
Este momento ha llegado. Algunos llevábamos años esperándolo.
Es Spotify, aquello de lo que todo el mundo está hablando. Sobretodo en Twitter.
Seré breve.
Spotify permite:
- Oír canciones de tus artistas preferidos, y hacer playlists por género, artista, álbum o lo que te venga en gana.
- Oír las canciones en el orden que prefieras, pudiendo retroceder y avanzar a gusto en una misma pista.
Virtudes de Spotify sobre otros servicios similares (como Last.fm o Blip.fm):
- El servicio de radio es sólo opcional. Puedes escuchar lo que quieras en cualquier momento, sin tener que pasar por artistas supuestamente parecidos a aquel que tanto te chifla.
- Convierte las canciones y las playlists personalizadas en URLs, para ser abiertas por cualquier usuario de Spotify.
- La velocidad a la que se reproducen es casi milagrosa. Es difícil de creer que las canciones se descarguen de Internet antes de ser escuchadas.
- Su buscador, y su consecuente lista de resultados, que permite ordenar por título, álbum, artista, popularidad.
Defectos:
- Que no apueste demasiado por artistas no tan conocidos. Busqué el estupendo grupo nórdico Majorstuen, y lo que me encontré fue con: “Did you mean majorettes?”
- Algunos artistas están totalmente vetados por este servicio. En el momento en que escribo esto, me ha sido imposible encontrar nada de Peter Gabriel o de Pink Floyd.
Estudiantes en exámenes, seres encerrados en oficinas, Spotify es para vosotros. Ha llegado ese momento en el que no hace falta bajarse la música para ser escuchada una y otra vez, a nuestro antojo.
Y por eso regalo las 7 invitaciones que me quedan a los 7 primeros comentarios de este post.
Ejemplos: el tema ‘Opus 4‘ de Art of Noise, o una lista personalizada con las mejores canciones de mi adorada Kate Bush.