rodríguez, periodista de los de verdad. Se le puede ver en El Correo de Andalucía y miembro activo de Sin Futuro y sin un Duro.

· Pablo Buentes, también poeta, también periodista, tiene mi simpatía eterna por ser fan de Mike Oldfield y Blade Runner.

· y yo, con ánimo de divertirme, mantenerme en forma escribiendo y por qué no, intentar ganar.

El tema de la semana anterior ha sido el último café, y el nivel ha sido altísimo. La semana que viene, promete, el tema será: primer día en una ciudad nueva. El domingo saldrán los textos (que pueden ser poemas, relatos, microrrelatos…)

Están invitados a leer, votar y comentar.

Enlace | La copa del meado

Página en Facebook | La copa del meado

Mi último café | Leer

PD: ¡Felices fiestas a todos!

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Ucronías en vivo y en directo

Nos hemos dado cuenta de que un puñado de controladores aéreos pueden manejar el destino de cientos de miles de personas. Sin pararnos a pensar en la increíble dependencia que antes nos era quizás desconocida, vamos rápidamente a un diario deportivo para ver si esto influirá en la decisión del F. C. Barcelona de jugar o no la próxima jornada de liga.

También sabemos ahora que un australiano llamado Julian Assange (a quien ya denominan “el Jesucristo del siglo XXI”), fundador del sitio web Wikileaks, tiene en su haber secretos tan importantes que Wikileaks es una patata caliente que nadie quiere alojar (Amazon y EveryDNS se han acobardado, y ya hasta Paypal rechaza la mediación en las donaciones).

Un asistente del primer ministro de Canadá ha declarado a la BBC que le quiere muerto. Es el enemigo número uno de Estados Unidos; Australia le niega su pasaporte, Suecia el asilo, y la Interpol le busca por un presunto y posiblemente hiperbólico delito sexual. Assange ha declarado que si algo le ocurriera, lo desvelará todo. De momento, está subiendo los documentos a cuentagotas, y cada uno es más corrosivo que el anterior. ¿En qué nos influye? Como dice el abogado David Bravo en su twitter, “piensa mal y en Wikileaks te lo confirmarán”. Ahora sabemos que la democracia está muerta y probablemente nunca existió, la censura y la dictadura son elementos subterráneos que jamás han decaído en países que defienden precisamente la libertad de cara a la galería. Una parte importantísima de la humanidad no tiene acceso hoy al agua potable, y asistimos, mediante estos documentos, a la constatación oficial de que la corrupción nos es inherente.

Me encantaría pensar que Julian Assange va a cambiar el mundo para siempre, pero mucho me temo que dentro de poco saldrá en los medios de comunicación que “no soportaba más la situación, y se ha suicidado con pastillas”, o que ha “sufrido un doloroso accidente”. Al tiempo.

En España, en concreto, por si no fuera suficiente con una tasa de paro tan alarmante que sólo un milagro la hará bajar en picado en un plazo razonable, vamos entrando en una guerra fría con Marruecos que no parece tener una solución trivial.

Ante esto, asisto perplejo a un seguir adelante como si nada que me parece cuanto menos atrevido. En Sevilla, mi ciudad, la multitud llega a FNAC y el Corte Inglés para comprar las últimas novedades tecnológicas para el ocio pensando en el inminente periodo navideño, los bares y cafeterías están llenos, el tráfico insoportable y los que no están aquí, se han ido de puente.

¿Y por qué digo todo esto? Porque quizás seamos unos ingenuos al pensar que una ucronía es ’1984′, de George Orwell, ‘Brazil’ de Terry Gilliam, ‘Un mundo feliz’ de Aldous Huxley, ‘Nosotros’ de Zamiatin o ‘El hombre en el castillo’ de Philip K. Dick. Que una ucronía se limita a lo especulativo y lo artístico, a lo ficticio.

Estamos viviendo una ucronía, y lo peor de todo es que quizás ni nos demos cuenta.

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Yo pasé la gripe A

Ha pasado más de un año y ahora puedo contarlo.

Era octubre de 2009, y estaba en un mediocre hotel de San Ġiljan, en la isla de Malta. Me encontraba disfrutando de una beca del ministerio de Educación, de estas para aprender inglés.

Una mañana me levanté, y me di cuenta de que apenas tenía fuerzas para hacerlo. Tosí un par de veces y supe que esa tos no era común. Era una tos pesada y lenta. Me dolía la cabeza, la espalda, los hombros, las piernas. El mero hecho de estar dentro de ese cuerpo me molestaba, como si hubieran pegado una paliza.

Como a esas alturas medio hotel estaba en esa situación, cogí el portátil de Arturo, mi gran compañero de viaje, y empecé a buscar en Internet los síntomas de la gripe A, una variante de la gripe de toda la vida con la que los medios de comunicación nos estaban bombardeando, acerca de una epidemia que podría provocar millones de muertos.

Comprobé con cierto temor que cumplía todos y cada uno de los síntomas que aparecían en esa página web de prevención.

Fui a una farmacia cercana, y vi que el Tamiflu, que parecía ser el medicamento estándar, valía unos 30 euros, y me negué a comprarlo. A cambio, me automediqué con Nolotil, Ibuprofeno, y todo aquello que había llevado entre mis cosas.

Pasé dos días malos, en los que a pesar de que la temperatura ambiente no bajaba de los veinte grados, tenía que permanecer acostado en la cama, bajo una manta, y aproveché para ver ‘Moon’, el último capítulo de ‘House’, y otras formas aceptables de matar el tiempo. Cuando ya me encontré un poco mejor, lavé y planché algunas prendas de ropa, leí un poco de ‘Entre limones’ de Chris Stewart, escuché música, y vi algunos vídeos en Youtube.

Deseé con todas mis fuerzas que el simple transcurrir de las horas traería una mejora paulatina. No quería decirle a nadie que tenía la gripe A. No quería alertar a mis padres. Me informé de que si iba a un hospital maltés y se enteraban de que tenía la gripe A, podían impedir mi vuelta a España en el día en el que tenía comprado el billete de regreso. La paranoia en Malta respecto a ella era tremenda. Carteles por todas partes. Gel higienizante para las manos en el hall de los hoteles, en los bares, en los pubs, en cada aula de la academia.

Dos días después, estaba como nuevo. Sólo había faltado a un par de clases de la academia, así que ello no iba a traer consecuencias serias. Pero no lo voy a negar. Por un lado, estaba muy aliviado de que aquello no había sido nada. Algo que había padecido otras muchas veces en mi vida. Por el otro, estaba muy enfadado al saber por mí mismo que vivo en un mundo que se rige por el miedo. Dicen que podemos morir con la gripe A y nos lo creemos. Nos ofrecen cualquier información y la asimilamos sin plantearnos su origen, su leit-motiv.

Varios conocidos míos, fueron retenidos en México en la misma fecha en la que yo estuve en Malta, por si habían traído la gripe A. Recuerdo las reacciones de las personas de mi entorno cuando hablaban de la gripe A. En sus palabras, en sus caras, había pavor, incertidumbre, impotencia. Yo prefería recordar otros apocalipsis anteriores: la gripe aviar, las abejas, las vacas locas, la neumonía asiática.

Ahora, sí, puedo decirlo: yo pasé la gripe A, y sobreviví a ella, como sobrevivo a un catarro cada año. Así que exijo mi derecho a ser escéptico, a no asumir las cosas de primeras, mi derecho a dudar.

Escena de ‘Network’ (1976), profético film de Sidney Lumet, y por cierto, una de mis películas preferidas.

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